Historias del fútbol privatizado en la Argentina

Carlos Riedel22 julio, 2024

Por Daniel Guiñazú... El embate actual de las SAD, de la mano de Milei, obliga a recordar para no repetir. Desde los gerenciamientos desastrosos de Racing, Argentinos, Belgrano y Talleres hasta las desapariciones de Mandiyú y Loma Negra. Defensa y Justicia, la excepción.

"Perdimo', Mauricio", le espetó un irónico Julio Grondona a un apenado Mauricio Macri la noche del 20 de julio de 1998 en el predio de la AFA en Ezeiza. Esa noche, el Comité Ejecutivo de la casa madre del fútbol argentino rechazó por 24 votos a 1 el proyecto que el por entonces presidente de Boca había presentado para modificar el estatuto y que se le diera un marco legal a la conversión de los clubes en sociedades anónimas deportivas. Viejo zorro de la política, Grondona jugó a dos puntas: públicamente dijo apoyar la idea macrista. Pero por lo bajo, militó para que se la rechacen. Después de varias reuniones reservadas con los dirigentes en su estación de servicio de Crucecita, en Avellaneda, consiguió su objetivo. Como casi siempre.

Hasta la del viernes pasado, esa fue la penúltima vez en que la AFA se expidió en contra de las SAD. Aquella ocasión Macri había sido el impulsor. Ahora, desde la Presidencia de la Nación, es Javier Milei, también con el respaldo de Macri, quien empuja el ingreso de los capitales privados a las asociaciones civiles sin fines de lucro que son el formato institucional que asumieron los clubes de fútbol desde que empezaron a fundarse a fines del siglo 19. El recorrido histórico es contundente: casi ninguna de las experiencias previas de privatización y/o gerenciamiento terminó bien. Con los clubes más ricos y más fuertes que antes, con mejores jugadores e infraestructura. Acaso porque el éxito o el fracaso de los inversores, más que por su idoneidad o visión empresarial, se midió por una variante imprevisible: la pelota que entra o la pelota que sale. O dependió de los giros de la política.

Mandiyú desapareció

El caso del equipo correntino prueba hasta qué extremo de degradación puede caer un club cuando se lo conduce con fondos privados, pero de manera descontrolada, inescrupulosa e irresponsable. El dueño de la hilandería correntina "Tipoiti", Eduardo Seferian, perdía en 1991 70.000 dolares mensuales para mantener a su equipo en la Primera División a la que había llegado en la temporada 1987/88. Para enjugar el saldo en rojo, Seferian encontró a un inversor que llegó con fondos frescos de origen político: Roberto Cruz, un diputado nacional por el menemismo y director del Ceamse, arrancó a lo grande. Contrató a Diego Maradona como director técnico en 1994 y a Sergio Goycochea como su arquero titular, además de varios jugadores uruguayos y paraguayos.

Los desaguisados económicos y administrativos de Cruz y las malas campañas hundieron a Mandiyú que, sobrepasado de deudas, se fue al descenso en la temporada 1994/95. El club ni siquiera pudo volver a la B Nacional: bajó a la Liga correntina pero tampoco jugó ahí y estuvo 15 años inactivo hasta que volvió bajo la denominación de Club Social y Deportivo Textil Mandiyú, alejado totalmente de aquellos esplendores.

Racing y Blanquiceleste

El documental recientemente subido a Youtube por el Departamento de Cultura e Historia de Racing reseña una etapa convulsionada que duró siete años y medio (del 29 de diciembre de 2000 al 7 de julio de 2008) y que, bajo la conducción de Fernando Marín, le dio al club su primer título local en 35 años (el Apertura 2001). Pero que con Fernando De Tomaso al frente terminó en una crisis acaso peor que la que el club tenía cuando fue a la quiebra en 1999.

El gerenciamiento de Marín prometió dejar en cero los balances académicos en un plazo de diez años. Pero el desmantelamiento poco transparente de los planteles, un festival de cheques rebotados, sueldos impagos y pedidos de quiebra, la paralización de casi todas las actividades del club y las muy malas campañas futbolísticas que pusieron al equipo al filo de un nuevo descenso determinaron que el órgano fiduciario que llevaba adelante la quiebra decretada en 1999 rescindiera el contrato de gerenciamiento y ordenara la normalización institucional de Racing después de diez años de calvario.

El fútbol de Amalita

En 1981, Amalia Lacroze de Fortabat, la legendaria dueña de Loma Negra, la mayor empresa cementera del país, tuvo un antojo e invirtió un millón de dólares para convertir el club de los empleados de su fábrica de Olavarría en un equipo de Primera División. Cuando se clasificó para el Nacional de 1981 trajo un plantel de jugadores consagrados (Félix Lorenzo Orte, Mario Husillos y Pedro Remigio Magallanes compartían la delantera) que a punto estuvo de eliminar a River en su zona y llegar a la final del campeonato.

En 1982 Amalita le pagó 50 mil dólares a la Selección de la Unión Soviética que se preparaba para el Mundial de España para jugar un amistoso que se televisó por Canal 11 y Loma Negra ganó 1 a 0. En 1983, Racing lo eliminó en los octavos de final de otro torneo Nacional. Y no hubo más: cuando le dijeron que Grondona no estaba dispuesto a afiliar a su club directamente a la AFA, la viuda de Alfredo Fortabat suspendió su inversión, despidió a todos los jugadores y Loma Negra volvió a ser lo que es: el club de una fábrica, no más que eso.

Expediente Defensa

Fundado el 20 de marzo de 1935 por una docena de amigos del centro de Florencio Varela, Defensa y Justicia se afilió a la AFA en 1978. Los tres primeros campeonatos de Primera D los jugó con su camiseta tradicional, roja y blanca con bastones verticales. Pero en 1981 se produjo la gran explosión: la empresa de transportes El Halcón tomó el control del fútbol y, además de afrontar los gastos, le cambió los colores al club y del rojo y blanco pasó al verde y amarillo que lo caracteriza hasta ahora. Y aportó decenas de micros para llevar a sus hinchas a todas las canchas de la división mas pequeña.

Así, pasó de movilizar no más de 100 personas por partido a desbordar los escenarios de la "D" con una convocatoria de 5.000 personas cada sábado. La incidencia de la empresa El Halcón (que le legó hasta el apodo al club) fue tan beneficiosa que Defensa ascendió tres categorías en cinco años y en 1986 llegó a la entonces Primera B Nacional, siempre con un arrastre masivo. En Primera desde la temporada 2013/2014 y último ganador de un título continental para el fútbol argentino (Recopa Sudamericana 2020), Defensa es una de los instituciones que bajo ese formato, encontró la manera de sostener su fútbol con inversiones privadas: el empresario Cristian Bragarnik (dueño del menos afortunado Elche de España) es uno de sus principales financistas.

El sueño del club propio

Mauricio Macri siempre tuvo a Boca como una obsesión personal. En 1988 pagó de su bolsillo la compra de Walter Perazzo a San Lorenzo y en 1993 apuntó a adquirir el estadio de Deportivo Español y a ampliarlo para trasladar allí la localía boquense para cuando llegara a ser presidente. Cuando se dio cuenta de que el proyecto era irrealizable porque ningún socio se lo votaría, subió la apuesta: directamente propuso comprar el club en 15 millones de dólares y trasladarlo a Mar del Plata, para hacerlo jugar bajo el nombre de Deportivo Mar del Plata.

El 20 de julio de ese año, los socios españolistas se negaron a entregarle el club a Macri que cinco años después y ya al mando de Boca, ejecutó su fría venganza y mandó a Español a la quiebra.

Argentinos fue de Torneos

En 1993, Carlos Ávila, el dueño de Torneos y Competencias, tuvo otra idea: tomó a su cargo el gerenciamiento del fútbol de Argentinos Juniors. Y lo primero que se le ocurrió, además de invertir una fortuna para renovar el plantel, fue mudar la localía a Mendoza en la inteligencia de que los hinchas de esa provincia, que por entonces no tenían representativo en Primera División, irían a ver al equipo que siempre estuvo en La Paternal. Pero nada salió como previó el zar del fútbol televisado.

El proyecto fracasó en toda la línea. Argentinos figuró 11º en el torneo Apertura '93 y 13º en el Clausura '94, no dio resultado ninguna de las costosas incorporaciones (el arquero colombiano Faryd Mondragón, el chileno jaime Pizarro, el paraguayo Roberto Acuña y Norberto Ortega Sánchez fueron las más notables) y el público mendocino le dio la espalda al equipo que, a finales de la temporada, volvió a jugar como local en cancha de Ferro.

En Córdoba pasó de todo

Mientras aún en sus peores crisis Instituto siempre mantuvo su formato institucional, Belgrano y Talleres atravesaron en la primera década de este siglo gerenciamientos muy negativos. Belgrano quebró el 18 de septiembre de 2001 por una deuda de 24 millones de pesos, descendió en 2002 y la firma Córdoba Celeste, con el empresario Norberto Castaños como figura visible, asumió sólo porque la jueza del concurso le dijo a Castaños: "O se hacen cargo o cierro el club".

El grupo de Castaños debió irse en 2005, abrumado por los fracasos deportivos pero con los números de la economía un poco mejor acomodados. Y llegó en su lugar el empresario perfumista y de medios Armando Pérez, que compró el 70 por ciento de la firma y condujo un proceso que coronó dos ascensos (2006 ante Olimpo en Bahía Blanca y 2011 ante River en el Monumental), la compra del predio para los entrenamientos y su llegada a la presidencia del club una vez normalizado.

Lo de Talleres fue mucho peor. De la mano del empresario Carlos Quieto, un contratista que compraba jugadores para América de Cali, Carlos Granero desembarcó en 1996 como representante de Ricardo Gareca y en 2004 formó la empresa Ateliers para gerenciar el fútbol albiazul. Pero por las malas decisiones deportivas y los desmanejos en el semillero, en 2008 Granero vendió Ateliers en dos millones de pesos al turbio empresario cordobés-mexicano Carlos Ahumada Kurtz, que ya acumulaba pasos en falso en los clubes mexicanos Santos Laguna y León y en la temporada 2008/2009 terminó mandando a Talleres al Argentino A. De allí pudo salir, luego de subir un año y bajar al otro, recién con la llegada del grupo Pachuca de México, representado por Andrés Fassi, que asumió la presidencia en 2014 y con un formato empresarial devolvió a Talleres a la máxima categoría dos años más tarde.

Los mecenas

En 1985, en los albores de la gestión de Antonio Alegre y Carlos Heller en Boca, la empresa Puma internacional que afirmaba manejar inversiones del cantante venezolano José Luis "Puma" Rodríguez arrimó a Boca a Alfredo Graciani, Ramón Centurión y Rubén Darío Gómez. En 1992, Diego Maradona aportó dos millones de dólares para contratar al centrodelantero brasileño Charles, uno de los fiascos más grandes de la historia boquense; ese mismo año, Alejandro Romay colaboró para repatriar a Alberto Márcico a cambio de la televisación de cuatro partidos y en 1994, Eduardo Eurnekian desde el canal América, le bancó a Boca las contrataciones estelares de Maradona y Caniggia.

También en 1992, Alfredo Yabrán respondió a un llamado del presidente Juan Destéfano y pagó el pase de Fernando Quiroz a Racing sin haber pedido nunca que le reintegren el dinero. Y mucho mas acá en el tiempo, Marcelo Tinelli, que había tenido una muy mala experiencia como dueño del Badajoz de España, solventó gran parte de los contratos y de la campaña que llevó a San Lorenzo a ganar su única Copa Libertadores en 2014.