Por Jorge Collado... Entrar en la Biblioteca Popular José Ingenieros, siempre es agradable para mí, encierra los recuerdos de la lectura adolescente, rabiosa y casi clandestina. Recuerdos del altillo, donde nos juntábamos algunos adolescentes que nos creíamos iluminados por leer a Carlos Marx con la supervisión del pelado Luis Caglierotti. Y después los recuerdos del tiempo que me toco dirigirla, ya más reciente y no menos entrañable.

Pero este domingo pasado había algunos motivos más, la presentación de un libro sobre Enrique Giesch, a quien no conocí más que por las referencias que hacía Caglierotti, y por la insistencia de mi amigo Luis Mattini, quien lo considera su maestro y a quien nombra siempre que la ocasión lo permite, con devoción y con honra.
Así me toco conocer a ese viejo alemán renegado y espartaquista. Siempre pensé que él era el responsable de que los formados en el marxismo en la José Ingenieros, fuéramos críticos de las estructuras burocráticas, y enemigos acérrimos de las superestructuras. Para decirlo en términos menos Altusseanos y más actuales, críticos a los poderes establecidos y enemigos de los poderes fácticos.
Entonces ir a la presentación de un libro que rescate algunos pocos pero extraordinarios textos de Giesch, compilados exquisitamente por Pablo Gallardo; que además recibe el nombre de “El Profeta Rojo”, con la sentencia del determinismo dialectico, (agreguemos en estas épocas); es aire fresco para estos pulmones golpeados por la tristeza de ver cada día más hambre en nuestro pueblo. Entonces el texto sobre la desnutrición infantil en Santiago del Estero, escrito por Giesch en 1937, es necesariamente profético. Y cada uno de esos textos compilados, si actualizaramos mínimamente algunos términos, hablarían de nuestra actualidad.
Por ejemplo, por cuestiones de época siempre se hablaba del proletariado, del obrero, del trabajador. Lamentablemente el capitalismo ha logrado que el concepto de plusvalía que tanto nos gustaba utilizar como bandera del descarado robo u apropiación del capital, hoy ni siquiera es necesaria para la explotación del hombre, hoy el capital desprecia el trabajo y los proletarios de antes son los desocupados, los hambreados, los exiliados del sistema de hoy en día.
Lo curioso es que los que sí son víctimas de la plusvalía, es decir aquellos que tienen la posibilidad de trabajar, que acceden a todos los logros que las luchas de los trabajadores han conseguido, han perdido su conciencia de clase y aborrecen que el estado se haga cargo de los caídos del sistema, porque sienten que se los mantiene con el dinero que pagan por sus impuestos.
Enrique Giesch, nos despierta una vez más proféticamente con estos textos.
Agradezco el trabajo de Pablo Gallardo por rescatar al “Profeta Rojo”, me gustó que en la presentación estuviera Luis Mattini, porque es siempre agradable darle un abrazo y siempre nos ilumina con “la pluma, con la espada o la palabra” (perdón por si alguien recuerda a alguno digno de olvidar).
Es Giesch quien lo despierta a Luis, casi sartreanamente invitándolo a pasar de la palabra a la acción. “La acción es la única Esperanza”, nos decía Sartre y seguramente con esa misma y filosófica idea, el alemán nos despierta hoy desde sus rescatados textos.
También encontré en el auditorio a Raúl Amado que supo seguir la bandera del Che espartaquista y fue grato abrazarlo sabiendo que se abraza a un compañero.
