Por Lucio Vellucci (Presidente de la Biblioteca)... El 7 de julio del año 1933, el diario “La tarde” publicaba: “un grupo de ciudadanos obreros en su mayoría, deseando ofrecer un nuevo centro de cultura donde el pueblo trabajador pueda encontrar los medios de ilustración que le niegan los actuales poderes públicos al clausurar las escuelas nocturnas, ha resuelto fundar una nueva biblioteca que, bajo la denominación de “José Ingenieros”, quedará instalada en el local de Ameghino 944”.
En sus ochenta y dos años de vida la Biblioteca ha soportado, por ejemplo, los años de la imposición del silencio de las dictaduras. Algunos socios comprometidos con la Biblioteca han sido torturados, exiliados y desaparecidos. Ha sufrido atentados, como la explosión de una bomba en el año 1974 en la sala central, cuyas esquirlas hoy gravadas en las paredes nos grafican épocas de violencia en que el poder ha intentado censurar el derecho a la libertad de pensamiento.
Como diría José María Iglesias, en su emotivo trabajo fílmico-documental sobre la Biblioteca, “era el aviso definitivo de quienes veían en la cultura un peligro social. Los hombres mediocres, y la locura simulada, ocuparían ya todos los espacios”.
También las consecuencias del sistema neoliberal implementado en las últimas décadas del siglo pasado en nuestro país han repercutido de manera perjudicial a la Biblioteca.
Esto es así porque, principalmente, el neoliberalismo va en detrimento de los intereses de las clases populares y en favor de las clases dominantes que, en su afán de angurria egoísta de acumulación de la riqueza, producen en el orden de la cultura el imperio del individualismo y el embrutecimiento espiritual al instalarse como hegemónica la idea de la competencia de todos contra todos, destejiendo los lazos de confraternidad humana.
En el orden económico, la sumisión en la pobreza de crecientes sectores de la población, son el resultado de una fiesta para pocos que solapa las injusticias sufridas por los rezagados de la historia, quienes no reciben los beneficios del endeudamiento externo y de las políticas de ajuste, sino las consecuencias del desmantelamiento de lo público, de las privatizaciones de los recursos naturales y las industrias esenciales para garantizar a esas mayorías la construcción de un modo de vida digno y humano.
En esos tiempos difíciles, oímos el eco de otra publicación de un diario local ‘La voz del pueblo’, que un 15 de julio del año 1933, comunicaba que “con el noble propósito de elevar la educación cultural del pueblo, en estos momentos más necesarios que nunca, un núcleo de ciudadanos acaba de construir en nuestra ciudad una nueva biblioteca popular que llevará el nombre de ‘José Ingenieros’”.
Las políticas neoliberales han implicado otros “en estos momentos más necesarios que nunca”. La cultura se pretende desde los poderes dominantes mero entretenimiento y así, las instituciones populares surgidas para la elevación del espíritu humano, son un obstáculo que las leyes del mercado se encargarán de debilitar.
El neoliberalismo ha dejado una seria crisis a la Biblioteca: imposibilidad de afrontar sus obligaciones económicas, lo que genera otro tipo de irregularidades en el orden administrativo y jurídico, dificultades para pagar salarios a las bibliotecarias y gastos cotidianos.
El Estado ausente en la vida social permite que los intereses mezquinos del capitalismo asfixien instituciones populares nacidas con un ideal mucho más digno que el mero incremento de la ganancia privada.
El Estado presente, por otro lado, reconoce la importancia de estas instituciones dedicadas a la cultura y su esencial función en la comunidad. No les resultó nada fácil a las comisiones directivas precedentes que la Biblioteca pudiera salir de momentos verdaderamente críticos. Les ha costado mucho esfuerzo de reparación sobre las consecuencias de ese sistema perverso que en su proyecto de sociedad, se ha encontrado hoy y siempre en las antípodas de los ideales que encarna esta Biblioteca.


