Raúl Sciarretta, Arnold Kremer y Raúl García.

Carlos Riedel28 diciembre, 2012

"Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles." Bertolt Brecht.

(Revista Punto Z )

Si uno pudiera pensar cual es el intelectual más importante que dio nuestra ciudad, necesariamente tendríamos que pensar en algunos nombres y la lista no sería muy extensa.

De los que he conocido y tratado podría rescatar tres pensadores creativos, que supieron tomar el conocimiento y crear a partir del saber de otros.

El maestro Raúl Sciarretta, el hacedor Arnold Kremer y el genio Raúl García. Fueron -es, en el caso de Kremer- hombres comprometidos con lo que les tocó vivir. Enormes estudiosos, por el solo gusto de estudiar, y el deseo puesto en lograr cambios favorables para un mejor vivir en un mundo más equitativo y justo.

Así plantados, tuvieron la plasticidad suficiente para adaptar su pensamiento al porvenir; y guiados por una ética rigurosa, ninguno de los tres se interesó por La Academia, ni los académicos.

Para comenzar con la trilogía diría que Raúl Sciarretta ha sido pensador y formador de intelectualidad.

Sciarretta salió de este pueblo, de las mesas del café de Mimo y de las inquietas charlas en la Biblioteca Popular José Ingenieros, pero se fue a buscar en las luces de Buenos Aires el saber de la filosofía.

Tuve la suerte de conocerlo a fines de los años 80, ya había ido preso por marxista y había elegido no exiliarse en el 76. Nadie que yo hubiera escuchado antes podía transmitir con mayor conocimiento y pasión a Hegel, a Marx, a Freud, a Althusser o a Lacan.

Un gran número de psicoanalistas nos formamos en el saber de Lacan con él. El mismísimo Oscar Masotta, a quien se le adjudica falsamente introducir las ideas de Lacan en el Río de la Plata, estudió con Sciarretta, al igual que otros psicoanalistas de renombre como fueron Roberto Harari o Sergio Rodríguez que pasaron por sus aulas.

Y fue también Raúl Sciarretta quien acompañó al movimiento de psicoanalistas que rompe con el pensamiento hegemónico de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

Preocupado por la fusión de los pensamientos en los que yo me había formado, tanto en el marxismo leído a espaldas de nuestros padres, allá en una adolescencia rodeada por los libros de la "José Ingenieros"; como en el conocimiento académico del psicoanálisis de Freud a través de los estudios sistemáticos de la Universidad de Buenos Aires.

Suponía yo, como muchos, y no sin ilusión, que la posible confluencia de ambas perspectivas podía lograrse mediante una práctica "psi" resolutiva y terapéutica. Y, como tantos otros, suponía también que el "freudomarxismo" constituía la vía cierta para dar con la síntesis integradora. Esto es: una terapéutica capaz de dar cabida a la posición del psicoanalista como un "agente de cambio".

En ese contexto, un amigo me sugiere, formar un grupo de estudios que nos permitiera trabajar sobre la temática del "freudomarxismo".

En honor a la verdad no sólo era este tema el que me preocupaba. Sí era una problemática que me atraía tanto como la investigación en la medicina psicosomática, en la neuropsicología o en la obra de Lacan. Entonces surge el nombre de Sciarretta. No sabía yo que Raúl había nacido en Zárate. A pesar del poco tiempo que lo frecuenté, su relación me fue dando pistas sobre el desarrollo de una cierta intelectualidad en Zárate durante los años 50.

Sciarretta, era un ser raro, un hombre pequeño, caballero y amable. Vivía solo en un departamento de la calle Cangallo rodeado por una cantidad de libros como yo jamás había visto en una casa.

Los libros cubrían no sólo todas las paredes, sino que apenas dejaban espacio en el baño. Alguna vez tomé al azar un libro de su biblioteca, era Justine de Laurence Durrell, entonces él me hizo una síntesis de la novela y de las otras tres novelas que forman el cuarteto de Alejandría. Asombrado pensé: cómo un hombre puede leer tantos libros y recordar tan sistemáticamente tantos contenidos.

Sciarretta me dejó la defensa del marxismo de Marx y su crítica a la posición de utilizar algunos conceptos del psicoanálisis para analizar fenómenos sociales.

Quiero decir que los corpus teóricos del marxismo y del psicoanálisis ofrecen la tentación de utilizarlos para interpretar todos los fenómenos humanos. Caídos en esa tentación tenemos siempre el riesgo, al decir de Freud, de hacer marxismo o psicoanálisis silvestre.

Es decir que los fenómenos "psi", se leen con el parámetro psicoanalítico y los fenómenos sociales desde el materialismo dialéctico.

Raúl Sciarreta fue nuestro Aristóteles ya que su letra escrita casi no existe, sólo hay un libro publicado que se llama "Escritos provisorios" y que apareció en el año 2000 luego de su muerte. Alguna vez supe gastarle una broma interpretativa que supo disfrutar con gracia, le pregunté: "¿Cómo es que en el seno de una familia de imprenteros haya nacido un fóbico a ver su pensamiento en letras de molde?" Dio para que en varias clases hiciera referencia a eso que llamó "mi interpretación".

Raúl Sciarretta falleció, el 23 de agosto de 1999 y tendría unos 80 años.

El segundo Intelectual zarateño que quiero rescatar, por quien tuve una admiración adolescente en los ‘70, lo conocía más por lo que se hablaba sobre él, -simplemente porque sólo lo había visto una vez en la "José Ingenieros" - que lo que el hombre era en sí, es Arnold Kremer Balugano o Luís Mattini (seudónimo, este último, con el que firma sus libros y con el cual rubricó su militancia revolucionaria).

Nacido en nuestra ciudad en 1941, militante sindical, formado en el marxismo de Rosa de Luxemburgo, influenciado por el alemán Hirsh, Kremer es la filosofía de la praxis.

Es el intelectual y militante que asume el compromiso de la acción revolucionaria y no deja de ser un estudioso y teórico de su propio accionar y del accionar revolucionario de los ´70.

Tiene publicados varios libros: Hombres y mujeres del PRT, ERP, La política como subversión, El Encantamiento Político, Los Perros, Memorias de un combatiente revolucionario, Los Perros II, Cartas profanas - Correspondencia Santucho Gombrowicz y su última novela El secreto de Lisboa.

Además de innumerables artículos periodísticos y teóricos publicados en distintos medios de la Argentina y del mundo.

Ya en estos tiempos, he mantenido algunas pocas charlas con él, alguna pública haciéndole una entrevista y otras dos privadas.

Soy un lector de su obra y un admirador de su valentía revolucionaria. La revista zarateña Punto Z ya ha publicado un artículo de su autoría.

Quizás su actividad política -fue miembro de la dirigencia del PRT, ERP y quien luego de la muerte de Mario Roberto Santucho, disuelve el ERP- opaca su cualidad y calidad de intelectual. Aún tiene mucho que dar en esta faceta de pensador, creador y trasmisor de conocimientos de la crítica social. Pero podríamos remarcar que por pertenecer a una generación que creía ver en el conocimiento la materia prima para cambiar la sociedad en su ideal de encontrar allí una vida digna y equitativa, Kremer, como otros intelectuales, tomó, al decir de Sartre, la acción como única esperanza.

Finalmente quiero rescatar al tercero de los intelectuales zarateños, por el cual profeso una enorme admiración, lo sitúo en el lugar que se merece, no en vano elijo a sus antecesores porque los tres intentaron cambiar esta sociedad en la búsqueda de una vida mejor y más digna, de un mundo solidario y equitativo.

Raúl "Chori" García, nació en Zárate el 9 de octubre de 1958 y falleció en Buenos Aires el 24 de mayo de 2000, nos dejó a Tadeo y a Miranda para nuestra alegría y su obra escrita, dos libros de poesía: Cerve(z)as y Variaciones, una novela. Una Foto Deslustrada, ensayos literarios Ceror y Mallarme; el desarrollo de ideas filosóficas a partir del pensamiento de Gilles Deleuze y Michel Foucault: El archivo de occidente, La Anarquía Coronada y su propio pensamiento filosófico en Micropolíticas del Cuerpo – De la conquista de América a la última dictadura militar.

Psicoanalista, escritor y periodista, fue docente en la Universidad de Buenos Aires, publicó artículos en los periódicos Página 12 y Perfil, y en las revistas Tres Puntos y El Ojo Mocho. Creó una editorial Ediciones del agujero negro donde publicó a poetas excéntricos como Emeterio Cerro, entre otros.

García, de una formación plural filo-marxista, fue cautivado por el pensamiento deleuziano y foucaultiano a partir de las lecturas de El Antiedipo y Mil Mesetas donde Deleuze y Félix Guatari, procuran estructurar un pensamiento que juegue entre los intersticios del psicoanálisis y el marxismo; y del cuerpo teórico de Michel Foucault, especialmente el de la Historia de la locura en la época clásica, Vigilar y Castigar e Historia de la sexualidad (tres tomos).

En los ´90 García afirmaba que el psicoanálisis sería deleuziano o no sería, y a la luz de la realidad 2010, podríamos decir que la práctica del psicoanálisis se queda un paso atrás si no introduce este conocimiento en su corpus teórico.

Es, a mi entender, uno de los enunciados más serios que se hayan manifestado en los últimos quince años. Allí, en ese espacio que cabalga entre la reflexión social y lo terapéutico, donde muchos todavía hoy insisten, estancándose en el importante escalón que la obra de Jacques Lacan representa, es que a la hora de mixturar los fenómenos sociales, Lacan se queda fuera aun del pensamiento freudiano.

En ese sentido el pensamiento de Raúl García es el más claro emergente argentino en los últimos años. Su estudio y profundización de la filosofía en general y en particular de Deleuze, Guatari, Foucault, Negri, Spinoza, entre tantos otros le daba un sesgo de compromiso con el mundo que lo rodeaba.

Desgraciadamente la muerte lo arrebató en el mejor momento de su vida como pensador, como intelectual y como científico; y nos privó de su guía, de su saber y de su honestidad intelectual.

Léase este artículo como un intento de recuperar tres personas salidas de este pueblo en donde supieron encontrar el germen del pensamiento que luego desarrollarían en otros ámbitos.

Muchas veces el solo hecho de convivir con los hombres diferentes hace que éstos no sean del todo valorados, porque nos son familiares, porque están demasiado al alcance de nosotros y los creemos de nuestra altura, es posible que ellos por ser realmente buenos, en el doble sentido de la palabra, no nos permitan ver la magnitud de tales diferencias y que el amor y la admiración nos opaquen la visión.

Por eso hago esta autorreferencia, porque seguramente otros que pudieron disfrutar de otras personalidades, rescaten a Homero Expósito o a Juan Carlos Deghi, quienes seguramente deberían ocupar también parte en este podio de intelectuales.

Raúl Sciarretta fue un maestro para mí y por lo tanto amado y admirado por maestro. Kremer forma parte del heroísmo de los ´70 y es admirado por su altura de combatiente que creo oscurece al pensador, al igual que el Che, uno sólo puede pensar en su teoría si puede apartarse del soldado. Y finalmente García es el chico con el que caminaba las calles de la Villa Fox, leíamos como enfermos, vivíamos juntos en departamentos de estudiantes pobres, formamos nuestras familias y disfrutamos de nuestra amistad.

Sería bueno rescatar a estos intelectuales reconocidos en otros espacios, para sentirnos orgullosos de que en este pueblo el desarrollo de las ideas década a década ha entregado al mundo pensadores de valía.

Fuente: lafogata.org

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