Pequeña crónica del 19 y 20 de diciembre

Carlos Riedel22 diciembre, 2012

…fuimos miles de personas del brazo marchando por la Avenida de Mayo convocados, no se sabe por quién, y al llegar a la plaza histórica, el grito unánime fue que al Estado de Sitio se lo metan en el culo…

…gritamos que se vaya el Ministro de Economia, quien en efecto, renunció, pero lejos de conformarnos con eso, el grito siguiente fue “Que se vaya De la Rua” y al poco tiempo el helicóptero presidencial evacuaba al ex presidente de La Rosada. La multitud se quedó alborozada mirando como ese pájaro de hierro se llevaba al presidente más intrascendente de la historia nacional…entonces alguien gritó “Que se vayan todos” y la multitud se hizo eco de inmediato. Yo era parte de esa multitud y también me hice eco, intuí que tenía un significado inesperado…

…yo ya no era siquiera militante, ahora era un sobreviviente, era multitud.-

…entonces se lanzó una represión imposible de justificar contra miles de personas que manifestaban pacíficamente, con niños, ancianos, inválidos y a hasta con sus perritos. Sin embargo, parte de esa multitud se reagrupó varias veces negándose a abandonar la Plaza.

Otro no pequeño detalle que no he visto suficientemente valorado: La gran cuestionada juventud salió a la calle. No los ordenados y uniformados militantes de izquierda con banderas más grandes que sus columnas. Estos eran los motoqueros y cientos de jóvenes, laburantes de oficios varios, estudiantes con dificultades, desocupados, cuyo enemigo principal era la policía.

Eran los seguidores de los Redondos y también los hinchas de futbol que lanzaron batallas campales a las que se sumaron además insospechados ciudadanos de las más diversas ideologías que se sacaron el gusto de romper el vidrio de algún banco...

Así se sucedieron y cayeron cuatro presidentes No hubo convocantes sino autoconvocatoria No hubo "vanguardia" predeterminada ni permanente pero existíeron elementos que iban a la vanguardia.

No se oyó la palabra "estrategia", porque no había estrategia. No se admitió otra bandera que no fuera la Nacional No estaban presentes las corporaciones, llamadas comúnmente sindicatos.

Eran miles de personas en las calles que no podían ser definidas con las categorías clásicas. La palabra "multitud" sería la más apropiada para diferenciarla de "masa" (despolitizada) o incluso de "pueblo". (Palabra de tanto prestigio, tan abusada y de insospechado cuño burgués, en este caso politizada, si, pero en una dirección de proyecto común, en un bloque histórico.

En cambio multitud expresaría lo multifacético, la unidad de lo diverso, politizado en el sentido de devolver la política a sus fuentes naturales, la que había sido expropiada por la profesionalización de la política, atrapada por el estado economicista. Esos días de diciembre alguna gente militante creyó estar frente a una situación revolucionaria, pero no tuvieron en cuenta que las categorías que ellos manejaban, como las que manejábamos muchos pensadores de la política, habían sido elaboradas en la era de las revoluciones burguesas, en la constitución de los estados nacionales, no en vano el modelo universal fue la Revolución Francesa, ahora había un cambio de paradigma, el estado y la superestructura se caían a pedazos.

Viviamos la llamada globalización, expresión de un capitalismo neoliberal en su pleno desarrollo y, paradójicamente, en inevitable camino a su propia decadencia. La sociedad atravesaba una plena crisis de representatividad.

La gente, digo la multitud, se hartó no solo de los gobernantes, sino también de Altamiras, de los Echegaray o de las Carrió, a punto de jubilarse de candidatos a presidentes de partidos “proletarios”, o pequeño burgueses, se asqueó de dirigentes sindicales eternos, de conductores de cooperativas vitalicios, o sea de representantes que pusieron en crisis la representatividad: la multitud no quiso ser más representada sino estar presente, y así durante meses copó las calles y las plazas al grito de “que se vayan todos”

Y algunos necios de la izquierda en vez de irse, para dejar lugar lo nuevo, para dar lugar a la verdadera izquierda reflejada en las bases puras, quisieron hacerse cargo de las asambleas barriales y de todo ese, según ellos, “pernicioso” espontaneísmo, muchos convencidos de que había llegado la hora de ponerse al frente de las masas en acción.

Entonces la superestructura se recuperó, entonces la gente se desmovilizó, entonces Duhalde y sus maniobras para que el poder burgués se recuperara. Pero quedó una efervescencia en la multitud agazapada que en 2003 permitió el surgimiento de un estado, aun burgués que luchara por la inclusión y por el empate social.

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One comment

  • luisgonzales

    25 diciembre, 2012 at 10:14 pm

    muy bien lo tuyo collado.nunca pensaste que lo de delarrua fue un golpe de estado?evidentemente,tu pensamiento seguro sera que magneto,esta detras de los robos,evidentemente tu ceguera kkkk,te impide ver que a un presidente hay que defenderlo, que cumpla su mandato,pero claro.......luis

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