Una experiencia.
1987. Balneario de Santa Ana. Uruguay. Un grupo de jóvenes colaboraban con un sacerdote también joven en la atención de un grupo de chicos y adolescentes que tenían distintas discapacidades.
Se divertían mucho.
Y trabajaban para proveer lo que todos necesitaban.
El joven sacerdote acompañaba, enseñaba y, especialmente, escuchaba.
Una señora veraneante preguntó admirativamente al sacerdote, cómo lograban tanto con chicos con esas discapacidades.
Sonriente, cercano, empático, el sacerdote le respondió que cada vez que recibían un chico no pensaban en lo que no podía, sino en lo que sí podía.
Otra experiencia.
Un reportaje a una monja francesa.
Superiora internacional de su congregación.
Una mujer apasionada, comprometida con su labor.
Visitó Argentina.
Sobre el final de una hermosa entrevista, el periodista, emocionado, le preguntó:
“Hermana, ¿qué haría usted hoy si pensara que mañana se va a acabar el mundo?”.
Contestó:
“Si yo pensara que mañana se va a acabar el mundo, hoy haría lo que tengo que hacer hoy”.
Religiosos católicos. Podrían ser religiosos de otras religiones. O personas que no se encuadraran en ninguna religión.
Personas de gran espiritualidad.
Con un pensamiento distinto del pensamiento hegemónico actual.
Pensamiento hegemónico actual que valora y busca el éxito, el dinero, la fama, el poder, el triunfo en la competencia.
Pensamiento distinto del pensamiento hegemónico en tanto valora el hacer, la definición de lo que se puede, la no discriminación, la colaboración, la espiritualización del mundo y de la vida.
Dos pensamientos vigentes.
Uno, hegemónico.
Otro distinto al hegemónico.
Pensar en lo que cada uno puede.
Pensar en lo que tengo que hacer hoy.
Pensar que la vida tiene su propia dinámica.
Dinámica no anticipable.
Dinámica que los seres humanos podemos enriquecer.
Enriquecer desatendiendo a los fetiches inducidos por el pensamiento hegemónico.
Fetiche es todo aquello (poder, dinero, éxito, fama…) que si se posee se cree que nada falta y que si no se posee se cree que nada hay.
Quienes consideran poseerlos aseguran estar en la cima de la escala social.
Quienes no los poseen se sienten disminuidos y quisieran poseerlos.
Pero otras personas (algunas, muchas) se atreven a un pensamiento distinto.
A un pensamiento des - fetichizador que abre a la posibilidad de una vida que valore el trabajo conjunto, los objetivos comunitarios, la complementación de lo que cada uno puede en la construcción del bien común, la igualdad de derechos y obligaciones, el respeto, la protección necesaria de las personas, la espiritualización de los vínculos humanos y de la vida.

