Me hizo llegar un artículo del economista español Gustavo Dessal, otro economista, en este caso zarateño, Facundo Malvicino, son una buenas reflexiones que desde la economía aplica conceptos del psicoanálisis muy bien utilizados y que aportan al manejo del dinero y la función de este en nuestra sociedad.

El artículo mencionado es el que sigue:
“Si la economía es una ciencia imperfecta, ello se debe a la imposibilidad de contabilizar y prever el complejo número de variables que intervienen en el objeto de su estudio. Entre ellas existe una que la economía decididamente no puede fijar, aunque no desconozca la importancia de su papel: la profunda e intrincada relación subjetiva que el ser humano tiene con el dinero.
El dinero es un objeto que no se comporta del mismo modo que una molécula o una estrella. Refuta las leyes naturales, a pesar de que el neoliberalismo siga insistiendo en hacernos creer que el mercado posee una sabiduría intrínseca comparable a la de la naturaleza.
En tanto símbolo fundamental de la condición humana, el dinero no solo se niega a ser completamente objetivado por la economía, la sociología y la historia en general, sino que persiste en desafiar cualquier intento de dominio.
Su dinámica, en apariencia al servicio de los hombres, en verdad los gobierna, incluso a los más poderosos. La relación entre el sujeto y el dinero se caracteriza siempre por un desorden, una desproporción, una suerte de desarmonía fundamental que se convierte con mucha frecuencia en uno de los terrenos más fértiles para el crecimiento de un síntoma. De hecho, y con independencia de su escasez o su holgura, raro es aquel sujeto que no muestre en su posición frente al dinero una parte esencial de su ser.
Hace unos años, el filósofo italiano Vittorio Mathieu escribió un libro titulado Filosofía del dinero, y explicaba allí que el único uso posible del dinero es desprenderse de él.
Paradójicamente, es negando su posesión como se afirma su existencia. Amén de lo que el individuo corriente -en particular uno desempleado- pueda pensar sobre esta deducción, no todos los economistas comparten esta lógica, que en el fondo parece basada en el más puro sentido común.
¿De qué sirve el dinero, si no es para gastarlo? Aunque esta resultase ser la función razonable del dinero, es una respuesta a todas luces insuficiente, si tenemos en cuenta que muchas personas dedican gigantescos y a veces arriesgados esfuerzos en amasar fortunas que no podrán ser gastadas por varias generaciones, y que muchas otras viven vidas incluso miserables a pesar de poseer sumas inconcebibles.
Hace ya más de un siglo que Freud descubrió el origen secreto del valor del dinero, y la procedencia inconsciente de esta dinámica entre la acumulación y el gasto.
El excremento constituye el primer objeto que ponemos en circulación en el mercado del intercambio, en este caso amoroso. Es aquello que se nos enseña a guardar (ahorrar) o depositar según las circunstancias, nuestra inicial y más preciosa posesión que -con gran pesar- debemos ceder.
Es en torno a este curioso objeto que se trama el primer capítulo de nuestra ambivalencia: ceder o no ceder, esa es la cuestión que se le plantea tanto al niño como a Angela Merkel, con la salvedad de que la canciller alemana -a diferencia del niño- no se deja sobornar por el amor de la madre.
Si el saber popular ha bautizado el dinero como "el excremento del Diablo", la astucia de Lutero (a quien sus deposiciones inspiraron la Reforma, según cuentan sus biógrafos) consistió en arrebatarle el dinero al demonio y hacerlo bendecir por Dios. Con ello dio luz verde al capitalismo, que no por nada va mucho mejor con el pragmatismo protestante que con las memeces de los católicos, los cuales aún hoy siguen avergonzándose por hacer lo mismo que los otros.
Con el esfínter anal se puede obrar como con el gasto público: abrirlo o contraerlo. Del mismo modo que el erotismo anal keynesiano se opone al friedmaniano, hay quienes gozan de gastar así como otros encuentran su placer más exquisito en retener.
Esto último demuestra que la idea habitual de que el dinero solo existe en función de aquello que puede comprar es absolutamente falsa. El dinero puede proporcionar un goce por sí mismo, por el mero hecho de su retención y acumulación.
Mucha gente tiene el prejuicio de que psicoanalizarse es cosa de ricos, y se equivocan de cabo a rabo. En primer lugar, porque esta idea es propia de quienes desconocen por completo la psicología del rico: los ricos no pagan.
No es que no paguen sus sesiones de psicoanálisis, es que sencillamente no pagan nada. Esa es, ni más ni menos, que la posición del rico: no pagar ningún precio. Por ese motivo, resulta un contrasentido pretender que paguen más impuestos. Si lo hiciesen ya no serían ellos mismos, los ricos, aunque la fortuna siguiera saliéndoseles por las orejas.
Es muy poco frecuente que un rico se psicoanalice: no suele estar dispuesto a pagar el precio que supone saber. Prefiere contratar a otros para que se encarguen del saber que él no está dispuesto a asumir.
En segundo lugar, si usted quiere saber algo de sí mismo, algo de su verdad más íntima, tendrá que estar dispuesto a ceder algo, y si no quiere saber nada, posiblemente pagará un precio bastante más caro. Es por esa razón que la terapia analítica se paga.
Desde luego, el monto será variable según las posibilidades de cada uno. Un verdadero analista jamás dejará en la puerta a alguien que muestre un deseo decidido de querer saber. Pagar por ello no solo es la prueba de su compromiso, sino la metáfora de aquello de lo que debe desprenderse a fin de conquistar algo mejor para su propia vida. Alrededor de este gesto simbólico veremos desarrollarse los comportamientos más asombrosos: el sacrificio, la mezquindad, el ocultamiento, la exhibición, la generosidad.
En suma: toda una amplia gama de pasiones humanas se pondrán en juego a la hora de meter la mano en el bolsillo.
"Agarrado" o "desprendido", el sujeto siempre muestra algo de su propia intimidad cuando se refiere al dinero, y la sesión analítica es un banco de pruebas incomparable para estudiar lo que la economía no alcanzará nunca a descifrar: la sustancia secreta e impura de lo que mueve el mundo”.
El artículo es preciso, y sobre todo reflexivo, ya que fue escrito por un economista.
Ahora bien, Dessal hace referencias a la equivalencia simbólica: “excremento = dinero”, pero no es la única equivalencia simbólica que Freud teoriza, ya que todas las equivalencias completas son: “excremento = pene = niño = regalo = dinero”.
En base a estas cuestiones, es bueno pensar los aspectos menos conocidos de las tempranas manifestaciones del desarrollo sexual en las cuales intervienen estas equivalencias, digamos que cada una de estas equivalencias corresponde a una etapa del desarrollo psicosexual diferente.
El trabajo de Freud se basa en la hipótesis, acreditada por el psicoanálisis, de que los períodos tempranos de la infancia dejan una impronta en el psiquismo.
Es complicada y extensa la evolución de las funciones psíquicas hasta llegar al adulto normal, y no se produce sin alteraciones. Se conoce como disposición a la enfermedad lo que llamamos un ‘punto de fijación’ al cual puede retroceder luego en caso de enfermedad por perturbación exterior. Es posible, entonces, con el estudio de las fases tempranas, descubrir nuevas relaciones entre la enfermedad y la evolución psicosexual.
Como decíamos la teoría freudiana sostiene que los conceptos excremento, dinero, regalo, niño y pene son equivalentes en las producciones inconscientes. La teoría da cuenta del proceso mediante el cual se conforman estas equivalencias.
Además de que el contenido intestinal desempeña la función de excitar la mucosa, haciéndola sexualmente sensible, “entraña, para el infantil sujeto otras varias e importantes significaciones. El niño considera los excrementos como una parte de su cuerpo y les da la significación de un ‘primer regalo’, con el cual puede demostrar su docilidad a las personas que le rodean o su negativa a complacerlas. Desde esta significación de ‘regalo’ pasan los excrementos a la significación de ‘niño’; esto es, que según una de las teorías sexuales infantiles representan un niño concebido por el acto de la alimentación y parido al defecar.”
Ahora bien, no es el lugar de contar las otras equivalencias como “niño = pene”, que es absolutamente importante, porque en esa equivalencia se logra la femineidad en la mujer y se ven los aspectos femeninos en el varón. Pero si podemos decir que los excrementos pasan a tener un valor de intercambio y que el niño le entrega a su madre como un regalo, ya que las heces son consideradas parte del cuerpo que el niño da en función de procurarse el amor de su madre. El dinero entra en este juego de pagar con mierda lo que queremos obtener a cambio. Amor, objetos que nos diferencien de otros para obtener amor, etc.
En la constitución de la subjetividad cada persona por su fijación infantil constituye su carácter. El carácter y el erotismo anal son características de una particular neurosis que es la obsesión, donde la retención o la expulsión de los excrementos es el juego que producen el placer anal en los niños tempranos.
El sujeto que queda fijado en esta etapa puede tener dos características distintas o la avaricia, si su fijación es anal retentiva, o el derroche diarreico, si su fijación es anal expulsiva.
Finalmente, podemos sostener que el que guarda el dinero es, al menos, un neurótico obsesivo y puede que tenga también algunas características paraniodes.
Entonces, la avaricia es un síntoma que caracteriza a los trastornos obsesivos compulsivos. El que guarda dinero es el que metafóricamente retiene sus excrementos y no los entrega como bien de intercambio, el que guarda no gasta y el que no gasta es quien perjudica a la sociedad dándole un valor que el dinero en sí no tiene, y que simplemente está signado por la subjetividad.
El dinero ha sido creado para el intercambio, quien no cumpla con la regla básica de intercambiarlo por bienes o alimentos es definitivamente un enfermo que intenta hacer valer su subjetividad por definición.
El que guarda con conocimiento del beneficio que pudiera obtener con la subjetividad de otros es un canalla, es decir, aquel que conociendo la norma, regla o ley no la cumple.
Conjuntamente con este articulo ,el profesor de historia Jorge Montero me ha hecho llegar un video que cuenta desde otras perspectiva histórica social el valor del dinero.
[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=4kDN49_bFno[/youtube]
y finalmente escuche estas dos canciónes de Paco Ibáñez, que aportan al tema.
[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=Yujfiafeg48[/youtube]
[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=njnNbh-fOVg[/youtube]
Señor lector, lea el artículo, vea el video, escuche a Paco Ibáñez y saque sus propias conclusiones.
El ser humano pareciera ser la especie más capaz e inteligente del planeta, pero después de leer este artículo, ver este video y escuchar estas canciones, saco las siguientes conclusiones:
El hombre viejo pasa a ser un perro que se come su propia cola. La repetición de actos es también una característica de la neurosis obsesiva compulsiva.
Mientras el ser humano se siga comiendo su propia cola, esta sociedad está en peligro. Las personas que sufren de trastornos obsesivos compulsivos (TOC) son enfermos, tratemos de no permitir que estos sujetos nos manejen el valor del dinero.
El dinero ha sido creado para ser gastado, no para ser guardado. Los banqueros son los guardia cárceles del dinero, ergo los banqueros son canallas que no cumplen la ley.
Está dos veces mal ser banquero, primero porque van contra la ley, segundo porque se abusan del síntoma subjetivo de los coleccionista de dinero, de esos señores que están enfermos de avaricia y ambición.
Así es el hombre viejo, como digo siempre repitiendo al Che, su opuesto es el hombre nuevo que es tremendamente solidario y sabe apartar las subjetividades en función de pensar primero en el otro.

One comment
Ricardo Parente
15 enero, 2013 at 4:17 pm
Excelente el artículo, excelentes las conclusiones...y ya saben, despréndanse de su dinero, saquen sus molestias psíquicas del alma, dèmenlo a mí...que yo sabré pagar un buen analista.
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