Los girasoles se miran entre sí los días nublados para compartir su energía.
Se orientan hacia la luz solar, por lo que cuando no hay luz se buscan unos a otros para recargarse.
No se mueren o se marchitan. Giran para mirarse unos a otros y así compartir sus energías.
No compiten por la energía, poca o mucha, que tienen acumulada.
Se miran y la comparten.
La comparten y la potencian.
Ejemplo en la naturaleza de una relación recíprocamente conveniente.
Ejemplo que trasladado a la vida humana nos suministra una forma de decisión y acción al servicio de todos quienes participan.
No hay “persona” si no hay “otro” que la haga ser.
El otro es constructor de la persona con la que interactúa.
Nadie se construye a sí mismo sin acompañamiento y asistencia de otro.
El ser humano es un ser social.
Pero fácilmente lo olvidamos.
Muy frecuentemente perdemos la óptica y la memoria.
Y el otro, fundamental en la constitución y mantenimiento de nuestra identidad, parece transformarse en un competidor, cuando no en un enemigo.
Si dos girasoles en el día nublado compitieran por la luz, probablemente, morirían ambos o alguno de los dos.
Ni víctimas ni asesinos, los girasoles comparten y viven.
Hoy está nublado.
Hoy los girasoles se están mirando.
Hoy está nublado en Argentina. Mucho.
Está muy nublado.
¿Nos miramos?

