Por Dr. Daniel E. Mentasti - Abogado - Mag. Derecho Penal. T° 114 F° 552. C.P.A.C.F. Tº 129 Fº 2. C.F.A.S.M... El día de hoy, sin lugar a dudas resultó ser una jornada bisagra en la actividad judicial de nuestro Departamento Judicial Zárate-Campana.

El por qué???... Bueno, el porqué surge de lo acontecido en el interior de la sala de audiencias del Tribunal Oral en lo Criminal N° 2 del departamento Judicial Zárate-Campana, donde se llevó a cabo el juicio de Daniel Oyarzún, quién en oportunidad de ser asaltado en su comercio del rubro carnicería, salió a perseguir a los ladrones con su auto y en la huida los dos delincuentes se cayeron de la moto en la que se escapaban. Fue en ese momento que el carnicero alcanzó a uno de ellos, lo atropelló, lo aplastó contra un poste y lo hirió de gravedad, falleciendo horas después.
Esta acción, a entender de la justicia local, ameritó llevar a juicio al “carnicero de Zárate”, a sentarse en el banquillo de los acusados con una gran mochila. No solamente una mochila de una vida, sino que también la posibilidad de enfrentar las consecuencias de ello recluido en algún penal de la Provincia de Buenos Aires.
Claro, pensemos nada más que según los pedidos de condena para Oyarzún, nos encontramos frente a un abanico muy amplio de penas, que comienzan desde la más grave, como la solicitada por la querella, homicidio simple, de 8 a 25 años, o la conocida figura del “exceso en la legítima defensa”, solicitada por la Fiscalía de Juicio, con una pena de 1 a 5 años. Pero este no es el punto más destacable de las intensas jornadas que se vivieron en los Tribunales Departamentales de la calle Andrés del Pino al 800 de Campana.
Lo más importante de lo sucedido allí fue el resultado de la votación del Jurado Popular que por unanimidad resolvió absolver a Daniel "Billy" Oyarzún del delito de homicidio, en cualquiera de sus figuras y mensuración de las penas. Sin espacio a las dudas el caso en particular abre una gran puerta para comenzar a pensar como se desarrollaran los próximos juicios, y por sobre todo, con que sentencias se encontraran los imputados por diversos delitos que habiliten el proceso de “Juicio por Jurados” o “Jurado Popular”.
El porqué de esta observación radica en que el tratamiento del jurado que intervino en este caso en particular, y el cual merece el mayor de los respetos, al igual que las autoridades judiciales, razonaron desde el sentido común, y sin muchos filtros, bagajes judiciales, dogmáticos y jurisprudenciales. Distinto, me atrevo a decir, hubiera sido el resultado si se hubiera atendido el caso del “carnicero de Zárate” con la integración de un Tribunal compuesto por tres Jueces, conforme al antiguo Procedimiento Penal en la Provincia de Buenos Aires.
En este último escenario, se hubiera valorado, entre otras cosas, las circunstancias de atenuantes y eximentes de culpabilidad con una lupa muy fina, que lo habría dejado al acusado en una situación parcial o totalmente contraria a las resultas de lo dictaminado por el Jurado Popular.
En esta línea no debemos dejar de tener en cuenta que esta no es la primera experiencia de este tipo de juicios en el ámbito de nuestra zona, pero lo que diferencia este caso en particular, radica en el alto perfil mediático que desde el primer minuto tuvo el mismo, las características del imputado -en aquel momento-, y una clara postura social, política y judicial del escenario local y provincial.
Hasta aquí pareciera que estuviera haciendo una suerte de apología por la condenación de Oyarzún; pero no lo es. Lo que aquí se está presentando es una clara y patente expresión del sentir popular, que pone en la primera plana de todos los medios nacionales, la gran diferencia y distancia que hay entre la justicia y la gente. Y la gente hoy habló, y creyó, justificadamente que Daniel Oyrzún, debía regresar a su casa con la frente en alto, reunirse con su familia, retornar al trabajo, continuar su vida, “normalmente” y sentir que se hizo justicia, pero no de la justicia que formalmente entendemos, sino de la “justicia de la gente”.
Esa justicia que desde el sentido común y en base a las vivencias del día a día, entiende de las broncas, de las injusticias, de las diferencias, de impotencias y la falta de respuesta de las autoridades. No hay que mezclar, desde luego, pero se mezcla.
Hoy fue un día en el cual, la gente se hizo oír, se manifestó, tuvo en sus manos “el poder” de decidir mediante un proceso legítimo y legal, el futuro de una persona y su familia, dejando en claro, que es una sociedad hastiada y lejos de la doctrina y jurisprudencia, que hubieran modificado el resultado del juicio.

