El Ángel exterminador. Para no perder la memoria.

Carlos Riedel23 marzo, 2013

“Cuidate, por favor, no vengas por aquí, sos muy joven y es muy peligroso”, solían decirle las Madres de Plaza de Mayo a Gustavo Niño, supuesto familiar de un desaparecido. No imaginaban que se trataba, en realidad, del entonces teniente de corveta Alfredo Astiz, quien tramó y ejecutó, en 1977, una infiltración que terminó con la desaparición de 12 personas, entre ellas Azucena Villaflor De Vincenti, fundadora de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Otras madres y familiares que lograron escapar de la trampa tendida por Astiz, recuerdan muy bien su "cara de nene" y su permanente presencia tras los pasos de Azucena Villaflor.

Astiz Alfredo

"En el procedimiento tiene destacada actuación el entonces, Capitán Alfredo Astiz... Este siniestro personaje fue el responsable directo de la identificación de los participantes de la reunión en la Parroquia de Santa Cruz. Astiz, argumentando ser hermano de un detenido desaparecido, participó en la reunión bajo el nombre de Gustavo Niño y se dedicó a observar detenidamente las características físicas y la vestimenta de los concurrentes. En el momento en que se decidió levantar la reunión, Astiz se retiró rápidamente para indicarles a los encargados del operativo a quiénes debían secuestrar... Ante la magnitud de los hechos llega inmediatamente al país Frangois Gadot-Clet, enviado especial de Edgar Faure, presidente de la Asamblea Nacional Francesa, quien tiene por misión gestionar la aparición de las religiosas. Gadot-Clet se entrevista con el Gral. Harguindeguy y esgrime una serie de contratos comerciales favorables a la Argentina como elemento de presión. El ministro no cede terreno, pero le da a entender que existen posibilidades de que aparezcan ......" (revista "Paz y Justicia" del Servicio de Paz y justicia en América Latina (Año 1, Nº 7, diciembre de 1983)

“Cayeron alrededor de diez o doce familiares, entre ellos las religiosas francesas Alice Domon y Renée Duquet, la conducta de ambas fue admirable. Hasta en sus peores momentos de dolor, fueron salvajemente torturadas, las habían atado a una cama totalmente desnudas y le habían aplicado picana en todo el cuerpo, la hermana Alice preguntaba por sus compañeros y en forma especial por el muchachito rubio, quien no era mas que el entonces teniente de fragata, que se había infiltrado haciéndose pasar por familiar de desaparecido”. (Testimonio de H.D.Maggio, legajo 4450 y L:R: cubas legajo 6974. CONADEP. Informe “Nunca más” Eudeba 4ta. edición 1984.

Luego del secuestro y desaparición de quienes se reunían en la Iglesia de Santa Cruz, "El Ángel Rubio" desapareció de esos lugares y muchos llegaron a pensar que había sido otra de las víctimas de los operativos realizados el 8 y 10 de diciembre de 1977.

Esta no fue la única vez que Astiz realizó un trabajo de infiltración. Lo intentó en otra oportunidad en París, sin éxito, ya que fracasó en su propósito de trabar relación con un grupo de argentinos exiliados.

Esto ocurrió en 1978, cuando la dictadura militar argentina intentó montar el llamado "Centro Piloto" en la capital francesa, para tratar, en vano, de "limpiar" la imagen del gobierno de facto en el exterior y posicionar a Massera.

El Embajador en ese momento, Tomás de Anchorena, admitió que personalmente había planteado al gobierno militar, "la necesidad, justamente, de tener un grupo de gente que manejara bien las noticias...la idea fue aceptada, pero a mi juicio desvirtuada, porque en vez de un equipo profesional...se convirtió en un equipo de gente de la Armada... (que) creía que su obligación estaba más hacia el comandante (Massera) que hacia el Jefe de la misión (diplomática)... Mi secretaria de prensa (alude a Elena Holmberg, posteriormente asesinada en Buenos Aires) ... tiene choques con estos oficiales que estaban al frente del Centro Piloto de París".

Elena Holmberg, quien pertenecía a una tradicional familia argentina, se desempeñaba como funcionaria en la Embajada Argentina en París.

Habiéndose suscitado diferencias de criterios entre el personal del "Centro Piloto de Información", instalado en París y a cargo de oficiales de inteligencia de la Fuerza Naval, la diplomática de carrera fue convocada a Buenos Aires para informar a sus superiores, resultando, secuestrada, en esta ciudad el 20 de diciembre de 1978, ante testigos, al salir del Ministerio de Relaciones Exteriores, cuando se dirigía a encontrarse con un grupo de periodistas franceses.

Personas liberadas de la Escuela de Mecánica de la Armada declararon que en esa época ciertos oficiales de la misma aludieron a la participación de Astiz en la desaparición de Elena Holmberg, dato confirmado por el quebrado ex militar Silingo.

Elena Holmberg sabía que Massera negociaba con los jefes montoneros, y que éstos le habrían dado 1.400.000 dólares para ayudar a financiar su afiebrado proyecto político.

El 11 de enero de 1979, su cadáver descompuesto fue encontrado en el río Luján, localidad de Tigre, provincia de Buenos Aires.

“El 27 de enero de 1977, a las 8 y 30 horas, llega hasta el domicilio de Susana Burgos, quien había sido chupada el día anterior, Dagmar Hagelin con el fin de despedirse y preguntarle a su amiga si también se iría de vacaciones a la playa. Al llegar a la casa se encontró imprevistamente encañonada por sus ocupantes (quienes la confundieron con María Antonia Berger, a quien estaban esperando), lo que la llevó, movida por el pánico a salir corriendo por la calle Pampa de la localidad de “El Palomar.

En su persecución salieron el Teniente de corveta Alfredo Astiz y el Cabo Peralta de la policía Bonaerense. Cuando Dagmar Hagelin llevaba mas de 30 metros a sus perseguidores, Astiz puso rodilla en tierra, extrajo su pistola reglamentaria y disparó un solo proyectil sobre la adolescente, la que cayo en el medio de la calle. Cargaron el cuerpo de la chica en el baúl del taxi de un vecino y partieron rumbo a la Escuela de Mecánica de la Armada”. CONADEP “Nunca más” Pag. 389

El marino vestía toda su elegancia azul, era un hombre de principios, un hombre de acción, formado como se forman los militares, con la lógica de la formación militar basada en la muerte.

Era todo un militar, todo un señor militar, de la mejor escuela, escuelita, mecánica escuelita, cuando tenia que matar mataba, cuando tenía que infiltrarse y espiar, se infiltraba y espiaba, cuando tenía que echar a volar desde algún helicóptero sobre las aguas del Río de la Plata con cemento concreto como lastre en los pies, no dudaba.

Como tampoco dudaba para arriar la bandera y rendirse sin tirar una sola bala, cuando el enemigo era superior, como en su "heroica" rendición ante las tropas británicas en las Georgias del Sur, durante el conflicto bélico con el Reino Unido.

Alfredo Ignacio Astiz fue miembro del Grupo de Tareas 3-3-2 de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), acusado de intervenir en el secuestro y traslado de grupo de la Santa Cruz. De Azucena Villaflor De Vincenti, de Esther Ballestrino de Careaga, de Patricia Oviedo, de Eduardo G. Horano, de Raquel Bulit, de María Eugenia Ponce de Bianco, de Angela Auad, de Remo Berardo, de Julio Fondovila, de Horacio Elbert y de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Douquet.., acusado de infiltración en el exilio argentino en París, entrega de Elena Holmberg, posteriormente secuestro y asesinato. Secuestro de Rodolfo Walsh. Secuestro de Raúl Cubas. Secuestro de María Cristina Lennie. Secuestro y tortura de Horacio Domingo Maggio. Secuestro de Martín Gras. Interrogatorio y tortura de Norma Burgos. Participación en el operativo de asesinato de Daniel Vázquez, en noviembre 1978. Asesinato de Dagmar Hagelin.

Alfredo Ignacio Astiz alias “Gustavo Niño”, "Rubio", "Ángel", "Cuervo", "Gonzalo" o "Eduardo Escudero", nacido para matar cobarde e impunemente, quien estuvo preso en nuestra ciudad, en la Base Naval, disfrutando de nuestro río, pescando y también paseando por nuestras calles.

Una ciudad que perdió en manos de la represión a lo mejor de una generación, que por nombrar solo a uno simplemente como símbolo, recuerdo a Marita Quintana con quien seguiré jugando a “pisapisuela”, como cuando éramos chicos, mientras nuestras madres preparaban la costura.

Marita Quintana

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