“DOS DOLOROSAS PÉRDIDAS, DOS GRANDES POSIBILIDADES” por Guillermo Rivelis

Redaccion General18 mayo, 2025

Francisco I.

José l Mujica.

Dos enormes pérdidas para la Humanidad.

La palabra ecuánime de Francisco.

Su apertura a cuestiones que estaban blindadas.

La posibilidad y acción de hablar de lo oculto.

Desmembrar para analizar lo hasta entonces proscripto.

Palabra valiente que no busca resguardarse.

Porque busca exponerse

No a la manera exhibicionista.

No con el goce perverso de la búsqueda de los bordes del dolor.

Es la exposición en medio de la voluntad verdadera.

Y en medio del criterio democrático que se instala.

Exposición resguardada por un orden nuevo y distinto contenido en la función democrática.

Sistema democrático que nunca transgredió.

Transgredió, eso sí, lo anquilosado y pensado como esencia (gran error) del sistema.

Y, muy probablemente, recibió las consecuencias.

“Hagan lío” les dijo a los jóvenes.

Nunca dijo que hicieran silencio.

El silencio, la paz, el orden sano, la verdadera democracia son consecuencia de una lucha.

Una lucha, es decir, un trabajo hacia adentro y hacia afuera de uno mismo.

Un trabajo transformador.

Un trabajo que empieza. No necesariamente por el principio.

Es por dónde se puede y siempre conmueve creencias, valores transitorios, puestos en función de futuro, actitudes, tendencias.

Pepe Mujica se apoyó, así como otros, en el Frente Grande uruguayo.

Allí, supo coordinar y articular diferencias.

Para producir un pensamiento abierto y constructivo.

El pan y la paz enmarcaron ambas pérdidas y las consecuencias luminosas de sus trayectorias.

El pan y la paz.

Más que consignas ideales y deseos por los que ambos entregaron sus vidas.

Las dos grandes posibilidades.

Francisco favoreciendo el advenimiento de un orden religioso oxigenado, abierto, inclusivo, empático.

Mujica donando los últimos momentos de su vida en honor al deseo y a la realista ilusión de un proyecto de arquitectura social que contemple lugares para todos.

Dos inmensas pérdidas.

También, dos ilimitadas y potenciales posibilidades.

Subyace, inclaudicablemente, el afán.

Subyace el compromiso por un mundo mejor.

Y subyacen a tal afán y a tal compromiso el incondicional amor y la incondicional entrega al mundo.

Un mundo para todos.

Un mundo con pan y con paz.