De Ramón Carrillo a René Favoloro

Carlos Riedel15 julio, 2015

Por Lic. Carlos Morató...

Enfermera

Alguna vez fui un humilde bioquímico.

Fruto de la necesidad económica tuve en mi mocedad que renunciar a la ambición de realizarme en la investigación biológica.

Fiel a la responsabilidad asumida he atendido en mi larga práctica a más de 150.000 actos entre Zarate y Campana, y si no fui bueno al menos no registré alguna crítica.

En tren de añadir vida a la vida necesito hoy a pocos pasos  de España y Lintridis sembrar un pequeño granito de arena en ella.

No estoy contando mi historia sino tratando de construir el preámbulo  de un desenlace premeditado.

Admiro a mis colegas que hoy se debaten en la responsabilidad cotidiana.

Ellos son jóvenes pero yo ya soy viejo.

Pude llegar en la docencia a ser profesor de química, pero para satisfacer mi ambición primaria tuve la oportunidad tardía de capacitarme en Auditoría y Administración Hospitalaria.

Allí apareció el Eureka que me abrió, aunque tarde, la posibilidad de opinar en Salud Pública.

Comprendí entonces la necesidad imperiosa que el Pueblo en general, y NO SOLO LOS POBRES, necesita de la Salud Pública como un elemento de referencia.

Pese a ser profundamente cristiano reniego de la caridad y aspiro a un compromiso de la raza.

Terminé mi historia con Ramón y con René en medio de una carrera Médico Hospitalaria destruida y con muchos anémicos de cerebro que tratan aún hoy de sepultarla aprovechando la confusión reinante.

Perdón por el aguante pero en algún momento tenía que expresarlo.

A los bravos y a las bravas del equipo de salud vaya mi homenaje.

Quizás ya no pueda seguir diciendo chau…. sino quizás adiós.

Si alguien entendió el mensaje, como en las olimpíadas que tome la antorcha antes de que se apague.

Chau……..