Por Marcelo, un estudiante de FinEs de Lima...
La Salamanca, el Diablo que sale a buscar a los distraídos. Ypefianos que se animaron a entrar en la cueva atraídos por el alboroto de las brujas, curanderos, chivos de ojos rojos y víboras emplumadas como gallos... dicen que Mandinga iluminaba aquellas cavernas con lámparas de aceite humano.
Y aseguran que a la hora del baile, nadie igualaba al Príncipe de la Mentira, que disimulaba sus patas de cabra bajo elegantes ropas de gaucho para seducir a las mujeres y robar, por contrato, las almas de los paisanos.
Luces malas, música, y hasta voces raras solían escuchar quienes se acercaban más de lo prudente a la mítica cueva, ubicada a menos de 300 metros al oeste de las viviendas, en el medio de los cerros.
Durante décadas no pasó de ser un mito, pero más de uno, en ese poblado del Norte salteño, jura que las luces espectrales existieron y existen. Hasta estos días, pobladores juntan allí, con bidones, el oro negro que alimenta las cocinas y calderas de sus casas.
Cuentan en el pueblo que la retirada de YPF dejó muchas penas y silencios, que hasta la Salamanca es menos ruidosa que en tiempos de antaño.
(Muchas gracias Cristina Gualdoni por el aporte de esta verdadera perlita)

