El Lubo es un barrio populoso de Campana. Quien recorre sus calles podrá sentir y conocer un lugar parecido a tantos, y al mismo tiempo verá características que lo hacen único.
Por Cesar J. Senar (Pachamama Espacio Cultural)
En el corazón del barrio Lubo hay una plaza en la que el lunes pasado diferentes organizaciones sociales, culturales y políticas, nucleadas en la Coordinadora Antirrepresiva de Zona Norte, junto con familiares de Agustín Herrero (asesinado el 07 mayo de este año) y Juane Aguirre (asesinado en la comisaría de Campana el 21 de mayo de 2011) hicieron un mural contra la Violencia Institucional.
En aquel feriado la plaza fue un lugar de encuentro, que permitió expresar la angustia de los familiares, la bronca porque la justicia no avanza, no investiga y se hace cómplice.
Un lugar para repudiar el gatillo fácil o para cuestionar aquella ecuación - instalada como una verdad inobjetable- que propone más policías, más patrulleros, más cámaras igual a más seguridad.
Las manos que pintaron el mural no tienen el talento de Diego Rivera o Quinquela Martín, pero sin dudas que son manos militantes, esas que se tienden solidarias, las que se ofrecen para la lucha, para exigir justicia o simplemente para acompañar. Pero además de manos hubo voces, porque FM Pachamama transmitió en vivo desde la plaza; fueron casi tres horas de cobertura, entrevistas, música y charlas.
La radio itinerante de Pachamama Espacio Cultural intentó acercar a los oyentes a la plaza, y al mismo tiempo permitió que las diferentes organizaciones y personalidades que participaron de la jornada pudieran explicar su adhesión.
Cada año 300 pibes son asesinados por las diferentes fuerzas de seguridad, las mismas fuerzas que luego reprimen la protesta social con resultados similares – muertes y heridos a lo largo y ancho del país -.
En la memoria de quien escribe todavía resuenan las palabras de la hermana de Luciano Arruga, ella sin demasiadas vueltas explicaba que a Luciano lo hicieron desaparecer porque no quiso robar para la policía.
En nuestras ciudades hay un sinfín de casos similares, en los barrios pobres la violencia y la “inseguridad" es un negocio del que los funcionarios – con o sin uniforme - suelen sacar su provecho.
Mientras se siga pidiendo mano dura, patrulleros o mas policías – por mas genuina que resulte la petición – el negocio sigue siendo redondo; así es que entiendo que para cambiar la situación será necesario resignificar lo que se define como “seguridad”, y proponernos la construcción popular de “otra seguridad”. Hasta tanto resulta muy difícil de objetar lo que alguien escribió en la pared de placita... “¡¡¡Inseguridad es más policía en las calles!!!”.









