El Congreso rechaza igualar el salario mínimo de las trabajadoras del hogar al sueldo base del resto de la población activa; cobrarán el 60%. La nueva ley también permite la contratación para tareas domésticas desde los dieciséis años.
El Congreso de Paraguay ha establecido por ley que el salario mínimo de las empleadas domésticas, cerca del 13% del total de trabajadoras del país, sea el 60% del sueldo base previsto para el resto de la población activa.
La medida ha sido calificada de “clasista, discriminatoria y decepcionante” por las representantes sindicales de las cerca de 220.000 trabajadoras domésticas que hay en el Paraguay, un país con 6.984.872 de habitantes.
El proyecto de ley del trabajo doméstico aprobado el 17 de marzo fija el salario de estas trabajadoras en 1,09 millones de guaraníes (unos 245 dólares) y permite trabajar en estas tareas a partir de los dieciséis años, dos puntos que las asociaciones del gremio rechazaban de pleno.
“Es una discriminación total hacia las mujeres”, declara Librada Maciel, representante del Sindicato de Trabajadoras Domésticas y Afines, en la revista Pikara. “Estamos decepcionadas; esperábamos la igualdad de la que tanto hablan los congresistas, pero, al final, nos siguen discriminando", añade. A sus 41 años, Maciel hace más de veinte que trabaja en la limpieza de hogares.
La nueva ley aumenta un 20% el sueldo base de las trabajadoras domésticas, pero queda lejos de la demanda de igualar sus ganancias al salario mínimo previsto para el resto de personas empleadas del Paraguay, que es de 1,8 millones de guaraníes (unos 400 dólares). Según los sindicatos, actualmente, el sueldo medio mensual de una empleada doméstica en Paraguay ronda los 650.000 guaraníes, es decir, unos 140 dólares, lo que supone un tercio del salario mínimo interprofesional. Según datos oficiales de 2012, una de cada diez trabajadoras domésticas paraguayas vive en la pobreza extrema a raíz de la baja remuneración que percibe por su trabajo.
Los legisladores de la cámara baja rechazaron aprobar el texto que las asociaciones de trabajadoras habían consensuado con las comisiones de diputados y sancionaron un proyecto que el Senado ya había validado seis meses antes sin escuchar los reclamos de las empleadas de servicio doméstico.
Los diputados alegaron que otorgar el salario mínimo a las trabajadoras domésticas “sería populista”. Varios legisladores del gobernante y conservador Partido Colorado, así como del opositor y también conservador Partido Liberal, justificaron su voto contra la igualdad de salarios con el argumento de que profesionales como “profesores, policías y militares” no tendrían forma de pagar este sueldo a sus empleadas.
“Nos toman por tontos. Es la gente con dinero o con varios salarios, la que puede permitirse contratar empleadas internas; la clase trabajadora, cuando nos podemos permitir ese lujo, contratamos a alguien por horas", responde la sindicalista, madre de cuatro hijos y abuela de cuatro nietos: "Nuestros hijos no cuentan. Sólo piensan en los suyos. Nosotros trabajamos y además somos amas de casa, llevamos los hijos a la escuela y después nos dedicamos a un trabajo muy duro". Y añade que el aumento aprobado “no sirve de nada porque no ayuda a tener la jubilación esperada y limita el acceso a la salud”.
“Es una gran desilusión. Lloramos tanto … Aún así, continuamos con la cabeza bien alta, continuaremos luchando", advierte.
Fomenta el “criadazgo” y el abuso a menores
La líder sindical también destaca que la nueva ley permite la contratación de menores de edad a partir de los dieciséis años para tareas domésticas, lo que, a su juicio, “fomenta el criadazgo”. En Paraguay se denomina criaditas a las empleadas menores, en su mayoría de familias campesinas del interior del país, que son internadas en casa de una familia para prestar servicios domésticos. Mientras que la mayoría de menores varones trabajadores se dedican a realizar tareas rurales y a la venta ambulante, las niñas son trabajadoras domésticas.
“Abrieron la puerta a que se sigan permitiendo las criaditas, cuando muchas de ellas reciben abusos por parte de quien los emplea. ¿Quién protege estas niñas?", Se lamenta.
Según Global Infancia, miles de familias paraguayas tienen una o varias criadas menores de edad que realizan todo tipo de trabajos domésticos a cambio de comida, alojamiento y, en algunos casos, educación. Según la ONG, “son particularmente vulnerables a ser víctimas de todo tipo de violencia (física, emocional, sexual y laboral), ya que el trabajo que hacen, a menudo, se esconde a los ojos de la ciudadanía”.
La ONU, que estima en 45.000 el número de niñas y niños que se dedican al criadazgo en Paraguay, ha pedido en reiteradas ocasiones a las autoridades del país que tomen medidas para acabar con el trabajo infantil doméstico.
“Los alimentan con los restos de comida y quien los emplea puede cometer abusos. Estos casos se conocen, pero nadie hace nada", critica Maciel.
Nancy Benega sólo tenía quince años cuando comenzó a trabajar en su primer trabajo, sirviendo en una casa señorial de Asunción, la capital del Paraguay. A sus 42 años, recuerda con detalle cómo “el señorito de la casa”, un hombre de 25 años, intentaba llevarla a su habitación de forma reiterada.
“Me pedía constantemente que subiera a su habitación para que le pasara una toalla. El día que finalmente lo hice, me esperaba desnudo en el baño", recuerda. “Me fui llorando y corriendo a contarle a la cocinera, que intentó tranquilizarme diciendo que esto era lo normal con las empleadas”.
Benega abandonó este trabajo, pero ha continuado dedicándose al servicio doméstico toda su vida: “Es curioso que las clases medias y altas paguen poco; las que más nos contratan son las que más nos explotan", concluye.
(Pájaro Rojo)

