(Ficciones en una ciudad de la furia)......

Fado

"Amanhecer faz-nos pensar
Sem depender d’onde estamos
Nasce a força de vagar
Uma luz que precisamos
Uma luz para navegar

Amanhecer faz-nos sentir
Sem depender quem somos
Uma força parece unir
Ser o que já fomos
Ser Grande e partir”

(“Fado de uma vida” de Luis Alvelos, del Grupo de Fados de Coimbra “Capas Negras” www.capasnegras.com/poemas.html)

Le resultó difícil a Eumir Arantes adaptarse, no sólo a la comunidad que se incorporaba, sino a la sociedad de esos años.

Eumir partió de Coimbra y apenas si atesoraba el recuerdo de su desembarco en Río, con sus padres, hermanos y bártulos, acordes de guitarras portuguesas interpretando fados que lo acompañarían toda la vida y la fascinación por un Pan de Azúcar que se le presentaba como una teta firme y vigorosa ofrendada al cielo de un Sur que desconocía.

Así fue: portugués de nacimiento, brasileño por convicción, el obvio sobrenombre de “el Portugués” le perduró en el tiempo, allá o aquí; no importaba si pensaban que el mote se debía al compañero de aventuras de “Sandokán”.

No, lo importante parecía ser, para quien lo conociese, saber de dónde provenía ese morocho, de cabello enrulado y ojos claros, que en sus años mozos supo adherir a los sobrevivientes militantes de la “Columna Prestes”, que partiera de Säo Luiz Gonzaga, buscando apoyo popular para la sublevación del “Tenentismo” que luchaba por terminar con la “República Velha”, la misma que ejercía el poder cuando Eumir y familia arribaron a Brasil. Pero el fracaso de la “Columna” y su disolución en 1928, sería un escalón que Getúlio Vargas aprovecharía para conformar el “Estado Novo”, demasiado parecido al que el dictador portugués Oliveira Salazar instauraría por décadas en su país de origen.

Claro que su adscripción a Prestes incluía también el correlato partidario de adherir al PC, lo cual era más de un problema considerable para la época, preñada del fascismo y nazismo que la vieja Europa diseminaba por el mundo. Aun así, Eumir sabía que por más que la figura de Prestes creciera en la derrota, el exilio político que padecería lo traería a Argentina, donde profundizaría su ideario político y se contactaría con importantes dirigentes del PC argentino, mientras trabajaba de ingeniero para el ferrocarril en Santa Fe. Hasta esa ignota provincia fue Eumir, el Portugués…

Trabajó como obrero del riel en el tendido de vías férreas, quedándose en Santa Fe primero y en Rosario después, y se afincó por lo que suelen hacerlo quienes emigran: trabajo…y Manuela, esa mujer que parió sus hijos y con la que aprendió a quererlos, otro de sus destinos en un Sur que lo guiaría por la línea del Mitre de Rosario a Buenos Aires, para recalar en un pueblo crecido –como tantos- a la vera del ferrocarril y a poca distancia del amarronado Paraná de las Palmas…
Perseguido en forma vedada o explícita, su tiempo joven en Río Grande do Sul ya se había agotado…

Campana no era Coimbra ni Río. Tal vez hayan sido sus humeantes chimeneas fabriqueras, como si se devoraran el río y lo escupieran al aire, o su paisaje de calles adoquinadas con palmeras desgastadas, paraísos y tilos que la recorrían por inciertas diagonales que le parecían laberínticas…Tal vez fue eso: el laberinto de una vida que lo llevó a asentarse –nuevamente- en un lugar que no había previsto.

Al fin y al cabo, ¿qué otros destinos que la incertidumbre de mañana le caben a los inmigrantes, a los derrotados…?. Cambió de trabajo, y su nuevo y viejo oficio le vino del pasado de sastre que ejerció su padre y su abuelo también. Ancló su nuevo destino en un local, con casa al fondo, cerca de la estación de trenes, a escasa distancia de la “Calle Real”; por ahí comenzaron a llegar pobladores devenidos en clientes.

Fue Pedro, el mayor, quien lo alertó respecto al momento político que comenzaba a vivir una generación que demandaba derechos cercenados y corrompidos por infames dictaduras y gobiernos antipopulares.

Y, otra vez, Eumir volvió de la derrota, se sobrepuso al destino, volvió a fabricar una esperanza compartida y cobijó con sus dichos y sus hechos a incontables compañeros que, como él, clamaban justicia…

Volanteó a la entrada de turnos de la Esso o la Dámine, se indignó por la cobardía contra Allende, se resintió por lo de Ezeiza, debatió, discutió, puteó, contra la ceguera armada que presentía sin retorno…

El Portugués tuvo que ocultar su ira cuando Pedro no volvió del turno de 9 a 5 y su mujer apenas le recriminó con la mirada.

Eumir Arantes quedó solo en el comedor. Encendió el “Winco”, puso el disco, la trajinada púa recorrió el vinilo. Amália Rodrigues arrullaba un fado: “Abril en Portugal”.

Nunca sabría que Pedro logró emigrar a Coimbra.

Golpearon duramente a su puerta.

Eumir, una vez más, enfrentaba su destino.