Flores para la tumba de un Euskadi

Carlos Riedel2 mayo, 2014

"En las computadoras de la espera se deshilan mortajas"...Mezo Bigarrena

mezo

Pensé muchas veces en suicidarme, y ya están quedando pocas alternativas para sostener esta decisión de seguir en pie.

Antes voy a gastar estos últimos pesos y voy a comprar la mejor corona, no quiero que falten flores en mi entierro. A la gilada les avisé que yo tiraba la toalla, pero quien me iba a creer, si el frío de la amistad, es parte del hielo de mi soledad.

Ellos ya no creen en nada, nadie cree en nada en estas épocas.El sueño de la revolución se fue, junto al sueño de robar un banco, de la mano del sueño del amor y del pie de la utopía de la amistad. Si pensamos así,estamos jugados, vasquito! Y así pensamos. Así que si vos tenés miedo a reventarte,o te cagas en las patas y rajás, o lo enfrentas como un buen vasco terco y valiente. Así es el diseño, aprendelo bien vasquito, este auto no tiene marcha atrás.

Esas putas computadoras, están por todas partes. Me fui de Londres porque Londres se había puesto insoportable, insostenible, una ciudad apestada de computadoras y gorras. No salía de las guaridas, como dicen por acá los porteños, cada semana me mudaba de refugio, de cafúa, no podía quedarme más de una semana en cada aguante.

La policía me buscaba, migraciones me buscaba, Interpol me buscaba, los dealers me buscaban. O terminaba preso, o extraditado o asesinado por los narcos. Decidí salir y como cualquier soñador, elegí Río. En cada aguante pensé en suicidarme,pero había algo de deseo de encontrar un paraíso que me albergara.

Los paraísos siempre son sueños, fantasmas, quimeras. El paraíso es una verdadera utopía. Y Sudamérica siempre fue el lugar de las utopías. Pero no existen los paraísos,de la misma forma que no hay casa para un viajero, para un nómade.

Pensé eso primero como si fuera una verdad que solo se ajustaba a mí. Con el tiempo me di cuenta que ese razonamiento es una verdad universal.

Sentí el aire del verano de Ipanema en mi cara y sentí que ese calor abrazador era el abrazo de la libertad. El mar, la samba, la cerveza, la macoña, el caballo rojo. Tenía poco dinero para Europa pero una fortuna para Brasil. Viví bien, me adapte bien, volví a la guitarrita y a las letras, si hasta logre tocar con Chico y Milton.

Hoy me acuerdo cuando cantaba guajira guantanamera, y que juraba matar o morir por cualquiera. En ese tiempo gritaba contra los aviones del norte, para que dejen el sur para el sur, para que no lleven el sur al norte. Que ni en Madrid, ni en Francfur terminen nuestros sueños mal cogidos en las manos de esos gusanos,mercenarios del dinero y el negocio. Creía en la revolución.

Poquito duró la libertad, fue la belleza de una mujer argenta, quien me desojó las penas, me cortó un poco las mañas y me subió a otro avión. Vasquito, ¡qué lindas son las porteñas!. Adoquines en tu cielo y yo como un tranvía encallado en otro río, ahora marrón, el invierno congeló todo mi pasado afectado por el rostro de esa mujer. ¡Creía en el amor!.

Buenos Aires, ciudad con nombre de literatura, Buenos Aires y una mujer con nombre patricio y canalla. Ella me amansó como un potro cuando sentí que me trataba con amor, ganó mi alma solitaria en Río y me rompió el corazón en Buenos Aires. Emigrante y emigrado, fui el polizón que comió polvo. Ella fue el sueño del puerto,donde yo pretendí ser timonel.

En esa costa de sirena, vestido de Ulises confundido, pedí aire y encontré el ahogo de la soga en el cuello.

Esas malditas computadoras. Los dealers nunca faltan, ni en Londres, ni en Madrid, ni en Buenos Aires. Ellos siempre te encuentran primero, o vos los encontrás, que viene a ser la misma cosa. Ellos viven en los bolsillos de tu abrigo y cuando menos lo esperás,llega el invierno, tenés frío, buscás el abrigo y caminando con frío, pero aun con el sol en la cara, metés la manito en el bolsillo del sobretodo y ahí están,esperándote para entregarte la dosis que no querés pero que deseas, desde el goce más puro y profundo lo deseas, para destruirte lo deseas, para salvarte por un ratito lo deseas.

¡Maldita desesperación! Así es el amor, vasquito, te clava su daga filosa en el momento menos esperado y te desangra hasta sacarte las fuerzas y siempre quedás a disposición de las computadoras.

Ellas vinieron a reemplazar aquellas máquinas de escribir del Festín Desnudo del viejo William,¿te acordás? Ellas se transforman en policías con gorras, en droga con paranoia,en escritura enfermiza e inservible. Uno cree en la revolución mientras la vida te va transformando en un traficante. Sueño tras sueño te vas golpeando con la pared de la realidad y empezás a esperarla crucifixión que, tarde o temprano, siempre llega puntual.

Así fue, al rato nomás me quede solo en la gran soledad de soledades. Los amigos en las malas no están, como no está el amor en las malas, en las malas siempre te quedás solo, de toda soledad. Entonces me compré un perro, un perro infiel como cualquier perro infiel.

Mañana y tarde, tarde y mañana paseaba su libertad en los bosques de Palermo, con sol y lluvia, con viento y frío, con el sol húmedo del verano porteño, él me llevaba con su soga al cuello y me paseaba.

Él gozaba de su libertad y meaba en todos los árboles. Pero un día él también se fue y me dejó con la soga al cuello.

Entonces pensé en subirme de nuevo a un avión y volar de estos años porteños. Un falso amigo, me llevó a migraciones, hijo de puta a migraciones,decía que me podía hacer el pasaporte que me llevara a otra libertad. Pero ahí estaban ellas: las computadoras interconectadas con no se qué internet, con todas sus gorras, interpol, la federal, y todas las marcas de la prisión. Huí del departamento de policías y putié al traidor que decía ser amigo. A quién se le ocurre darle la mínima señal al poder encarnado detrás de una computadora.¡Creía en la amistad!.

Anclado en Buenos Aires, ya jamás podría salir. Jugando con mi soga al cuello, lo pensé una y mil veces. No porque no tuviera el valor para el suicidio, cuanto más miedo, más euskadi, más valor para la acción. Recordé mi época de guerrilla con Jorge Masetti después del asesinato del Che, recordé mi época de traficante de heroína en Londres, recordé todos los dolores de la falta de libertad en las cárceles inglesas, recordé cada uno de los buenos momentos del amor perdido, los altos más altos,¡recordé! y abdiqué.

Jugué con la cuerda mientras pensaba que ya no tenía un perro que me sacara a pasear y escribí aquello de “Aunque así me reviente/y nunca me levante/ni pueda ir adelante/y mi mejor amante se fuera/ vamos que yo te llevo/a beber agua amarga del río”. Sin dinero para mi caballo rojo, sin el amor de mi primavera soñada, sin amigos fieles o infieles, sin el sueño de la revolución, solofalta el coraje para que una noche de verano, al final de un enero, la parca se apodere de mi piel. Me llevé a pasear sin mi perro, elegí el mejor árbol, donde ese perro traidor nunca meo, el más alto, la puta que me costó subirme, recordé a Nerval estéticamente colgado de un poste de luz al borde del Sena en el viejo París y no lo dudé.

¡Así mueren los poetas! pensé.

A la mañana siguiente temprano,bien temprano, alguno de esos falsos deportistas que salen a correr su veneno por los bosques de Palermo, encontrará este cuerpito colgado de su soga de perro furioso. Algún diario escribirá: Suicida en Palermo, colgado de un viejo plátano, fue hallado el poeta vasco Mezo Bigarrena.

Adoquines en tu cielo, el pasado congelado y el futuro escurrido en las manos del ayer.

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