Por Claudio Valerio.

La justicia (del latín, iustitia) es la concepción que cada época y civilización tiene acerca del sentido de sus normas jurídicas. Es un valor determinado por la sociedad. Nació de la necesidad de mantener la armonía entre sus integrantes. Es el conjunto de reglas y normas que establecen un marco adecuado para las relaciones entre personas e instituciones, autorizando, prohibiendo y permitiendo acciones específicas en la interacción de individuos e instituciones.
Este conjunto de reglas tiene un fundamento cultural y en la mayoría de sociedades modernas, un fundamento formal:
El fundamento cultural se basa en un consenso amplio en los individuos de una sociedad sobre lo bueno y lo malo, y otros aspectos prácticos de cómo deben organizarse las relaciones entre personas. Se supone que en toda sociedad humana, la mayoría de sus miembros tienen una concepción de lo justo, y se considera una virtud social el actuar de acuerdo con esa concepción.
El fundamento formal es el codificado formalmente en varias disposiciones escritas, que son aplicadas por jueces y personas especialmente designadas, que tratan de ser imparciales con respecto a los miembros e instituciones de la sociedad y los conflictos que aparezcan en sus relaciones.
Cuando no defendemos nuestros derechos, se pierde la dignidad y la dignidad no puede ser negociada... En la historia que sigue, tenemos una clara explicación de esto...
El Primer día de clase, el profesor de "Introducción al Derecho" entró al salón de clases, y lo primero que hizo fue preguntar el nombre de un estudiante que estaba sentado en la primera fila:
- ¿Cuál es su nombre?
- Mi nombre es Nelson, Señor.
- ¡Fuera de mi clase y no vuelva nunca más! -gritó el desagradable maestro.
Nelson estaba desconcertado. Cuando volvió en sí, se levantó rápidamente recogió sus cosas y salió del salón. Todo el mundo estaba asustado e indignado, pero nadie habló.
- ¡Muy bien!, vamos a empezar...¿Para qué sirven las leyes? Preguntó el maestro.
Los estudiantes seguían asustados, pero poco a poco empezaron a responder a su pregunta:
- Para tener un orden en nuestra sociedad.
- ¡No! -respondió el profesor-
- Para cumplirlas.
- ¡No!
- Para que las personas equivocadas paguen por sus acciones.
- ¡No!... ¿Alguien sabe la respuesta a esta pregunta?
Una muchacha habló con timidez:
- Para que se haga justicia.
- ¡Por fin! Es decir, por la justicia. Y ahora, ¿qué es la justicia?
Todos empezaron a molestarse por la actitud tan molesta del profesor, sin embargo, continuaron respondiendo:
- A fin de salvaguardar los derechos humanos.
- Bien, ¿qué más? -preguntó el maestro.
- Para diferenciar el bien del mal, para recompensar a aquellos que hacen el bien.
- Ok, no está mal, pero respondan a esta pregunta: ¿Actué correctamente al expulsar a Nelson de salón de clase?
Todos estaban en silencio, nadie respondió.
- Quiero una respuesta.
- ¡No! -Todos contestaron con una sola voz.
- ¿Se podría decir que he cometido una injusticia?
- ¡Sí!
- ¿Y por qué nadie hizo nada al respecto? ¿Para qué queremos leyes y reglas, si no tenemos la voluntad necesaria para practicarlas?
Todos y cada uno de ustedes tiene la obligación de hablar cuando es testigo de una injusticia... ¡No vuelvan a estar en silencio, nunca más! Vayan a buscar a Nelson -dijo-. Después de todo, él es el maestro, y yo soy un estudiante de último semestre académico.
Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe un Abrazo, y mi deseo que Dios te bendiga, te sonría y permita que prosperes en todo, y que derrame sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha Prosperidad.
