Por Leonardo Maldonado*

A diferencia de lo que ocurría en la década de los noventa, las ciudades de Zárate y Campana están generando movidas culturales tanto en teatro (el fenómeno de los musicales dirigido por Juan Manuel Zárate, por ejemplo) como en cine independiente. Varios cortometrajes, dos películas estrenadas y una en rodaje (la de Ignacio Keidel) dan cuenta de la necesidad de narrar en imágenes historias locales, de plasmar ideas y sueños en calidad High Definition, de proyectarlas en nuestras salas a precios populares o de modo gratuito, de encontrarse con amigos y vecinos y mostrarles el trabajo terminado.
Trabajos hechos con mucho esfuerzo, seriedad, compromiso y a pulmón. Ojalá las Secretarías de Cultura de ambos municipios comprendieran la dimensión de lo que se está gestando y comenzaran a subsidiar o a gestar una política cultural seria y a largo plazo que sirviera para apoyar económicamente la actividad audiovisual, que es muy costosa.
Ayer, en el marco del Segundo Encuentro de Cine Independiente de Zárate 2013, se proyectó en la sala del Círculo Popular de Cultura el film de Daniel Pelayo El último gran cazador. No es fácil rodar una película de acción, implica un gran despliegue de recursos técnicos y humanos. Y en ese sentido –filmar en exteriores, en la zona de islas, manejar la luz solar de modo tal que no se noten los saltos lumínicos, realizar tomas aéreas, persecuciones con autos, coreografías de peleas y uso de armas– el director sabe lo que hace.
Pelayo despliega una puesta de cámara dinámica, maneja muy bien los tiempos fílmicos desde un montaje cuidado y efectivo, crea climas apropiados, utiliza muy bien el foco y el fuera de foco en función de lo que narra, y trabaja muy bien el sonido en postproducción.
La historia ideada por Héctor Herrera actualiza la vieja cacería entre el gato y el ratón. Una primera narración fragmentada, en la que básicamente se presentan las líneas de acción principales y los personajes protagónicos, deja paso a una de tipo lineal. No se entiende muy bien, al inicio, el chiste (o guiño) de la filmación dentro de la filmación, al menos en el marco de la narración general del film, de su instancia enunciativa.
Los títulos de apertura son originales, delicados y sugestivos. La banda sonora es potente y su uso siempre va acorde con las situaciones que se desarrollan; no obstante, en algunos casos, dos clips seguidos de música no favorecen la estructura dramática.
Un mafioso y prestigioso Cazador de animales –y aparentemente de hombres– (Hugo Nowotny) lleva al límite un juego perverso: por un millón de dólares expone a cinco cazadores y a una presa a una cacería humana.
Así, el Loco (Carlos Valentino), el cardíaco Dany (Daniel Martínez), el pelilargo Motoquero (Marcelo Avigliano), el viejo Alemán (Juan Carlos López), la sexy Diana (Romina Aciar) y el astuto Johnny (Germán Di Fiore) se transforman en las piezas de su juego peligroso.
Como toda película de acción, exuda testosterona, con lo bueno y lo malo que ello implica. Más allá de la cámara en mano nerviosa y de ciertos momentos de peligro (como la aparición de un cocodrilo en el río) por momentos el film pierde dinamismo y la cacería se torna monótona. Quizás se dilata demasiado la presentación de las diferentes psicologías y personalidades de los personajes, que, por otra parte, podrían haberse trabajado más.
Nada falta respecto de iconografía del género: están los autos negros, los anteojos negros, los trajes camuflados, el parche en el ojo, las armas cortas y largas, la mujer que genera el conflicto. A las acciones típicas (persecuciones, disparos, pactos mafiosos, asesinatos) se le suma un elemento propio del western: el duelo. El último gran cazador es un film estructurado a partir de la figura del duelo. Pelayo ha sabido adaptar y construir un relato alrededor de ese tópico norteamericano.

En cuanto a las actuaciones, Romina Aciar realiza una sólida composición (que se frustra un poco en su diálogo final, arrodillada ante la presa): sus gestos ásperos, económicos y adustos dotan a sus primeros planos de la expresividad ruda que su criatura necesita; sus primeros planos son tan bellos como duros. Con un estilo naturalista y espontáneo, se destacan López, Avigliano y Valentino, que interpretan a tres de los cazadores.
El rostro de Nowotny es ideal para la transmisión de una idea de poder y de mal, aún pese a alguna exageración. A lo largo de todo el film, se nota la pasión puesta en juego, el compromiso de técnicos y actores, y la seriedad del trabajo. Pelayo ha realizado un trabajo enmarcado en un género de ardua realización y de una notable factura técnica.

*Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA), realizador cinematográfico independiente, autor teatral y novelista

2 comments
Griselda Casal
4 octubre, 2013 at 3:54 pm
Muy buena critica para una pelicula que merece ser alentada por el esfuerzo y creatividad con que ha sido realizada. Felicitaciones a todo el equipo. Es un orgullo que Zarate y Campana cuente con personas que CREAN Y CREEN CULTURA.
JUAN CARLOS LOPEZ
2 octubre, 2013 at 3:58 am
SR. MALDONADO, HA SIDO UN PLACER EL HABER LEIDO SU CRITICA DEL FILME "EL ULTIMO GRAN CAZADOR" COMPARTO CONCEPTOS ,(LA CRITICA CONSTRUCTIVA AYUDA A LA CREACION),ALGUNAS SUBJETIVIDADES ENCONTRADAS, PERO AGRADECIENDOLE SE HAYA OCUPADO DE NUESTRO HUMILDE TRABAJO, QUE ESPERAMOS,PODER SUPERARLO EN PROXIMOS PROYECTOS.LE PIDO UN FAVOR , SI NO ES MUCHA MOLESTIA,ENVIE A MI CORREO ELECTRONICO SU ESCRITO. DESDE YA LE AGRADEZCO SU ATENCION Y APROVECHO LA OPORTUNIDAD , ESPERANDO EN ALGUN MOMENTO SALUDARLO PERSONALMENTE, PARA AGRADECERLE EL TIEMPO DISPENSADO. ATTE JUAN CARLOS
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