El silencio y la negación

Carlos Riedel22 mayo, 2013

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Los tres monitos

Es difícil sostener una mentira, un encubrimiento, un delito, un enriquecimiento ilícito y cuanta acción fuera de las normas de una conducta social que no vaya de la mano de lo ético y lo moral, en el tiempo. Acciones y mentiras que se encubren con estamentos gubernamentales y socios del poder que dirigen estos, ya son costumbre y acompañan el lineamiento que baja desde lo más alto de la política nacional.

Delitos ya sean económicos o de cualquier índole, son encubiertos en defensa de intereses políticos partidarios sin importar el impacto social negativo que esta acción causa, en la nación y más en una pequeña comunidad por la interrelación estrecha a que están sometidos estos actores.

Es difícil evaluar motivos, es difícil buscar una respuesta racional, es difícil escuchar escusas de quienes deben cuidar de los intereses y el estado físico y emocional de los habitantes de una comunidad, cuando estos responsables solo actúan impunemente cobijados bajo el poder político, en detrimento de cuanto derecho tengan quienes reclamen.

Solo la ambición desmedida y la obediencia debida a quienes les responden a cambio de rentas voluminosas y porciones de poder que delegan a conveniencia, nos dan una de las pautas posibles de este comportamiento social que merece ser conocido. Todo puede suceder en la sociedad de hoy. Una sociedad prácticamente inmune ante las acciones de impunidad de quienes están bajo el paragüa de la protección política.

Una sociedad aparentemente entregada y acostumbrada a estas clases de delitos, con la cual se la castiga y se la somete, no evidenciando ninguna clase de defensa, seguramente no goza de buena salud.

La soberbia y el poder solo pueden ser vencidas por una sociedad virtuosa en una unión solidaria y comprometida en acciones que involucren a la totalidad de la misma, para el destierro de los responsables de esta clase de acciones.

Esconderse en la mentira para responder, es de cobardes, y más el envió de emisarios para justificar lo injustificable. El silencio y la negación tienen vencimiento y cuando todo sale a la luz aparecen los emisarios del poder para desacreditar, mentir y calumniar. Desconocen el dolor y el sufrimiento de los damnificados y solo tienen un objetivo, defender la mano de quienes les dan de comer, a pesar del daño que causan en una sociedad ya dividida, pero no vencida.