“La justicia es pasar del estado de víctima al estado de alguien que está de pie.” Alain Badiou.

Para esas personas el reloj pesaba, el tiempo parecía no transcurrir, el único indicio de movilidad lo daban las sombras y el sol de diciembre.
Era una fila de gentes a la espera, ellos estaban dispuestos a atravesar los muros, las requisas, y las humillaciones. Todo por un rato de reencuentro, por una charla que acerque las distancias, que rompa las cadenas. En fin, ellos estaban dispuestos a desafiar muros, rejas y encierros.
Este día todo, y en esa totalidad se incluyen lo sentido, se potencia. Para nuestras culturas occidentales y cristianas – y hasta para quienes no son tan cristianos - el 24 de diciembre siempre es un día especial. Aquel paredón despintado es el de la Unidad Penitenciaria – la penitencia también es parte de la “cultura” cristiana – Nº 9 de La Plata.
Entre aquellas personas está Marta que fuma y espera. Hace casi 20 meses que recorre los mismos 170 kilómetros para ver un rato a su compañero.
Es duro, pero también es preferible si lo compara con la angustia anterior. Aquella terrible angustia de la ausencia forzada, de buscar respuestas y recibir la nada misma – en su vida no hubo momento de mayor vacío y ellos, los “responsables”, contribuían dándole nada en su completa y máxima expresión-.
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Alberto a solo 200 metros, tras esas rejas, allá dentro de esas celdas, también fuma y busca el amparo del olvido. Quiere hacer añicos el recuerdo de aquellos días de secuestro, de golpes y torturas. Ahora esto, la cárcel, vista en retrospectiva, resulta lo menos malo. En esa lucha por distraer los recuerdos piensa que le quedan pocos cigarrillos, los cuenta y en el paquete solo quedan tres. Ya se está terminando la partida que recibió de regalo para su cumpleaños 32.
Sabe que hoy, como casi siempre, tendrá tiempo para todo. Primero vendrá el recreo y será su oportunidad de “estirar las piernas”, y de alguna reconfortante charla con viejos compañeros. Para la tarde, lo más importante, la visita de Marta que vendrá desde su Zárate natal. Traerá cigarrillos, algunas galletitas y demás provisiones, pero fundamentalmente esa mujer heroica le dará un poco más de vida para seguir resistiendo.
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Marta se prepara para la requisa, siempre busca qué decir o hacer para evitar el robo de parte de lo que trae. Indefectiblemente ellos, los agentes del servicio penitenciario, siempre se quedan con parte de las provisiones que todos traen para mitigar el hambre y las carencias que se vive en los penales. Se sabe que en la víspera de “la noche buena”, los servidores públicos, necesitan recaudar algo más de lo acostumbrado.
Poco a poco empieza a ver que hoy no es como otros días, hoy es diferente. ¿Será un buen indicio? No se quiere dar permiso para la ilusión, fueron demasiadas lágrimas, tanta búsqueda, todos esos pedidos a las “autoridades”, sin respuestas. ¿Puede ser que alguien la haya escuchado? ¿Es posible que hoy le “devuelvan” a Alberto?
Cuando la desconfianza le da algo de lugar a la esperanza el corazón parece que se le escapa del pecho. ¿Si sale? ¿Si hoy sale? ¿Cómo escapamos? ¿Cómo dejamos atrás tanta mierda? Entonces ante esa esperanza, ante esa necesidad de pensar en escapar, en dejar atrás esos muros, pero fundamentalmente de volver a la vida. Ahí le sale correr hasta la parada de taxi, porque si lo liberan hay que volver rápido, para no dejar lugar a que “ellos” se arrepientan.
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Es hora del recreo y todos los presos se preparan. Entonces un guardia se para frente a Alberto, y con la sonrisa de quien se siente poderoso prohibiendo, le dice saboreando cada palabra; “usted no está autorizado a salir…”. ¿Cómo..? ¿Qué me decís? ¿Por qué? Todas preguntas sin respuesta, y cuya única respuesta posible es la paliza. Esa es la lógica de la cárcel, busca someter, despojar, dominar, transformar en nada al preso, y nadie puede esperar ni ofrecer una respuesta racional, y mucho menos humana. Así es que Alberto solo recibe silencio, y la incertidumbre que se hace eterna.
¿Será un traslado? ¿Y si es como tantas veces se escuchó entre los presos, si simulan liberarlo para transformarlo en “desaparecido”? ¿Marta, sabrá algo? Solo espera. Esa espera que adquiere formas terribles, dando lugar a que la imaginación sea siempre peor que la realidad. Porque ante “la libertad” de pensar el futuro inmediato Alberto se “inventa” sufrimientos indecibles, su cerebro perfecciona ese mecanismo y encuentra nuevas formas de sufrir. Solo cuando se termine la espera vendrá lo real, que sin dudas será mejor – con menos dolor (¿?)- que lo prefabricado por su imaginación.
Sin saber cómo, aparece otro guardia ¿Cuanto tiempo pasó? Imposible calcular, a él le resultó una eternidad. Ese tipo de uniforme gris lo mira a los ojos y le dice; “Calvo prepare el mono…” Su cara llena de interrogantes lo dice todo, entonces rápidamente el oficial aclara; “…sale en libertad.”
Cumpliendo con el protocolo de egreso de los presos debe recorrer un sinfín de dependencias del penal, por lo que tiene tiempo de enterarse que Mario también está a punto de recuperar la libertad. Entonces pide que los dejen salir juntos, sabe que el pibe es semi-analfabeto, y que además apenas conoce su pequeño pueblo del interior profundo. Alberto mostraba que ni los Centros Clandestinos de Detención ni la cárcel pudieron quebrarlo, siempre estaría dispuesto a ofrecer la mano solidaria.
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Se reencuentran. Ambos vuelven a sentirse libres, es hora de reinventarse, de curar heridas pero sin concesiones…
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Lo posterior es conocido, Alberto Calvo se transformó en un luchador por los Derechos Humanos. Recorre cuanto lugar le toca ocupar enseñando - y emocionando - que la lucha no se tiene que agotar con la "justicia", sino que es indispensable pelear por un mundo que garantice que Nunca Más se torture y asesine en nombre de la Reorganización Nacional.
El próximo jueves 25 de abril estará allá en San Martín, su voz se escuchará en el tribunal en donde se realiza el 8° Juicio de la Mega Causa de Campo de Mayo, no será la voz de una “eterna víctima” - lugar insistentemente ocupado por quienes hacen de la “victimización” un negocio – será la de un luchador que pretende que sus palabras se escapen de la formalidad de un juzgado para convertirse en acción transformadora.
Ah, me olvidaba, seguramente el jueves en la primera fila estará sentada Marta, ella es su secreto para resistir…
Observación: Nota escrita el 24 de febrero de 2012, adaptada en la víspera de la declaración de Alberto Calvo en el juicio en el que están imputados los genocidas Sergio Buitrago, Servando Ortega, Juan Fernando Meneghini y Santiago Omar Riveros.

One comment
Jorge Collado
25 abril, 2013 at 2:00 pm
Cesar felicitaciones buena crónica, buena nota, bella historia mas allá del dolor y del desastre. El luchador no se quiebra fácil: como dice Silvio Rodríguez: "Yo quiero seguir jugando a lo perdido,/yo quiero ser a la zurda más que diestro,/ yo quiero hacer un congreso del unido,/yo quiero rezar a fondo un hijo nuestro".
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