El escritor local Diego Paolinelli, luego de su presentación en la Escuela Secundaria 9 de la Ciudad de Zárate, en la actividad LEER EN COMUNIDAD, durante el mes de Octubre y en coordinación con la Profesora de Prácticas del lenguaje: Aldana Vilche, organizaron por segundo año consecutivo un Concurso literario interno entre los alumnos de los Cursos: 3ro 1ra y 3ro 2da.
El tema que se utilizó como disparador fue: experiencias personales. Las cuales se podían contar en forma de relato, en el estilo que el autor prefiera (drama, acción, comedia o ciencia ficción).
Las historias fueron presentadas en forma individual y los ganadores fueron elegidos en forma democrática por los compañeros del otro curso (los de 3ro 1ra eligieron el mejor de 3ro 2da y viceversa).
En el transcurso de la jornada de hoy se presentaron a los ganadores y se entregaron premios a los 3 mejores de cada Curso.
Los alumnos participantes fueron:
3ero 1ra
Mía Aguirre — Lulu
Jazmín Roldán — Entre susurros del viento
Selene Barbosa — Luna frente al espejo
Tiziana Aguilar — Las 3 A
Uma Collir — Amistad
Agustín Campos — Alienígenas vs. Soldados
Safira Lezcano — La máscara
Rocco Rodriguez — Diferente
Anabella Prino — La niña inquieta
Agustín Rolón — El balín en el cuello
Emanuel Crispien — Cosas sobre la vida
Angela Albarracín — 2 días en el bosque
Dylan Vargas — Kazador de demonios
David Cardozo — El bosque oscuro
Ezequiel Acosta — La historia de Dylan
3ero 2da
Tiziano Saracho — Cuento familiar
Martina Diaz — La figura detrás de tí
Axel Mamani — Cuento terrorífico
Melany Albarracín — Las discusiones y el viaje para ver a los primos
Franco Sutinys — Un finde largo
José Arce — En el parque urbano enojado
Kiara Interlicchia — Cómo conocí a mi gordita Poo
Luna Reynoso — El día de las peleas
Delfina Barrios — La noche mágica
Maira Garcia — El caballo perdido
Los textos ganadores fueron los siguientes:
INDIAS U19 – Evelyn Garcia (3ero 1ra)
27/11/24
Sábado por la mañana, un día normal para varios, menos para el básquet femenino del club Belgrano.
Me levanto cerca de las ocho, me cambio, me lavo la cara y los dientes, y desayuno. Tenía que estar a las nueve y cuarto en el Club Ciudad de Campana. Me termino de peinar y nos vamos.
En el transcurso del camino iba pensando si me iban a salir las cosas bien o si íbamos a perder o ganar. Era mi primera final four con una categoría más grande. De tanto pensar, me di cuenta de que llegamos. Los nervios me invadían. Me cambié y esperé a que todas las chicas se terminaran de peinar. Terminaron y vino el profesor a darnos una charla. En resumen, la charla trataba de que el partido iba a estar difícil: íbamos en 3.er puesto y teníamos que ganar ese partido para ir a la final.
Terminó la charla y empezamos a calentar. Desde lejos las veía: altas, con buen físico, todo. Ellas estaban muy bien. Llegó la hora de que empiece el partido. Por suerte, entraba en el segundo cuarto. Empezó el partido y empezamos ganando, todo bien. Fue todo normal. Terminó el cuarto y me tocaba entrar. Los nervios se me habían ido. Jugué bien, creo yo. Jugamos normal, ganamos y pasamos a la final.
Jugábamos a las cinco. Fuimos afuera con las chicas. Nos llamaron para bañarnos y cambiarnos. Terminamos y nos fuimos a comer. Después dormimos un rato, nos despertamos y nos fuimos a preparar. Otra vez la misma charla, los mismos nervios.
Esta vez entré en el primer cuarto. Hice el primer punto, todos gritaron. Fue un partido muy complicado. Íbamos ganando por 5 o 6 puntos nomás. En un momento estábamos empatadas. En dos minutos nos pasaron e iban ganando ellas, hasta que empezamos a remontar y otra vez… empatadas. Mi profesor estaba contento por haber llegado hasta ahí, pero nosotras no queríamos el segundo puesto, nosotras queríamos ser campeonas.
Entramos en el último cuarto: 52 a 52.
Jugamos como nunca. Llegó el momento, los últimos segundos, e íbamos 61 a 58.
Ganamos por tres puntos. Lloramos, disfrutamos… pero no terminó ahí. Llegó el momento de entregar el “MVP” para la mejor jugadora. El productor dijo: “El MVP es para la mejor jugadora de hoy”. Yo pensaba que iba a ser mi amiga Mile, pero en realidad dijo: “¿Dónde está? No la veo. Es para la número 10, Evelyn García”. No me la creí. Me dieron el premio y todas empezamos a festejar.
Y así terminó el mejor día de mi vida: “Las Indias campeonas.”
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El jugador de barrio – Lucas Churruarin (3ero 2da)
La cabeza de un futbolista tiene que ser muy fuerte: tiene que pensar en ser el mejor y no importa lo que digan los otros, siempre tiene que tener en mente que debe cumplir ese sueño. Yo soy un pibe de catorce años y, desde los tres, quiero ser futbolista profesional. A pesar de todos los obstáculos, sigo pensando en llegar a cumplir ese sueño que tengo desde chiquito.
Por eso, todos los días me levanto a las 6:00 a.m. y hago la misma rutina: me cambio, desayuno y después me voy a la escuela. Cuando salgo, llego a mi casa, salgo a correr y entreno todo el día. Llego a casa cansado, pero me baño y sé que al otro día tengo que hacer lo mismo. Sin embargo, todos los días me acuesto sabiendo que puse un granito de arena para cumplir mi sueño. Yo sé que hay muchos pibes que tienen talento pero no los recursos, y eso es lo malo, pueden tener todos los recursos y se cagan la carrera, como también la vida, en una esquina, fumando y tomando.
Bueno, ahora vamos a hablar sobre la cabeza del futbolista de barrio. La cabeza del futbolista trata de mantenerse firme en querer ser profesional y de saber que hay que sacrificar muchas cosas. Los pibes como yo, cuando hacemos un mal partido o un mal entrenamiento, nos frustramos y nos sentimos mal. Pero, a pesar de todo, siempre hay que tener en la cabeza que todos tenemos días y partidos malos, y que como todo ser humano nos equivocamos, tanto en los deportes como en la vida. Pero, aún así, sabés que tenés que mejorar.
También se lo dije a mi papá y a mi mamá: que quiero ser futbolista porque tengo el potencial y el talento. Pero mi viejo me dijo que es un sueño, que es fácil soñar, y que ya no me quedan muchos años, que a los dieciocho tengo que trabajar. Pero como yo tengo la cabeza dura, eso no es motivo para rendirme. No importa lo que me cueste: yo voy a ser futbolista.
A veces, cuando hago algo mal en el fútbol, me meto a bañar y, debajo de la llovizna del calefón, me pongo a pensar si soy malo o por qué dicen que soy malo. Pero yo soy bueno con todos, y me pongo a pensar…
A veces, de cargar tanto peso y tantos pensamientos, llega un momento en que no aguanto más. Pero, como toda persona, lloro y me voy a acostar pidiéndole a Dios que me dé fuerzas para cumplir mi sueño desde chiquito.
Y con esto quiero decir que todos los que quieren ser futbolistas (o dedicarse a otra cosa) nunca se rindan, porque por algo Dios nos puso ese propósito en el corazón y en la cabeza.
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Para finalizar, el Autor Diego Paolinelli presentó los textos ganadores e invitó al Equipo docente de la Escuea Secundaria 9 a continuar el año próximo con este estímulo a retomar el hábito saludable de la lectura e invitar a los alumnos a participara de un nuevo Concurso literario donde puedan contar sus propias historias.

