Implacable: que no se puede aplacar.
Aplacar: calmar, apaciguar, mitigar algo que está alterado o irritado.
Los relojes implacables no calman, no apaciguan, no mitigan ni detienen el tiempo.
Sólo miden.
No alteran.
Nos cuentan cuánto tiempo llevó, lleva o llevará lo que sucedió, sucede o sucederá.
No es pertinente intentar sobornarlos.
A menos que deformemos sus datos, nos dicen la verdad.
Implacablemente, para ser coherente con el título de esta nota, llegará el 26 de octubre.
Ese día, los ciudadanos de este querido país diremos algo.
Algo que podrá o no ser escuchado por quienes debieran escucharlo.
Pero, más dramática y trágicamente, los implacables relojes nos dicen la edad de personas que enferman y, a veces, mueren por condiciones aberrantes de vida.
Y nos dicen cuántos días al mes los jubilados pueden vivir o sobrevivir con sus exiguos ingresos.
Y nos dicen cuánto tiempo hace que muchas personas alertan acerca de realidades cruentas que enmarcan la cotidianidad de otras muchísimas personas.
Y nos dicen cuánto duran los momentos de felicidad en crueles y generalizados contextos de vida.
No nos equivoquemos.
No son los relojes los que funcionan mal.

