Tal vez, muchos, recordemos la película argentina “Relatos Salvajes”.
Especialmente, el personaje de “Bombita” que encarna Ricardo Darín.
Cansado de ser mal tratado en una oficina pública, pone una bomba enfrente de ese lugar.
Calculando, como para que no lastime a nadie.
Estaba en uno de los más peligrosos (para sí y para otros) estados de ánimo.
Estaba indignado.
Sentimiento casi extremo de injusticia.
La frustración lleva aparejada dos cuestiones.
Una, es el retorno a formas más primarias de sentir, pensar y actuar.
Otra, a un incremento de la agresión.
Por eso, conceptualmente, constituimos la tríada: frustración - regresión - agresión.
¿Qué sucedería si las personas frustradas fueran muchas y por el mismo o similar motivo?
Son previsibles, en ese caso, situaciones altamente complicadas y riesgosas.
Tengo la impresión de que una importante cuota de frustración está tomando el alma de los argentinos (jubilados, por ejemplo).
Creo que con fuerte chirrido está sonando, como alerta, un timbre con voz de indignación.
Deseamos fervorosamente que quienes gobiernan este país puedan escucharlo.

