AMOR Y ODIO por Guillermo Rivelis

Redaccion General24 julio, 2025

Sigmund Freud ( otros autores también) plantea que en un bebé recién nacido y por algunos meses rige una fantasía (fantasía infantil de omnipotencia) por la cual supone (de la manera en que es posible en un bebé) que todo cuanto lo calma, lo alimenta, le proporciona bienestar, lo produce él mismo.

Por fuera de él nada existe o bien (en un momento posterior) del “afuera” sólo le llega dolor.

La panza que le duele es sentida como viniendo de afuera y el pezón o biberón que lo calma forma parte de sí mismo, de su propio “yo”.

Alrededor de los seis meses de edad (probablemente antes actualmente por la estimulación a los niños) ocurre un gran acontecimiento.

El bebé observa que lo que él necesita para calmar el dolor, el hambre, se lo proporciona *otro”, habitualmente la mamá.

Esto, en principio, no complace al bebé.

Por el contrario, el bebé se “deprime” porque ha perdido (lo cual implica un progreso psíquico) la fantasía infantil de omnipotencia.

Al ver que lo que él necesita lo tiene “otro” siente temor, porque ese otro no siempre está.

Sumados al temor siente odio y envidia hacia el otro que es poseedor del “bien” que él necesita para vivir.

Odio y envidia significan sentimientos y actitudes que, de ocurrir en un adulto, denominamos de esa manera.

La insistencia del “otro” que se hace presente cuando el bebé necesita, bebé al que ama y proporciona cariño, ternura, cariños hace que el bebé comience a sentir amor y gratitud.

Entonces, podemos comprender que el odio y la envidia son sentimientos anteriores al amor y a la gratitud.

Sentimientos anteriores y, por lo tanto, más elementales y primarios.

El amor y la gratitud son sentimientos posteriores y más elaborados.

Es menester un psiquismo más desarrollado para generar sentimientos de amor y gratitud.

Según como se ha ido procesando el psiquismo, hay adultos en los que predominan los sentimientos primarios de odio y envidia.

Y otros adultos en los que predominan los sentimientos de amor y gratitud.

La democracia es un régimen que se construye por las acciones de un “nosotros” que asume la necesaria conjunción, la necesaria asociación, la ligazón positiva entre las personas.

Por lo tanto, es necesario que predominen en ese “ nosotros” que la construye, la sostiene y la reconstruye cotidianamente los sentimientos de amor y gratitud.

Nuestros políticos en general y los políticos que transitoriamente están a cargo del gobierno no son bebés.

Son formalmente adultos.

Pero pueden comportarse en este aspecto como bebés de (alrededor de) menos de seis meses o como bebés de más de seis meses y de ahí en adelante en articulación con otros desarrollos psíquicos fundamentales.

En el primer caso, prevalecerán el odio y la envidia.

En el segundo, el amor y la gratitud.