Niños israelíes y niños iraníes debajo de bombas que explotan “en el cielo”.
Israelíes e iraníes nuevamente enfrentados en la crueldad de la guerra.
Como planteó Miguel Savage (conscripto argentino que participó de la guerra de Malvinas): “La guerra… la mayor inmoralidad de la civilización”.
Contaba cómo en la nave que los trajo de regreso, soldados argentinos e ingleses conversaban y confraternizaban.
Habían dejado de ser enemigos. Miguel Savage decía que la idea de “enemigo” se cae a pedazos cuando “yo y el otro” volvemos a ser seres humanos.
En este momento son israelíes e iraníes los que parecen sustituir la identidad de “ser humano” por la de “enemigo”.
Sigmund Freud planteó el concepto de “narcisismo de las pequeñas diferencias” para designar el proceso por el cual dos grupos humanos privilegian diferencias menores (raza, religión, nacionalidad, preferencias políticas, adhesiones deportivas…) olvidando la semejanza fundamental que tienen entre ellos por ser “seres humanos”.
Dos grupos (por ejemplo, partidarios fanáticos de sendos equipos de fútbol, de tradicional rivalidad) se enfrentan entre sí hasta llegar a la violencia física, donde todo límite se diluye.
Están unos y otros convencidos de que se enfrentan por sus diferencias.
Se enojarían si fueran confundidos con los “hinchas” del otro equipo.
Están equivocados.
No se enfrentan de esa manera violenta por sus diferencias.
Se enfrentan por sus parecidos.
Se parecen en que los integrantes de cada uno de los grupos están convencidos que “todo”, que “la verdad” reside entre ellos.
Por fuera no hay nada verdadero.
Por fuera nada tiene sentido.
Pareja, hijos, amigos, trabajos, proyectos…
Nada.
Nada importa.
Y en eso, son idénticos.
Me niego a tratar de entender la “lógica” con que unos y otros parecen justificar y explicar su “parte” en la guerra.
En la que nos atormenta actualmente.
Y en cualquier otra.
No tiene lógica lo ilógico.
Cultura, razonamiento, lenguaje.
Características de los seres humanos.
Identidad con la cultura (producción humana) propia y respeto por las otras.
El lenguaje, base fundamental de cualquier proceso de comunicación.
Razonamiento, para proceder reflexivamente de la forma más pulida posible y para poder insertar las diferencias en el contexto del diálogo.
Nos sobran elementos para encuadrar las diferencias en límites razonables y pacíficos.
Si no ocurre esto es porque por error o por perversidad circunscribimos las diferencias a lo que creemos irreconciliable.
Mientras tanto, los niños de cualquier etnia, religión o nacionalidad sienten explotar bombas “en el cielo” y muy cerca de ellos.
Y sólo, para esta espantosa guerra de hoy:
NIÑOS ISRAELÍES Y NIÑOS PALESTINOS: PAN, PAZ, PAN, PAZ.

