VIVIR CON IDEAL Y UTOPÍA por Guillermo Rivelis

Redaccion General22 febrero, 2025

Una idea es una representación mental que se forma a partir de la imaginación o el razonamiento. 

Es un conocimiento elemental que se tiene de algo y de la forma en que la mente humana representa a una cosa.

La segunda definición expresa la función primera y primordial de la idea dentro de un proceso de conocimiento.

La primera definición me permite ‘jugar” para transmitir lo que deseo.

En tal sentido, una idea puede transformarse en un “ideal”, en tanto adquiera y se le adjudiquen características de modelo, de prototipo, de ejemplo y camino a seguir.

Un “ideal” que se presenta como idea o, incluso como realidad, utópica.

Es decir, inexistente.

Es muy frecuente que tal inexistencia lleve a pensar el concepto de “utopía” como sinónimo de “imposibilidad”.

Entonces, lo “utópico” es lo que no existe ni puede existir.

Es lo inalcanzable, irrealizable e irreal.

Este concepto de utópico (y de utopía) merece ser pensado y cuestionado.

“Utopía” procede del griego oú (“no”) y roπoc (“lugar”) y significa literalmente “no - lugar”.

Palabra acuñada por Tomás Moro, describe una sociedad ideal, inexistente.

Esta “república” es imaginada como mejor que las conocidas.

El término, entonces, puede ser interpretado como “Eutopía”, también derivado del griego y que significa “el buen lugar’, en oposición a la “distopía” o el “mal lugar”.

De acuerdo a estás definiciones “u - topía” no es lo que jamás podría existir, sino lo que aún no existe.

Es lo que aún “no es lugar”.

Y es, por lo tanto, un lugar a construir.

Esta construcción (y de ahí mi elección por la primera definición) requiere imaginación y razonamiento.

“Imaginación” para arrojarse a la aventura de pensar (imaginar) lo que aún no hay, lo que aún no está, lo que aún no existe.

“Razonamiento” para otorgar coherencia lógica y validez empírica a lo que se imagina.

Prefiero pensar que una persona es “depositaria” y no “propietaria” de un ideal, de una “idea utópica”.

Porque considero que las “ideas” están en un ambiente social, integran (calladamente, tal vez) el ethos cultural y social.

Y alguien se hace cargo de una de esas ideas.

No le pertenece.

Lo acompaña y lo induce a profundizarla y a intentar realizarla.

Esto concede a esa persona un estado material y espiritual de alegría, de entusiasmo, de felicidad.

Un camino se abre y nos llama, nos convoca, nos necesita.

Es un estado de sana embriaguez que nos transmite deseos de levantarnos y amanecer para imaginar, razonar, hacer.

Nos pone en una situación de bienestar y dificultad, de concentración y dispersión, de afirmación y de duda.

Situación que nos conduce a caminar, a decidir, a construir.

Situación de vocación.

Que nos hace desear un mundo mejor y nos invita a la pasión.

Pasión que se traduce en trabajar sobre el mundo, este mundo de aquí, ahora y después, este mundo que es “aún - no - lugar” respecto del otro mundo, libremente imaginado y razonadamente deseado.

Trabajar para aproximarlo, en su máxima posibilidad, y en nuestra máxima posibilidad, a ese otro mundo soñado, mediante una difícil pero fructífera y deliciosa tarea de construcción.