Desde Guadalajara. México

El 2 de abril, se recuerda el inicio de una guerra por la recuperación de las islas Malvinas, usurpadas a la Argentina en el año 1833, por la real angurria británica, esos famosos piratas ingleses que coparon los mares del mundo a lo largo de todos los siglos, hasta hoy.
Ese pequeño país anglosajón de marinos y poetas, también es un país de mercenarios a sueldo con hambre de conquista, que secuestraron ese pedazo de tierra en el sur del continente americano.
Pero es curioso lo que sucede en mi país.
La gran mayoría de la gente en la Argentina, se sigue llenando la boca pidiendo justicia por el robo de esas tierras sureñas, tierras entrañables, pero son incapaces de ver una realidad que sigue jodiendo la fibra mas íntima de la concordia nacional. Esa fibra tan desgastada se llama comprensión, austeridad, solidaridad y estoicismo.
Hoy es feriado en la Argentina, mas por populismo estúpido que por respetuoso recordatorio.
Las banderitas bailan en la brisa de los balcones, se canta el himno en las plazoletas y los niños no asisten a la escuela, y sin embargo muy pocos son los que de verdad escuchan a los veteranos y sus penurias, los que creen que las fuerzas armadas son realmente necesarias en un estado soberano, y son muchos, muchísimos, los que todavía opinan que el poder defensivo militar sigue siendo el represor y el verdugo del pueblo. Argentina todavía es un país políticamente inmaduro.
Es un honor para mi haber pertenecido a una institución castrense tan prestigiosa como la INFANTERÍA DE MARINA, y a una de sus unidades militares de élite, preparadas para el combate de primera línea, el Batallón de INFANTERÍA DE MARINA numero 3, unidad que participó en el combate de las Malvinas, derrochando honor, valor y generosidad. Mis antiguos sangraron y murieron por la gloria de mi patria, y eso me une a ellos, desde un profundo respeto.
Pero es igual de doloroso saber el desprestigio que han sufrido los veteranos por parte de su pueblo, y la forma en que fueron utilizados por los cobardes gobiernos de turno desde 1982 hasta esta fecha.
Las guerras perdidas no son populares, y en todo el mundo sucede lo mismo.
Los veteranos regresaron de las islas Malvinas escondidos durante días en viejos vagones de tren, o en las cubiertas bajas de los buques de la Armada, encerrados como ganado, comiendo como animales, desnutridos y tratados como bastardos.
Muchas veces, la única asistencia la recibían del enemigo inglés, cigarrillos y unas barras de chocolate, cuando caían prisioneros.
El gobierno se avergonzó de su existencia y los escondió.
Todos los gobiernos, desde hace siglos, se averguenzan siempre, tanto de recibir a los vencidos como de utilizar mercenarios.
Sucedió en todas las guerras, y seguirá sucediendo. El pueblo no esta preparado para perder, la plebe siempre quiere mas circo, y más diversión sobre la arena. Desean ver victoriosos a sus gladiadores.
Sucedió en las Galias, hace mas de mil años; sucedió en la Francia de 1950, cuando cayó Indochina; sucedió también en Corea, Argelia, Vietnam, Malvinas, Iraq, y recientemente, sucedió también en Afganistán. Los gobiernos no estás listos para las derrotas, ni para aceptar a sus propios mercenarios.
La noticia de última hora confirma esta dura realidad...
De los 25 marinos de élite de Estados Unidos, que eliminaron el 2 de mayo de 2011 a Osama bin Laden, bajo la Operación Gerónimo, sólo dos viven actualmente.
De acuerdo con el Huffington Post, el 6 de agosto de 2011 fallecieron 22 de ellos, cuando un grupo de insurgentes talibanes "atacaron un helicóptero donde viajaban 31 soldados". Además de los soldados norteamericanos, murieron siete más del Ejército afgano y un traductor. Que rara coincidencia, (me digo a mi mismo), porque suena a una triste canción con letra de la CIA.
La última muerte fue la del marine Brett D. Shadle el viernes pasado, quien perdió la vida mientras hacía maniobras de paracaidismo nocturno cerca de Marana, Arizona.
En febrero, otro de los marines que participó en la operación, (el que disparó al terrorista Bin Laden en el ojo izquierdo y acabó con su vida), acusó al Pentágono de “maltratar a los veteranos”. El soldado dejó la vida militar en septiembre de 2012, y aseguró que después de 16 años sirviendo a su país, el Pentágono no le cubría ningún seguro médico ni pensión.
Me río a solas, como un loco, cuando pienso en todo esto.
Todos nosotros, los que alguna vez formamos parte de esa vida de soldados, los que nos odiamos por saludar a diferentes banderas, los del norte, los del sur, los amarillos, los negros, los blancos, los judíos y cristianos, los musulmanes e infieles, los que algún día oímos caer los morteros y la artillería en ejercicios de combate, los que dispararon contra un cementerio y removieron las tumbas para desalojar a otras "ratas" iguales que ellos, los que han vivido ese infierno macabro y de pésimo gusto, al final, terminamos todos juntos bailando el mismo baile grotesco del desprestigio, borrachos de aventuras, de nuestras cuotas de mujeres y de alcohol en regiones remotas, y adormecidos como en los sueños líquidos del opio.
Estos hombres, los que han vivido en la intemperie de esas vidas, por aventura, por necesidad o convicción, son los únicos que poseen el derecho de reír y criticar, simplemente porque esa acción otorga vida a una palabra olvidada: La Moral.
