Discusiones científicas respecto de la definición y caracterización de la psicopatía evidencian la complejidad del concepto.
Se acepta que se trata de un trastorno de personalidad antisocial que se caracteriza por un patrón dominante de intención y vulneración de los derechos de los demás.
En esta nota pretendo transmitir pasos que una persona con tendencia psicopática, y por lo tanto manipuladora, va recorriendo para “manejar”a otra persona.
Otra persona que queda negada en su propia subjetividad y reducida a comportarse como una especie de “objeto” usable.
Me centraré, por lo tanto, en el vínculo y los pasos de formación de ese vínculo entre una persona con tendencia psicopática y una persona con un cierto nivel de vulnerabilidad.
En un primer paso, la persona con tendencia psicopática “capta” el punto de vulnerabilidad de la otra persona, su talón de Aquiles, su punto flojo.
Actúan con esas características situaciones tales como: una particular e intensa necesidad de ser reconocida y querida, un déficit económico, falta de posibilidad laboral, defectuosa documentación (por ejemplo, en el caso de una persona inmigrante), severa falta de confianza en sí misma, ausencia de conocimientos básicos (lectura, escritura, cálculo).
Son sólo algunos ejemplos.
La persona con tendencia psicopática tiene una enorme capacidad para captar ese elemento (o elementos) de vulnerabilidad en la otra persona.
En un segundo paso, la persona con tendencia psicopática, habitualmente con mucha simpatía y fraguando empatía, se encarga de “agrandar” el problema de la otra persona.
Le hace sentir que su problema es gravísimo y puede llevarlo a situaciones extremadamente riesgosas.
En un tercer momento, la persona con tendencia psicopática se hace ver y se propone como la única solución para la otra persona.
Únicamente al lado de ella resolverá su situación o la misma permanecerá oculta.
Habitualmente, oscilando entre la simpatía, la falsa empatía y la severa seriedad fundamenta fraudulentamente que solamente ella podrá hacer algo por la persona en situación de vulnerabilidad.
En un cuarto momento, ofrece una pequeñísima parte de esa solución.
La otra persona queda encerrada entre no recibir nunca lo suficiente como para poder acceder a reubicarse positivamente en la vida y el pánico a abandonar a la persona con tendencia psicopática porque se ha convencido (la ha convencido) de que en ningún otro lugar obtendrá esa pequeñísima parte que recibe.
En el quinto paso, la persona psicopática goza (goce sádico) de haberse hecho de una especie de esclavo a su disposición y dependiente de ella.
La persona que ha quedado en situación de dependencia ha sido despojada de su individualidad, de su capacidad de decisión y, fundamentalmente, de su autoestima.
Es probable que en algún momento pueda visualizar esta situación por volvérsele insoportable.
Tal como en la nota que escrbí ayer respecto de la secuencia de los celos, cuanto antes pueda descubrirse esta trama siniestra, más rápida y efectiva puede resultar la salida de la misma.

