"El polo inmoral" por Guillermo Rivelis

Carlos Riedel20 octubre, 2023

Escribí en una oportunidad:

"Veo en televisión una playa en Israel".

Mí mirada se dirige a niños jugando con sus papás. Me parece hermoso.

Al ratito pienso: 'Niños que en un futuro bastante próximo estarán en el ejército y probablemente en la guerra'.

Me corre un escalofrío.

Imagino escenas de niños palestinos jugando con sus papás. Y mi razonamiento es el mismo.

Recuerdo una película que vi hace algunos años. Trataba de la historia de Amos Oz, escritor israelí fallecido hace pocos años, incansable trabajador por la paz entre israelíes y palestinos.

Sobre el final de la película se escuchaba la voz de Amos Oz.

Decía que las víctimas se pelean entre sí.

Que cuando un padre maltrata a sus hijos, los
hijos se pelean entre sí porque cada uno ve al padre en los ojos del hermano.

Decía que los judíos fueron expulsados de Europa.

Y que los palestinos fueron colonizados por Europa.

Y agregaba que hoy 'hacemos' la guerra entre israelíes y palestinos.

Decía que los israelíes ven en los palestinos nuevos nazis.

Y que los palestinos ven en los israelíes nuevos colonizadores.

No es la única guerra en el mundo.

En varios lugares del mundo, seres humanos se enfrentan con seres humanos.

Se señalan intereses políticos, geopolíticos, económicos, de poder y dominación.

Seguramente los hay.

Pero, considero que esa forma bélica y brutal de pretender "imponerlos - defenderlos' constituye en sí misma una muestra lacerante de una falla en la Humanidad que en su evolución, en su lento proceso de humanización, no ha podido aún reconocer la semejanza fundamental que tenemos los seres humanos por ser humanos.

Humanidad que, en conjunto, no ha podido comprender que lo que llamamos 'enemigo'' es un 'semejante'.

Miguel Savage, soldado en Malvinas (conscripto, a los diecinueve años) expresó en un conmovedor reportaje en F.M. Radio 89.9, Radio con Vos, que la guerra es 'la peor inmoralidad de la civilización'.

'Los que realmente habíamos estando matándonos veníamos respetándonos porque nos habíamos dado cuenta que las guerras son anónimas y que cuando uno interactúa con el enemigo el concepto de enemigo se cae a pedazos'.

Con emoción, relató cómo en el Canberra, transatlántico que trasladó a cuatro mil ciento setenta y dos soldados argentinos (todos conscriptos) con serios problemas de alimentación y exposición al frío, y a soldados ingleses (todos militares), unos y otros venían conversando y respetándose.

El concepto de enemigo se cae a pedazos.

Donde estaba el enemigo aparece y se hace presente el ser humano, el semejante.

Suele decirse que en la guerra se trata de 'matar o morir'.

Testimonios de personas que han estado en la guerra (las guerras) hacen pensar que no se trata de 'matar o morir', sino de 'matar y morir'.

Algo de quién mató, muy probablemente por fuera de su personal voluntad, murió en el espeluznante momento de matar.

Dificilísimo duelo.

Duelo por el otro que ya no está.

Duelo por la parte propia que ya no está".

Hace poco más de un año escribí lo anterior.

Insoportable me resulta pensar y saber que esos niños o algunos de ellos que vi y los que imaginé, muy probablemente estén muertos.

Porque desde el sábado 7 de octubre la guerra que no es entre palestinos y judíos, sino entre Hamas y el gobierno del Estado de Israel ha producido bombardeos sobre civiles.

Allí donde estaban los niños que jugaban con sus padres.

Evitaré escribir lo espeluznante que todos ya sabemos.

Lo inimaginable.

Lo atroz.

Recordaré que el filósofo Martín Buber afirmaba que no hay dos clases de hombres, sino dos polos de humanidad.

Tenemos ahora en primer plano el polo de la humanidad más siniestro, el que Miguel Savage designa como "la peor inmoralidad de la humanidad".

No creo que la cuestión sea "combatir la guerra para que triunfe la paz".

Entiendo que eso encierra un contrasentido.

Por la paz no se combate.

La paz se construye.

Contra la guerra no se combate.

La guerra se supera.

La humanidad superará la guerra.

Cuando reconozca la semejanza fundamental entre unos y otros por sobre las diferencias.

Y pueda articular las diferencias para beneficio y enriquecimiento cultural y espiritual de todos.

Eso lo tenemos que hacer todos.

Todos los días.

Haciendo prevalecer en cada uno de nosotros el polo amoroso, bondadoso, solidario de la humanidad.