Busca grietas por donde manifestarse.
Ocurre que muchas veces no percibimos esa manifestación.
O no sabemos traducirla.
Otra cosa también sucede.
Y es que no veamos la gran verdad que se manifiesta por buscar una verdad de segunda importancia, a la que consideramos "la" verdad.
Hamas y el gobierno del Estado de Israel adjudican al otro recíprocamente la autoría del bombardeo a un hospital de Gaza.
No sabemos cuál es la verdad.
Alguna vez esa verdad se manifestará.
Tal vez entonces la conozcamos.
O quizá, no.
Pero lo más complicado sería que la expectativa por el desconocimiento de esa verdad no nos permita reconocer la primera verdad.
Esta primera verdad es sumamente dolorosa.
Quien fuera que haya sido el brazo ejecutor del bombardeo al hospital, cruda e irrefutablemente se trata de una aberrante acción llevada a cabo por seres humanos.
Sucede que la humanidad tiene esa posibilidad.
Forma parte de la condición humana.
Como forman parte de la condición humana la bondad, la solidaridad, la capacidad creativa.
Vale para la humanidad y para cada ser humano.
Jung planteó claramente que reconocer los aspectos oscuros de la personalidad es fundamental para el conocimiento de sí.
Y también planteó que este reconocimiento encuentra importantes resistencias porque, entre otras cosas, tiene que atravesar un juicio moral.
Es necesario conocer y reconocer nuestra capacidad de hacer bien y nuestra capacidad de hacer mal.
Es la condición para que podamos regular y controlar nuestra propia posibilidad de hacer mal.
En mí opinión, la distancia entre la Religión Musulmana y el grupo terrorista Hamas y la distancia entre el Judaísmo y las acciones del gobierno del Estado de Israel son equivalentes a la distancia entre el Cristianismo y la Inquisición.
El Día de Arafah en el Islam, el Día del Perdón en el Judaísmo y la Confesión en el Cristianismo (distinta en el Catolicismo y en el Protestantismo) reconocen la posibilidad de un ser humano de proceder mal y producir daño.
La autocrítica, aparte de las religiones, consiste en el sano reconocimiento de los propios errores y de los propios malos procedimientos.
En mí consideración, esta es la verdad humana que se pone de manifiesto en la acción humana del bombardeo al hospital.
No lo entiendo como un acto inteligente.
La inteligencia está ligada al bien.
La inteligencia reconoce que el otro humano potencia nuestra propia inteligencia.
Es inteligente en un ser humano comprender que tiene necesidad de los otros seres humanos.
Y que la aniquilación de otro humano implica la auto aniquilación.
Quien da rienda suelta a realizar el mal y se justifica a sí mismo no es alguien inteligente.
Puede ser alguien con altas capacidades, con alto coeficiente intelectual aplicados al mal.
Podemos observar, entonces, que personas con altas condiciones y alto coeficiente pueden concretar acciones propias de mentes desquiciadas.
Puede parecer que estamos muy lejos de poder intervenir en el proceso político y, lamentablemente, bélico del mundo.
Y es probable que así sea.
Pero también es de fundamental importancia que consideremos que no es lo mismo, para uno mismo, para las personas con las que interactuamos y para el mundo, que cada uno de nosotros sea una persona entregada al mal o una persona que trabaja consigo mismo para proponerse y poder intentar ser, con entrega y con pasión, una persona de bien.

