Guadalajara, mi nueva ciudad...

Carlos Riedel15 abril, 2012

....y el caminante continuo con su destino. Andar, conocer, vivir como si la vida empezara a cada rato, a cada momento...

Por Sebastián Galarza desde Guadalajara. México

El sol golpea con fuerza toda la explanada del aeropuerto.

Aviones grises deambulan por la pista como pájaros queriendo escapar del calor.

Algo llama mi atención en una librería. La sociedad se refleja en las vidrieras tapizadas por las tapas de los libros. El problema de la violencia es  noticia de última hora. También es un gran negocio.

Tras el vidrio del comercio leo títulos muy gráficos: "Estamos hasta la madre", "Confesiones de un narco", "Hielo negro", "El cártel de Jalisco"...

Una publicidad gigante anuncia:"BIENVENIDO A LA TIERRA DEL TEQUILA".

Mochila al hombro, voy por el camino de salida hacia el mediodía luminoso. Más allá de la oficina de migraciones, veo el brazo levantado y un puño cerrado agitándose al viento.

Es mi bienvenida, también un reencuentro muy esperado, de esos que tienen sabor a viejo, a una vida pasada y a un nuevo comienzo.

Emociones inundan la mente y el abrazo con un hermano marca el comienzo de un día distinto, cargado de expectativas.

La ciudad es considerada la más emblemática de Mexico, es la que dió la imágen de ícono al pais.

Del estado de Jalisco son originarios el MARIACHI, el TEQUILA y la CHARRERIA y su capital es ésta ciudad, GUADALAJARA.

Viajamos hacia el centro de la ciudad con las mochilas cargadas en una camionetita color azul. Autopistas gigantes se entrelazan en una maraña de acero y cemento.

Contrastan con portales coloniales de estilo español y planteras de arcilla de las que cuelgan ramas con floridos colores.

Todo tiene color rojo, blanco y verde. Las chicas lucen cintas con colores patrios en las cabezas y regalan sonrisas amables.

Los puestos callejeros venden comidas típicas y refrescos variados a precio económico.

En los mercados se sienten los verdaderos sabores locales. Burritos, tacos, toritos y aguas de jamaica, son una fiesta de alegría para un paladar forastero.

Caminando por las calles, el viajero echa a volar la imaginación.

De repente pareciera que el tiempo se detiene y las imágenes traen a la memoria la figura de "El Zorro" caminando por los tejados rojos perseguido por soldados de sombrero ancho y espadas de plata.

En el centro de la ciudad se mezclan elementos modernos y de tiempos lejanos.

Bancos multinacionales se levantan en moles de granito como enormes elefantes grises y en la vereda del frente, cuelgan ropas de los balcones de rejas con hierro forjado, secándose al viendo, bailando en la brisa.

Es la mitad del mes de septiembre, vísperas de la Independencia y el pueblo está de fiesta.

La noche del 16 la ciudad se viste de sombreros y bigotes para celebrar con ríos de tequila el aniversario de "EL GRITO", la proclama insurreccional que el cura MANUEL HIDALGO pregonó al pueblo reunido en una plaza, para revelarse contra la autoridad española en 1810, dando el origen al proceso de Independencia.

Ahora, sentado en en pequeño escritorio frente a una ventanita luminosa, escribo notas y escucho el bullicio de las calles, siento los olores de las tortillas de maíz.

Desde la puerta de un placard me observan inquisidores, los rostros de PANCHO VILLA y EMILIANO ZAPATA pegados en un viejo afiche de recompensa.

Es una historia apasionante y todavía desconocida para mi.

Pronto me iré metiendo bajo las pieles de sus vidas, buscando, como siempre, ese sabor a aventura que me hace sentir vivo...