Crónica de un viaje mochilero por la Sudamérica andina...Cae la tarde. Dejamos atrás la aduana boliviana y nos dirigimos rumbo a la frontera del Perú...
Desde Guadalajara. México
Veo la hora en mi reloj, son las 18 y 30. Nos esperan 10 kilómetros desde el pueblo boliviano de Copacabana y el frío nuevamente se hace sentir con las últimas luces del día mientras iniciamos la marcha a pie rumbo a la localidad fronteriza de Kasani.
Somos 4 jóvenes viajeros argentinos que ingresamos caminando a un nuevo país.
Trámites de migraciones, revuelo de viajeros, algún ladronzuelo inoportuno que aprovecha el desorden para hacerse de un botín. Veo a Celeste saltando de alegría sobre una línea marcada en el asfalto que anuncia el fin del territorio boliviano. Ya estoy nuevamente en el Perú, siete años después regreso a estas tierras.
Ahora mi misión es otra. Ya no llevo un fusil entre las manos ni municiones para la ametralladora en mi mochila. Mi arma es una cámara fotográfica Canon y en la mochila llevo agua, una carpa, mapas, algo de ropa, libros y un cuchillo que utilizo de herramienta para usos diversos.
Ahora soy un periodista free-lance, un cronista libre, y un joven dispuesto a contar la historia de estos caminos invisibles de la América Latina. Pero igual sigo siendo un aventurero, un viajero con espíritu de soldado.
Hay quienes dicen que esta parte del Perú es pintoresca y tranquila. En mi opinión estos parajes son desolados, áridos y fríos El paisaje de esta puna pelada y ventosa me produce un sentimiento de nostalgia y rechazo. Me dan ganas de seguir viajando hacia el norte. Quiero salir de este lugar.
Hasta hace poco tiempo, viajar por estos parajes era peligroso e incierto. La sierra peruana estaba dominada por células rebeldes y grupos guerrilleros armados bajo el nombre de "Sendero Luminoso", una guerrilla comunista de línea marxista-leninista que asoló el país a lo largo de casi 20 años en una lucha sangrienta y brutal, con el objetivo de ganar el gobierno del Perú e instaurar un régimen comunista.
Comenzó como una lucha de los pobres contra los ricos, de los campesinos y aborígenes contra la opresión de los señores terratenientes de la capital; pero terminó siendo un conflicto de pobres contra pobres y una lucha estéril en las sierras, en las calles y en las selvas. A lo largo y ancho del país se respiraba inseguridad y desolación.
Ahora, ese tiempo pasó. El viajero puede disfrutar de la calidez de estas gentes y de la naturaleza árida de esta ancestral región...


