DEGENERADXS: CADA QUIEN, SU RUMBO

Carlos Riedel21 julio, 2017

La taberna ofrecía un cálido refugio para los impíos.

– ¿Le ofrezco algo, señor?

– Por el momento solo baja el volumen, estoy tratando de concentrarme.

– Lo que ordene.

– Y, dime otra cosa, ¿ha venido?

– ¿Señor?

– El Dock.

– La última vez estaba aquí con usted; aquella noche era como ésta, pero no llovía. Su hermano ocupó el asiento donde ahora están subidos sus pies, conversaron por horas. Él se terminó 12 cervezas, pero a usted le duró un solo un trago. Debe gustarle mucho.

– Gracias Frank, eres, de este lugar, el que aún tiene modales.

–Quedo a sus órdenes. Si quiere, le traigo su coñac.

–Hoy no, quiero seguir otro momento contemplando; pero tráeme otra cajetilla de faros.

–Enseguida.

Mientras bajaba las escaleras hacia el salón principal, el sonido de pláticas y carcajadas sonaban en estruendo. Tomó la cajetilla y se aproximó para bajar un poco el volumen.

–Pero… ¿qué demonios? ¿Por qué escuchamos esta pendeja música, qué nunca hay algo más que escuchar aquí?– dijo el que estaba más cercano a la rocola.

– La música no se cambia, no hasta que “él” lo haga, tú ya deberías saberlo – respondió Frank.

–Vengo aquí desde hace una semana y no han dejado de sonar esos pinches boleros.

–Y seguirán sonando; todos los que entran aquí son bienvenidos con la única condición de no tocar ese aparato. ¿Por qué no te callas y te sirvo otro trago?

–Está bien, sírveme coñac.

–Lo siento, de eso no te puedo dar.

– ¡Carajo! Pues lo que sea, ya.

Muy molesto, escupió su puro en el suelo y se volteó para su mesa, alguien de al lado tocó su hombro y dijo: –Aquél que dejó sonando ese disco, dicen que no ha venido desde hace 6 años. Yo pienso que el bastardo ya está muerto –.

–Cuidado con lo que dices, no querrás que se entere que estás insultándolo así – Respondió uno que tomaba tequila cerca de ellos. Pero, desinteresado, el hombre continuó. –Mira, pocos aquí todavía quieren creer que el Dock aún ronda por estas calles de sangre; en este pueblo, se han cometido peores pecados, ¿qué significa cambiar unas pinches canciones?

– ¿Y quién chingados es el Dock?

–Tu final – dijo el que bebía tequila, que se sentó en la misma mesa. – Los boleros, por si no sabían, era lo único que él se dignaba escuchar, y no porque le gustara, era su esposa la que se los ponía en las mañanas. Créeme, él debía escuchar, sentir, que aunque tenía el peor  trabajo de la vida, alguien lo esperaba en casa para amarlo –.

–¡Ja ja! ¡Es un marica! Yo vine a tomar un trago y lo haré escuchando canciones de hombres.

Se levantó de su asiento y se dirigió a la rocola, mientras contaba los centavos que sacó del bolsillo; en cuanto llegó al aparato, todos los visitantes callaron y un tremendo silencio reinó en el lugar.

-¿Qué? ¿Les di miedo, putitos?

Volteó para depositar las monedas; su mano no alcanzó a tocar la ranura, cuando una navaja muy afilada desprendió su mano del brazo. El shock lo dejó helado, estaba a nada de gritar, pero fue tomado del cuello y asfixiado hasta morir.

–Nadie quita mis boleros.

El lugar parecía como si estuviera vacío. Todos,  menos uno, bajaron la mirada.

– Dock. Qué gusto tenerte aquí de nuevo, ¡tantos años!

–Frank, mi amigo, sírveme una cerveza.

–Claro. Por cierto, alguien lo espera, señor.

–Lo sé, prepara un coñac también.

AARÓN MIAN PEREZ: (CD.MX., 1994) Lic. Artes visuales cortesía de la Facultad de Arte y Diseño UNAM; dibujante cantautor y con un gusto por escribir cosas que nunca le han pasado, pero que daría lo que fuera por vivirlas tal cual las plasma en el papel.