Se llama Salvador y le dicen "Chava"...

Carlos Riedel27 junio, 2017

Se llama Salvador y le dicen "Chava", igual que al resto de los "salvadores" que conocí en México. Y además de mi amigo, es un viejo aventurero, sobreviviente de una vida dura y corredor de largas distancias.

Durante los años que he vivido allá en Guadalajara tuve la ocasión de convivir cerca de él. Entonces podría decir que lo conozco bien. El fulano es un tipo peculiar, del género de los empáticos; lleno de vida, de anécdotas, de malicia picaresca y de buen humor, todo mezclado, y al mismo tiempo es un individuo cabal, buena gente. Por eso hoy escribo por él, para darle una mano, para apoyarle un poco, como quien dice.

En otra etapa de su vida el chava viajó, viajó mucho y lejos (igual que yó), no como un alegre turista sino para buscarse la vida. Y lo mismo que me pasó a mí, a él también le tocó hacer el trabajo sucio, el trabajo duro y peligroso. Otros eran los que ganaban el dinero, pero con eso se ganaba la vida y era feliz.

Ahora el Chava tiene un sueño y por eso lo estoy ayudando, desde donde puedo: desde mis letras, el otro territorio donde también aprendí a moverme. Porque ahora me toca a mí estar del otro lado del charco y la distancia, a veces, es mucha.

Hoy escribo porque simplemente no puedo olvidarme de este amigo, que ahora necesita de nuestro apoyo, y el hacer esto me aporta a mi también algo de felicidad. Chava es uno de los mejores y más leales amigos que tuve nunca. Compartimos, junto a otros náufragos del mundo, momentos memorables y fascinante mientras corríamos bajo el sol, quemándonos la piel de la espalda a través de las montañas y de los bosques mexicanos, durante largas horas y muchísimos kilómetros. Nos acompañábamos entonces y, un par de años después, por la magia de este chisme llamado tecnología, nos acompañamos todavía.

Con la vida que he llevado y con los golpes (que fueron muchos), he dajado de creer en muchas cosas que antes eran para mi, verdades supremas. Pero al mismo tiempo comencé a creer en algo distinto, llamado "ley de la reciprocidad", en aquello del balance entre dar y recibir. Por lo tanto me considero un tipo afortunado (al menos lo sigo siendo por ahora), y mucha de esa fortuna nació de la mano que me tendieron personas como Chava, o como otros buenos amigos que no nombro ahora para no quedar mal con ninguno, porque todos ellos se merecen igualmente, el mismo reconocimiento.

Entonces, buena suerte y buenos vientos a mi amigo chava, y sigamos fomentando sueños locos, porque de eso se trata esta pinche aventura de vivir.