Los nazis, también contra los preservativos

Carlos Riedel11 agosto, 2012

En "Fromms, una historia emblemática", el periodista Gotz Aly y el historiador alemán Michael Sontheimer, reconstruyen la historia de una fábrica de preservativos que los nazis saquearon, destruyeron y robaron un año antes del comienzo formal de la guerra, en 1939, agregando un episodio de barbarie más a la larga cadena que enarboló el Reich y Hermann Goering en particular.

Por Pablo E. Chacón (Telam)

El subtítulo del libro, recién publicado por la casa Capital Intelectual, "Cómo los nazis `desjudaizaron` la mayor fábrica de preservativos de Alemania", introduce una variante: se trataba menos de ir contra la fábrica que contra los judíos.

Conviene no olvidar que en 1938, Goering era el segundo en la línea sucesoria de Hitler, y el encargado de expoliar la fortuna de los judíos, bajo las formas de obras de arte, expropiaciones compulsivas y apropiaciones de bienes con valor material y simbólico, previo a la materialización de la "solución final", que empezó antes de la llegada de los nazis al poder.

Aly nació en 1947; se formó como periodista y estudió ciencias políticas e historia. Entre sus libros se destaca "La utopía nazi. Cómo Hitler compró a los alemanes".

Sontheimer nació en 1955; estudió historia, politología y publicidad. En la actualidad, escribe en la revista Der Spiegel. Escribió varios libros, entre los que se destaca "Berlin, Berlin. Der Umzug in die Hauptstadt".

La historia que estos analistas descubren en este libro es la de la fábrica Fromms, cuyo titular, Julius Fromm, fue el creador del primer preservativo del mundo.

Escriben los autores que investigan la pista de algunas fábricas alemanas de la época, olvidadas o destruidas, que por esa senda conocieron la historia de Fromms, "que los historiadores, casi sin excepción, ignoran".

Aly y Sontheimer sostienen que las empresas alemanas (algunas de las cuales financiaron la economía del Reich) "hicieron reescribir su historia con el objetivo de `blanquear` ese pasado vergonzante. Y que no todos pudieroN o hicieron lo mismo".

Sin embargo, como las pesquisas sobre las obras de arte robadas o las fortunas escondidas en diversos paraísos fiscales, el efecto puede volverse en contra y revelar que muchos de esos industriales, de alguna manera colaboraron con el régimen nazi.

Y que por carácter transitivo, gran parte de la sociedad civil de la época no se opuso (excepto los propios judíos, los comunistas y los gitanos, si se suman algunos anarquistas y disidentes) al delirio imperial teutón que segó 50 millones de vidas en poco más de cinco años. No fue el caso de Fromms Act.

Los investigadores destacan que en los años 20, la fábrica de Julius Fromm, que abastecía (con idea de ampliar sus sedes) a los alemanes de un producto "fino, transparente y triplemente comprobado" (el preservativo), resultó, pese a los pedidos del hombre de obtener la ciudadanía, puesta bajo la mira del Reich en 1934 y expropiada cuatro años después.

"En 1938, Goering le incautó (a Fromm) la próspera empresa y se la entregó a su madrina, quien a cambio le entregó dos castillos (en uno de los cuales fue atrapado por los aliados). La fortuna del hombre terminó en el tesoro público de Hitler".

Y el "milagro", por llamarlo de alguna manera, fue que tanto Fromm como su familia, dispersos por todo el mundo, lograron huir del genocidio planeado por la plana mayor del régimen, Goering en especial, Heydrich y Eichmann.