Caperucita roja

Carlos Riedel20 junio, 2015

Por Leonardo Killian... 

Arma

En el piquete de la ruta tres, aparece invariablemente con una campera con capucha roja de Independiente de Avellaneda. Ha veces, cuando anda sin guita sale con el hermano a afanar. El walkman que lleva siempre enchufado a las orejas se lo hizo en Ramos.

Caperucita, como le dicen los muchachos del piquete de Alderete, vive en el fondo de Villa Scasso, en Gonzalez Catán. Junto con sus siete hermanos, apenas si entran en la casita de material que levantó el viejo, un albañil que ya murió hace años de cirrosis.

La madre hace lo que puede y alguno de los hermanos hace changas y casi todos tienen algún plan provincial de 150 mangos.

La abuela, que anda por los cincuenta y pico, trabaja de puta y vive en Laferrere.

Como el teléfono no existe, la vieja la manda un día a ver que pasa con la suegra de la que no sabe nada hace rato.

Cuando llega escucha ruidos raros y al entrar, asustada, la encuentra acostada con Ledesma. El lobo Ledesma es un pesado de la zona y tiene fama de violador, de hecho hasta las chicas le tienen miedo y evitan cruzar por donde vive La piba se asusta y sale a los gritos sin darse cuenta que la casa está rodeada de canas.

A Ledesma se la tienen jurada hace rato porque los mejicaneó con una falopa que terminó vendiendo el solo. La cana entra a los tiros y hace la carnicería de siempre, no se salvan ni los perros. Lo último que escucha son las puteadas y los gritos de la vieja. El lobo no alcanza a rajar. En calzoncillos intenta saltar la tapia del fondo pero lo acribillan a balazos.

Abuela y nieta lloran abrazadas junto a los perros muertos (la única compañía de la pobre vieja). Tiemblan de miedo, de vergüenza, de odio.
Haciéndose el distraído, el comisario se mete en el bolsillo el reloj de oro de Ledesma que está en la mesita de luz.

Esa noche Caperucita le pide al hermano que le consiga un fierro. Ya no va a volver al piquete y va a empezar a salir de caño.

El revolver es una reliquia que había sido del abuelo correntino. Un calibre 45 que en las manitos de "la Jesi" parece un cañón. Todavía no cumplió 15 y con el chumbo se cree Rambo.

Tres meses después, los perros de un vecino de Isidro Casanova la encuentran en un basural. Tiene catorce balazos en el cuerpo y uno en la cabeza.

Colorín colorado.