Relatos DesparejosNovedades del ascenso ( por Miguel A. Di Fino)

Miguel Di Fino7 septiembre, 2014

(Ficciones en una ciudad de la furia)....

Fútbol_ascenso

La aguja del segundero del despertador recorría, con regularidad inalterable, la esfera, en otra noche –como tantas-, en las que el cansancio cotidiano, inalterable también, lo vencía.

La mañana del día siguiente lo esperaba para encarar una jornada futbolera de sábado, en la que debería cubrir el partido que jugaría el “Viola” con “Midland”.

Pensó que no era un mal programa, considerando que el “Viola” –“el Holanda de la C” como le decían-, podría salir campeón en un 1975 que le había prodigado pocas alegrías en su trabajo como periodista en radio “Nuclear”; aunque tenía alguna satisfacción -le brindaba unos mangos extra-, porque pasaba el informe del partido en radio “Rivadavia”.
No, al final de cuentas, no era un mal programa de sábado.

Claro que a su mujer seguía sin causarle ninguna gracia que los fines de semana estuviera atado al fútbol del ascenso.
-Omar, dejáte de joder…, si no fuera por la fábrica, en esta casa no se comería- sentenciaba la Beti.
Pero Omar no podía relegar su frustración juvenil de ser periodista, y la transmisión de radio, los preparativos, el vestuario, la hinchada, lo podían por más que cobrara unos pesos miserables y la Beti le repitiera lo mismo una y otra vez.

Por eso cuidaba celosamente su grabador de seis pilas medianas siempre activas, el micrófono, el estuche y, por supuesto, una decena de “cassettes” vírgenes para registrar lo que pidieran desde el equipo deportivo. Es más: el grabador dormía a su lado, sobre la mesita de luz, cada noche de cada día…

Y no va que en algún momento, previo a esa noche de viernes, su hijo Fabián de ocho años se metió al dormitorio, oprimió “Rec” y “Play”, y dejó al aparato grabando.

Omar era de dormirse bastante pronto, aunque su mirada recorriera un rato cada noche la esfera del reloj despertador…Y se durmió nomás.

Rápido para levantarse, cuando la alarma sonó a las ocho de la mañana, buscó enseguida el grabador...y empezó a putear ante lo que significó descubrir que estuvo encendido toda la noche. Con enojo, sacó el “cassette” de noventa minutos de duración y lo hizo a un lado en la mesa de luz.

-Éste fue el pendejo…- se dijo.

Se levantó, cambió las pilas, puso uno virgen y enfiló para el “Palacio Hotel”, donde se juntaban con los de la radio para emprender la jornada. Contó lo que le había ocurrido y despertó risas y tomadas de pelo de los presentes, mientras todos apuraban un café matinal.

-Che, ¿por qué no le das unos litros de tilo al pibe, así duerme más que vos y no te toca el grabador…?- le soltó Tito, el operador de exteriores.

-No, mejor ponele guantes, así no puede apretar los botones…-dijo Hugo, el relator.

La jornada futbolera le deparó un triunfo del “Viola” como visitante y él volvía satisfecho sobre todo porque había grabado notas que se emitieron en el resumen deportivo de “Rivadavia” y, encima, lo felicitaron por el trabajo realizado.

Volvió como a las ocho de la noche y la Beti le había dejado una nota: se iba al cine “Campana” con su hermana y el nene se quedaba de su suegra.

Refunfuñó. No la aguantaba a la vieja.

Se bañó, comió algo, empezó a ordenar el material obtenido y en su paso por el dormitorio, encontró el “cassette” que descartó a la mañana en la mesita.

-¿Qué carajo habrá quedado grabado acá…? Éste pendejo…- pensó.

Hasta que llegó a la mesa de la cocina, supuso que la grabación había registrado sus ronquidos y agradeció que la Beti no se hubiera puesto cariñosa esa noche…Aunque…

Se sentó y empezó a ordenar: lo que trajo, las cintas que llevaron al estudio para transmitir a “Rivadavia”, las pilas de repuesto, el micrófono…Miró el “cassette” descartado; lo introdujo en el grabador. Rebobinó y puso “Play”.

La cinta empezó a reproducir las notas que hiciera después del partido para las radios…Era su voz, el sonido ambiente del vestuario, las opiniones de los jugadores, los intercambios con el lector o el comentarista.

Quedó como detenido en el tiempo, con la mirada fija y perdida en el grabador, con el mate cebado en su mano izquierda.

-Pero…si ese “cassette” quedó acá desde la mañana y los de la transmisión están en la radio…¿qué pasó, carajo, qué pasó…?- se preguntaba en la soledad de la cocina.

Seguía ahí, inmóvil, abstraído, cuando llegó la Beti del cine y le preguntó qué le pasaba.

-Nada, Negra, nada- dijo, como volviendo de algún lugar.
Apagó el grabador.

Apenas atinó a preguntar: “¿Y el nene…?”

Sábado a la noche.

Omar miró como nunca otra vez la aguja del segundero del reloj.
Se viene el domingo y aunque no tiene transmisión , seguro que pasan sus notas en el programa radial “Novedades del ascenso”…

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