Puro CuentoEsto no va… (Rosario en La Plata, la historia en la calle…)

Carlos Riedel15 marzo, 2020

Por Profe Adriana Raquel Musumeci

La Plata, que tenía una población estudiantil multitudinaria, era una ciudad bulliciosa, esperanzada, viva.

Las paredes latían con las pintadas que desconocían el temor a la cana. Eran las ansias y razón de las intrincadas discusiones que se desarrollaban en miles de cuartos clandestinos.

La gente sonreía en las calles, se podía percibir cierta satisfacción por lo que se hacía (o por lo que se sabía que otros estaban haciendo).

Este pensar y actuar humedecía los rostros de los jóvenes que, como ella, volaban hacia otro tiempo, mucho mejor, libre, espacioso, compartido, justo.

Rosario, ya en esa época, confiaba en los libros –como antes, como siempre, como ahora. Eran para ella la mejor fuente de conocimiento; tenía con ellos una relación de intimidad que no lograba tan fácilmente con las personas. Su cerebro vibraba y trituraba las palabras, en una masticación apasionada.

Apreciaba, sobre todo, su complejidad.

Pero no tenía a mano ninguno que le explicase bien de que se traban el peronismo y las otras corrientes que amenazaban ese mundo que a Rosario le parecía injusto.
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La Plaza Belgrano es la primera que aparece en La Plata cuando se entra desde Buenos Aires por la avenida 13. Esta calle anchísima la corta por la mitad.

Es una de las plazas más feas de la ciudad: mucho cemento, de un lado un espacio con una especie de pérgola con caños sin enredaderas y del otro un monumento al prócer, que podría haber sido más lindo.

Allí vivió Rosario su primera participación en un acto público.

Se acercaban las elecciones del `73…

Todo era peronismo.

La proscripción había sido levantada por el gobierno de Lanusse, pero Perón todavía no había vuelto al país.

El candidato a presidente era Campora, un viejo al que le decían “el Tío” y había sido delegado personal del otro Viejo que todavía estaba en Puerta de Hierro.

El candidato a vice: otro viejo más, un conservador que estaba ahí como parte del FREJULI, el Frente Justicialista de Liberación, la coalición política que se había formado para las elecciones.

Una noche brumosa Rosario fue a un acto que se realizó en la Plaza Belgrano.

Alguien que no recuerda la invitó.

En esa época los militantes trataban de “captar” adeptos para su causa y Rosario debía parecer una posibilidad interesante.

Por casualidad, estuvo ahí.

Una noche brumosa sin cielo ni estrellas; los arboles difusos, las casas lejanas.

Solo lo humano y sueños dispares que se unían en una fracción de historia.

Bombos, cánticos, consignas, brazos en alto con la V de la victoria en sus manos, sudor de cuerpos, saltos acompasados, la algarabía de quienes estaban convencidos de que, con el peronismo en el poder, los padecimientos de las masas populares se acabarían.

Con ellos de abanderados entendían que era el fin de la era de la resistencia y comienzo de la construcción de la Patria Socialista.

En el peronismo había de todo como en botica: sindicalistas de derecha y de izquierda, guerrilleros y fachos y gente, mucha gente.

Pero ese día ahí estaba la JP, la militancia universitaria, vitoreando a esos personajes que disfrutaban de su posición, sabiendo que eran solo el puente para la llegada de Perón: Campora al gobierno, Perón al poder.

Los candidatos saludaban y sonreían infantilmente desde una especie de tráiler que habían ubicado en el medio de la calle.

Si hubo discurso fue breve y compuesto de las consignas consabidas. Un discurso agitativo, una comunión sobre la insustancialidad, sobre el error de apreciación… Una comunión ideológica de mierda que llevo a muchos al desastre personal, a la muerte.

Era un día del ’73…

Si Rosario hubiese pensado algo en ese momento hubiese sido: Esto no va...

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