Puro CuentoEl Silbido

Carlos Riedel12 octubre, 2019

Por JOSE ALEJANDRO ARCE...

 CREER O REVENTAR_

Agustín es hijo único y vive con su madre, hace aproximadamente 14 años la vida le quitó a su padre.

Estos hechos ocurrieron cuando el vivía con sus padres y contaba con 17 años, era muy salidor por las noches; de lunes a lunes no había manera alguna de hacerlo quedar en casa por las noches y que no saliera a encontrarse con amigos.

Una de esas tantas noches al salir de su casa sintió un silbido que le heló la piel, en la cuadra siguiente otro, y luego otro más lejano, y otro más cerca…, y así a intervalos frecuentes hasta una determinada esquina en la que su ciudad comenzaba a ser más céntrica y bulliciosa. Esto empezó a ocurrirle de manera rutinaria, noche tras noche. Agustín sabía, por creencias populares, que ese extraño silbido no era de éste mundo, era el conocido “silbido de las ánimas”.

Después de un tiempo y algo cansado y curioso, decidió contarle a sus padres sobre el extraño acontecimiento.

Una tarde estaban sus padres tomando mate en el patio delantero de su casa y ahí los encaró y les dijo:

- Che, tengo algo que contarles, algo raro que me anda pasando, al principio me dio miedo, pero ahora es como que ya me acostumbre y no le tengo más miedo.

Sus padres se miraron y luego lo miraron a él, demostrándole que estaban dispuestos a escucharlo, como siempre, brindándole todo el apoyo posible.

La madre replicó:

- ¡¡Que ya te mandaste otra ve’!!

El padre siempre cómplice, dijo:

- ¡¡Calláte vo’ y dejále que hable!!

Agustín comenzó a contarles:

- Hace un tiempo ya que al salir de casa un silbido me acompaña, y es uno tras otro; comienza acá en la esquina de casa y me va acompañando hasta la esquina de Buenos Aires y Caseros, y cuando vuelvo de estar con los vagos, en esa misma esquina me recibe y me acompaña hasta acá. La verdad que me llama la atención y me pregunto… ¿Por qué a mí?, no se que es…, sé que es un alma en pena…, pero como saber de quien!

La madre cebó un mate, se lo pasó a su padre y dijo:

- Rezále hijo, rezále… cuando vuelvas a escucharlo, rezále, porque puede ser tu madrina o alguno de tus abuelos.

Su padre acotó:

- Agarrá y mandále a la p…! y decíle que te deje de joder!

Agustín escucho las dos opciones y no sabía por cual decidirse.

Llegó la hora de bañarse, perfumarse y salir; Agustín se bañó, se perfumó y salió, pero esta vez salió algo desafiante con sus dos armas, dispuesto a batirse con lo misterioso, lo místico, lo sobrenatural. Arribó a la esquina de su casa y comenzó su relación con lo misterioso… un silbido aquí, otro más allá, otro más cerca… y pensó… rezo, pero se dió cuenta que no sabía rezar muy bien y temió que por ese motivo no sea eficaz esa acción; entonces optó por el consejo de su padre y en voz queda vociferó todo tipo de insultos e improperios –irreproducibles- y terminó por decir que no lo molesten más.

Llegó al bar de siempre, estuvo en rueda de amigos, charló, se rió, se divertía mucho, pero en su interior, no veía la hora de emprender el regreso a casa para ver que pasaba. Por fin tuvo que volver, caminó más rápido que de costumbre, no llegaba nunca, hasta que por fin estaba en la esquina del encuentro, pasó una, dos, tres cuadras… y nada, Agustín sorprendido; siguió caminando y debía si o sí cruzar por un sitio baldío, donde era un verdadero concierto de almas, pero esta vez…nada, nada de nada; hasta que llegó completamente sorprendido a su casa.

Al otro día no quiso hablar del tema con su madre, por la simple razón de no haber rezado y de sí haber hecho lo irreproducible. Su padre, cuando Agustín se encontraba sólo y demostrando complicidad, confianza y amistad entre los dos, se le acercó y le preguntó:

- Y…anoche…que tal?

Agustín respondió:

- Bien…todo bien…, por?

- ¿Qué pasó con el tema ese?

- Hice lo que me dijiste, lo mandé a la p…

- ¿Y?

- Desde la esquina que hice eso y hasta que volví a casa no lo escuche más.

- ¡Viste que te dije que tenías que mandarlo a la p…!

- Si, tenías razón.

Agustín decidió ir a estudiar a Corrientes Capital, quiso ser médico, sus padres estaban orgullosos y dispuestos a pasar todas las privaciones necesarias para que su hijo pueda llegar a realizar lo elegido.

Estaba Agustín estudiando ya y a punto de rendir su primera materia, el examen era el 10 de diciembre. El sábado 5 de diciembre Agustín estaba bañándose cuando sonó el teléfono de la pensión, le avisaron que era para él. Se apuró y salió con su toallón en la cintura, el cabello húmedo, todavía con algo de acondicionador capilar, obviamente sin peinar, y atendió el teléfono, del otro lado la voz de un vecino le decía:

- ¿Qué hacé papito?, mirá tú papá esta muy grave, prácticamente está despachado, ¿queré’ que te vaya a buscá’ con el auto?

Agustín replicó:

- Decime de una de que murió mi viejo…y mamá!!! ¿Cómo está?

Su vecino con sorpresa en la voz contestó:

- No, mirá, no es tan así, está grave…pero…

- Está bien, vení a buscarme, yo mientras tanto preparo mi bolso.

Preparó su bolso lleno de incertidumbre, pensando que va a ser de su vida de ahora en más, sintió que el mundo se le venía abajo, no tenía ganas de seguir con todo, pero todavía le quedaba alguien más que importante por quien luchar.

Sus vecinos llegaron, subió al auto y emprendieron el viaje. Al llegar a un cruce de rutas conocido como “Cuatro bocas”, uno de sus vecinos dijo:

- Mirá Agu, si por ahí, cuando lleguemo’, pasó lo que no queremo’, trata de apoyarla a tu mami.

Con estas palabras Agustín se dio cuenta que lo que presintió al escuchar a su vecino por teléfono…se había cumplido, contestó:

- Si está bien…quedate tranquilo…ya me vengo preparando.

La vida de estudiante –ahora sin su padre- transcurrió llena de sobresaltos, necesidades y a veces penurias; con un sin fin de anécdotas y vivencias, con las cuales Agustín llegó a conocer muchísima gente, de toda índole y para todos los gustos.

La historia del silbido se volvió a dar, pero en ocasiones esporádicas y por el transcurso de días nada más, ya que Agustín siempre optaba por lo más seguro…mandarlo a la p….

Cierto día y por esas cosas de la vida, una de sus vivencias lo llevó a conocer a toda una polígrafa en temas místicos, tarotista y vidente natural. Agustín se hizo muy amigo de ella y un buen día le contó lo que le sucedía con el silbido; la tarotista y vidente le pidió que la llevara a caminar una noche, en el momento en el cual este suceso se produce.

Una noche Agustín la llevo y al oír el silbido, la tarotista dijo:

- Es tú padre…, el del silbido…, es él…, te sigue acompañando y no te abandona.

Agustín sintió una mezcla de sensaciones en su cuerpo y en su ser, no sabía que hacer ni que decir, tenía ganas de ver con sus ojos a ese sonido, tocarlo, abrazarlo, decirle que lo extrañaba un montón y lo necesitaba, sintió ganas de llorar pero se contuvo. Después de esa noche sintió nuevamente el silbido, se sentía feliz, acompañado; pero…, era cosa de esa noche nada más; otra vez se sentía sólo y abandonado.

Pasaron los años y Agustín maduró hasta llegar a la adultez, regresó a su casa con su madre no llegando a ser médico –por cuestiones económicas- y juntos le peleaban día a día a la vida.

Como siempre habitué a la vida nocturna, no dejó de salir, pero ahora nada más que los viernes y sábados, el resto de la semana salía por cuestiones de trabajo o de estudio.

Una de esas tantas noches y después de algunos años, sintió un silbido, no quiso ilusionarse, siguió caminando y escucho otro más, y otro, y luego otro. Recordó las dos propuestas hechas por sus padres ante tal situación. Pensó…, puede ser papi, y se dio cuenta que no quería rezar, para que no se fuera y siguiera a su lado; menos que menos lo iba a mandar a la p….

Ahora, por las noches, sale a caminar sólo en busca de un silbido; muchas veces en su solitaria caminata dice en voz queda:

- Papi, ¿Qué pasa que no me acompañas hoy?, ¿Dónde estas?

Hasta que de repente siente el tan esperado silbido, le brillan los ojos, camina despacio como no queriendo llegar nunca a su casa y seguir en compañía de eso que le es – a pesar de su adultez- tan necesario, y que es la amistad, compañía, complicidad y amor de su padre, expresado en un simple, misterioso, extraño…, pero cálido silbido.

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JOSÉ ALEJANDRO ARCE: nació en Bella Vista, Corrientes, Argentina, el 13 de enero de 1972. Escribe poemas, cuentos y relatos. Tiene editados cinco libros, tres de poemas y dos de cuentos; un poemario inédito artesanal; y ha sido editado en seis antologías, dos internacionales, una nacional y tres provinciales. Director y editor de la revista literaria digital POETA y lleva adelante la editorial de libros artesanales AZAHAR ediciones. Organizador de eventos literarios y ferias del libro en su ciudad y en la región.

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