Macri, el ataque al Borda y Michel Foucault

Carlos Riedel5 mayo, 2013

“Agradezco la participación de todos los que colaboraron con esta melodía. Se debe subrayar la importante tarea de los perseguidores de cualquier nacimiento”. Resumen de noticias - Silvio Rodríguez.

borda

Macri

Abordar el padecimiento mental de una persona como terapeuta es una labor difícil que solo se puede llevar adelante con profundo conocimiento y preparación, pero además, con pasión y con amor.

El padecimiento mental si bien es un padecimiento individual, esta signado por juicios, prejuicios, lógicas de pensamiento absolutamente sociales. Ergo la sociedad y su cultura tiene una postura y una ideología clara del padecimiento mental.

Si hiciéramos un poquito del recorrido del libro “La historia de la locura en la época clásica” de Michel Foucault, veremos cómo este autor busca las causas de la locura en el ámbito material y contingente de una experiencia históricamente constituida, conformada por prácticas institucionales, procesos socio-económicos y formas de discurso, de cuya confluencia surge la figura cultural de la enfermedad mental.

De esta forma, Foucault nos ofrece una génesis de las prácticas sociales y discursos que han constituido las condiciones de posibilidad de las diferentes formas de subjetividad desde las que se ha entendido la locura.

Al mismo tiempo, estas prácticas sociales y discursos determinan en qué condiciones algo puede llegar a ser objeto de conocimiento, explican cómo se ha llegado a considerar algo que es necesario conocer, a qué recorte ha sido sometido y qué parte de él ha sido considerada y cuál ha sido rechazada.

Así pues, para Foucault, la historia de la locura en su constitución como objeto de conocimiento desmiente que se trate de una entidad natural y nos plantea que es construída socialmente. El de Foucault no es uno más de esos discursos expertos que desde la época clásica han silenciado a la locura en el preciso instante en que la han constituido en objeto de conocimiento y por tanto se han otorgado el derecho de hablar por ella; discursos que constituyen un monólogo de la razón sobre la sinrazón que acabó con el diálogo que la razón mantenía con la sinrazón en el renacimiento, cuando existía una conciencia crítica de la locura.

Para decirlo de una manera más clara, el loco es un distinto, no un enfermo, como es hoy considerado un distinto en su elección el homosexual y por eso no considerar, como hasta hace poco, la homosexualidad como una enfermedad. Para decirlo mejor diría que la integración a la cultura del concepto de diversidad nos hace a cada uno de nosotros diversos, diferentes e individuales en estructuras y elecciones. Digamos que echamos por tierra todos los conceptos de la gnoseopatía clásica psiquiátrica.

La importancia de Historia de la locura es precisamente que no se trata tanto de una historia de la locura en sí misma cuanto de una historia de las experiencias límite, esas que amenazan a la razón con hacerla aparecer abiertamente en su arbitrariedad y contingencia con respecto a aquello en relación a lo cual toma su sentido (condiciones socio-económicas, prácticas discursivas e institucionales, la misma sinrazón, en relación a la cual se define…).

Así, vemos que en el momento del Gran Encierro, la locura es una más de esas experiencias límite. Los locos son excluidos junto con el resto de las figuras de la sinrazón -el ladrón, el mendigo, la puta, el libertino- al constituir cada una de ellas una específica amenaza para los pilares fundamentales de la racionalidad moderna: el sistema económico-productivo naciente -el capitalismo-, la moral, la religión…

El saber (el conocimiento médico-psiquiátrico), para evitar los peligros de estas amenazas, no puede renunciar a objetivar cuanto incluye en el mundo de lo representado, dentro de los límites de lo que es pensable, mientras en el mismo gesto excluye al espacio social de lo abyecto aquello que no puede ser pensado o enunciado sin traspasar dichos límites, sin traspasar lo que en un tiempo y lugar determinados es dado pensar.

La medicalización del encierro culmina con la formación del primer discurso psiquiátrico moderno: el alienismo. Y el discurso médico-psiquiátrico constituye esta justificación, que consiste en decir que se recluye a los locos no como una forma de impedir sus desórdenes y mantener la paz social sino por su propio bien, esto es, como una medida terapéutica indispensable.

Así pues, es como la conciencia práctica que excluye en nombre del mantenimiento del orden social, moral y laboral y la conciencia analítica que permite un conocimiento supuestamente objetivo y objetivador de la locura. Ambos procesos convergen en la institución del encierro, y constituyen la culminación definitiva del establecimiento del encierro como terapia.

Esto nos lleva a una imagen de la mente autosuficiente que es también la imagen de la mente como algo individual, considerada como un algo indivisible y separado de la cultura, lo que sienta las bases para la internalización de la locura en el sujeto provocada por la medicalización de la locura.

michel foucault

El Hospital Borda es un ejemplo de este fenómeno. El encierro de la locura, el encierro del violador ,el chorro, el asesino, es un intento por no ver el valor social y la responsabilidad social de cada hecho y remarcar la responsabilidad individual.

El lugar de encierro en todo caso no es un ejemplo para el sufriente que está dentro de los muros , sino una advertencia para quien está fuera, diciendo allá vas a estar si no te portas como el sistema quiere que te portes, trabajá, producí, se una maquina, no goces, no te apasiones, no lleves tus sentidos al máximo, se medido.

Pareciera que Macri va en esa dirección? Que pretende destruir el poder de la psiquiatría atacando a mansalva al Borda? Definitivamente no, el neoliberalismo, es el arma más despiadada de capitalismo puro, de las defensas de una cultura arcaica y brutal, que castiga siempre la diversidad.

El ataque al Borda es el ataque del capital al derecho social de una cultura para todos sin el control social y el orden social de la psiquiatría y la política.

El ataque al Borda es la mano de la institucionalización de una psiquiatría que encontró al fármaco como el actual chaleco de fuerza, para no necesitar del encierro manicomial, para hacer iguales a los supuestamente diferentes, no alineados dentro de la mediocridad de la norma.

El fármaco además de reemplazar al hospicio tiene el valor económico que el capitalismo puro requiere. Entonces ya tenemos otro gran negocio que va desde el Clonazepan al antipsicótico que permite la sodomización del diferente, según los cánones de la norma.

Sería una locura a su vez pensar que Macri es tan inteligente y que leyó a Foucault, pero su ideología está basada en una formación represiva de acuerdo a los parámetros más arcaicos del pensamiento de utilitarismo capitalista.

Desde finales de los 60 en el hospital Borda se viene trabajando en línea con el pensamiento de Foucault, Deleuze y Guatari. En aquella época funcionaba la Peña Carlos Gardel, que fue desarticulada por las distintas dictaduras y finalmente sus integrantes muertos, exiliados o desaparecidos en la última dictadura militar, los talleres protegidos que hoy intentan ser destruidos, como la experiencia más conocida que es la radio La Colifata, son proyectos que apuntan en la dirección de la libertad y la integración del diverso para lograr una cultura más justa e igualitaria.

El ingreso de una fuerza armada al hospital Borda, no solo es una aberración si lo pensamos desde los tratamientos de esos paciente, en quienes Macri no pensó ni en un solo momento, porque nunca le interesaron. El ataque el Borda por una fuerza de ocupación es un ejemplo más de cómo el neoliberalismo atenta contra la diversidad y necesita del control social para conseguir rebaños obedientes.

La policía metropolitana creada con la mano de obra desocupada que fue despedida y sumariada de otras “fuerzas del orden”, creada por el Fino Palacios, procesado por el atentado a la AMIA y las escuchas telefónicas, es definitivamente el brazo armado del neoliberalismo que seguirá reprimiendo siempre que pueda a la protesta social, a la diversidad social.

En este caso como fuerza de ocupación, con el fin de hacer un negocio inmobiliario, atacó a los más débiles. Es más, uno podría decir que los médicos, enfermeras, psicólogos, paramédicos que fueron atacados, representan a los sectores que desean cambiar las sociedad en pos de una sociedad más justa, y que día a día trabajan para ello. Cosa que los transforman en sus enemigos ideológicos.

Pero también fueron atacados los pacientes. ¿A que idiota (utilizo la palabra en el sentido más claro de la gnoseopatía) se le puede ocurrir entrar con una fuerza de ocupación a un hospital Neuropsiquiátrico?.Solo a un facho, a una cabeza que busca el orden y el control social a través de la represión.

Me hace acordar a esas películas de ciencia ficción como Blade Runner, donde la sociedad está dividida por un lado los sujetados al orden y el control y por el otro a los miserables y marginados, que sufren las inclemencias de un poder totalitario.

Macri y lo que él representa, quieren reformatear la mente de los ciudadanos para adecuarlos al control y el orden que ellos quieren establecer. Ergo Macri necesita análisis y si es posible su analista tendría que ser un avezado conocedor de las teorías de Michel Foucault.

ATAQUE AL BORDA

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One comment

  • César

    6 mayo, 2013 at 12:45 pm

    ¡Muy bueno Jorge! Lo de Macri, en fin, sin palabras...

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