Fabricia López, viuda de José Luis “Tanguito” González, asesinado en su domicilio la noche del 12 de diciembre de 2007; Gabriela Zárate, hija de Elisa Franceschini, muerta en 2010 tras ser atacada y brutalmente golpeada para robarle su cartera. Graciela Prelat, hermana de Carlos, encontrado en octubre de 2011 herido de muerte de dos disparos en el camino colector de la ruta n°9. Un especialista diría, “los efectos colaterales” de la tragedia. El sentido común, lo definiría como los deudos de la inseguridad en Zárate, ese mal que parece no encontrar solución.

Están sentadas frente a mí y me despiertan una mezcla de admiración y ternura. Admiración porque saben que en el fondo están peleando contra los “molinos de viento” contra los que también luchara el Noble Hidalgo Don Quijote de la Mancha con el resultado conocido: la nada, y sin embrago siguen.
Ternura, porque a pesar de la tormenta están enteras y conservan un amor vigente por los que les arrebataron y se les nota en la mirada, se desnuda en el recuerdo, y hacen que José Luis, Elisa y Carlos, también estén compartiendo esta mesa.
José Luis, Elisa y Carlos son solo tres ejemplos, tres víctimas de un cáncer que amenaza con ser terminal en este rincón de la Provincia de Buenos Aires en tanto quienes tienen la función de paliarlo, todavía parecen esperar recetas milagrosas, porque ven sin ver, escuchan sin oir o se escudan en la burocrática niebla de la función pública.
“Estamos solos y esto es una ruleta rusa, le puede tocar a cualquiera y parece que a nadie le preocupa. Que a los funcionarios no les preocupa y mientras tanto seguimos con chicos baleados, robos por doquier y la violencia apareciendo a la vuelta de cada esquina”, dispara Fabricia, agregando que su lucha comenzó el mismo día que falleció su esposo en manos de un menor y en esta misma casa donde estamos ahora.
“Tenía y debía hacer algo. Intentar vencer los miedos de quienes fueron víctimas o de sus familiares, a la impunidad que suele favorecer al delincuente, que por lo general es menor de edad, y a esa invocación a los Derechos Humanos que aparece en estos casos. ¿Qué derechos humanos protegió a quién la inseguridad le pegó tan duro?”, pregunta con los ojos vivaces pero cansados.
Veintisiete son los casos que pudo certificar en Zárate en estos cuatro años de cruzada por la Justicia y la Seguridad.
“No se puede vivir en la disyuntiva de pensar que uno tiene que matar para que no le maten o agradecer que no le haya pasado nada despues de un robo, que todavía se está vivo”, se suma Gabriela y asegura, “todos sabemos que son siempre los mismos y que es gente con serios antecedentes penales. El que hirió al Dr. Santillán, por ejemplo, es uno de los que mató a mi madre”.
El odontólogo Santillán fue asaltado el 9 de mayo de 2011 en su consultorio de la calle Avellaneda y a pesar de no haberse resistido recibió un disparo en la espalda.
“Nosotros hablamos con él en una reunión y le pedimos que se uniera, que era hora de hacer algo para tratar de terminar con esta pesadilla que cada día cobra más víctimas pero nos dijo que no, que ya estaba. Sin dudas el miedo le había ganado la partida”, acota Javier Acosta, marido de Gabriela.

La política y la inseguridad
“Era de suponer que cuando empezáramos a convocar para las marchas se dijera que había un tinte político detrás”, dice Fabricia haciéndose eco de aquellos comentarios que vinculaban a los manifestantes con Daniel Vico, ” pero la realidad es que no nos interesa ser parte de ninguna fracción o partido, somos familiares de víctimas de la inseguridad no somos una amenaza para el gobierno municipal”.
Gabriela va mucho más allá y a pesar de la sonrisa amable, el dolor por su madre se le adivina: “¿ y que tendría de malo si un político se nos acerca trayendo soluciones?- pregunta- “si, justamente, principios de solución fue lo que nunca tuvimos y es verdad que Vico fue el primero que se nos acercó a colaborar pero eso no significa que se mezcle la ideología o el partidismo con algo tan sensible como la seguridad”.
La confusión o el disfraz que han querido ponerle a las marchas por parte de la dirigencia comunal obedecen, según lo consideración de la viuda de González, a la identificación partidaria de alguno de sus miembros y a diferencias que este pudo haber tenido con algún medio informativo local.
“Pero no es el caso, en este espacio no hay banderas o mejor dicho hay una sola, defender el derecho a la seguridad que es lo que criticamos del Intendente Caffaro, que nunca nos atendió y siempre fuimos derivados a su Secretario de Gobierno, Ariel Ríos, que siempre minimizó el problema y nos mintió. Da la sensación que él vive en otro Zárate”.
En el centro de este vendaval que no ha respetado ni barrios ni condiciones sociales, aparece la resignación, el acostumbramiento y el “total a mí no me pasó”, situaciones que las entrevistadas justifican sin justificar.
“Yo he vivido la sensación de marchar por la muerte de mi madre por el centro de la ciudad y que nos miren casi con desprecio, como si estuvieramos locas”, señala Gabriela.
“Pero se perdieron vidas, se destruyeron hogares aquí, no a 200 kilómetros. Aquí, en el lugar donde vivimos, entonces no entiendo la pasividad o la negación”, añade Fabricia y remarca lo difícil que es el “despues“, el retorno sin el ser querido.
“En estos cuatro años que pasaron de la muerte de José Luis, me he dado cuenta que todavía no pude hacer el duelo, ni por él ni por mi madre que falleció el día anterior a la condena del asesino. La sed de justicia me empujó a no pensar nada más que en eso y soy conciente que mis hijos me necesitan porque inclusive me lo dicen o inconscientemente tienen actitudes para llamarme la atención” .
Gabriela, madre de siete hijos, también reseña este sentimiento:” es complicado porque se involucra tanto a la familia que llegan a perderse los horizontes. En lo personal no he disfrutado plenamente del crecimiento de mis hijos y ahora de mis nietos. Hoy estoy aquí y mi hija termina de tener un bebé”.
Paradojas de la vida, el menor que mató a González está cumpliendo condena en la Unidad 21 de Campana y en la cárcel formó su propia familia y hoy tiene un hijo. “El pudo rehacer su vida pero mis hijos ya no tienen padre”, concluye Fabricia.

Lo que pasó y lo que viene
No es solamente seguridad policial lo que piden sino la incorporación de mecanismos de contención para los que quedan.
“Es necesario organismos que ayuden a las familias y si bien ya en Zárate comenzó a funcionar la oficina de Asistencia a la Víctima, cuando sucedió lo de mi marido estaba absolutamente sola- recuerda Fabricia- En esos momentos se necesita un apoyo psicológico, penal , para entender que es un expediente, como marcha una causa. Poder tramitar una pensión. El delincuente tenía automáticamente un abogado, yo no tenía a nadie.”
La última marcha del 25 de mayo pasado tuvo su perfil polémico pues se vió envuelta en cierta ausencia de los medios locales, el regreso a la acusación de “matíz político” por parte de autoridades municipales y alguna escaramuza con el personal de Gendarmería.
“Tal vez hubo algún malentendido sobre el punto hasta donde podíamos llegar, pero por otra parte, ¿que peligro podíamos representar si en una gran mayoría eramos mujeres y chicos, como mi hija de 9 años que llevaba una remera con la imagen de su padre?”, cuenta Fabricia haciendo hincapié que todo lo demás, declaraciones y actitud de los órganos de información es cuestión de ellos, aunque hace la salvedad que con estos últimos siempre han podido contar.
“Del petitorio entregado ese día aún no tuvimos respuesta y es lo que vamos a ir a buscar el día 28″, refiere Gabriela para ingresar en lo que viene.
“No es posible que hablen de Plan de Seguridad y de control a lo accesos de la ciudad y todavía no se ha hecho nada. Cuando se supo de la nueva marcha, mandaron operarios para iniciar la supuesta construcción de garitas que en el fondo, tampoco garantizan nada, como no ha asegurada nada la acción de la DPU”.
Y el jueves 28 a las 18:00 hs. será la cita, que no debería ser nada más que de familias presas del dolor por los que el delito les arrebató, tendría que ser una suerte de “despierta mentes“, porque lo sucede no es una leyenda urbana es una realidad instalada y con intenciones de quedarse.
“Por eso pedimos a los vecinos, a los comerciantes, no que marchen con nosotros sino quieren, pero que nos acompañen con palmas o cacerolas, es por el bien de todos. Es para que de una vez por todas los que tienen la obligación de cuidarnos lo hagan con seriedad”.
La caminata prevé partir de la Plaza Mitre por 19 de marzo hasta Mitre y retornar por Justa Lima hasta la plaza donde se solicitará una respuesta a lo expuesto en la movilización anterior.
“Y ojalá nos atienda el Intendente Caffaro entonces vamos a saber que realmente le preocupa lo que pasa en Zárate”, me dicen casi al unísono.
La tarde termina y empiezo a irme. Me despiden con la misma cordialidad con que me recibieron, me contaron sus desvelos y sus luchas internas, me dejaron esa sensación de admiración y ternura por la pasión en una lucha desigual aunque interiormente sepan que quizás el resultado no sea el esperado.
Jueves 28 de junio a las 18:00 hs, Plaza Mitre. Todos por la Seguridad y la Justicia en Zárate.

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