Diario de un viajeroLa película de mi memoria...

Sebastian Galarza18 octubre, 2019

Cuando me uní a la Marina tenía dos ideas en la cabeza: ser un soldado lo más rápido posible y viajar a lugares lejanos y remotos. Con esfuerzo y voluntad lo conseguí.

Iquitos era un pueblo polvoriento y exótico, perdido y recostado sobre un río, bastante aislado del mundo. Aquel país se llamaba Perú, pero el lugar parecía otro planeta. Chozas sombrías montadas sobre pilotes en un entorno verde, marrón y negro.

El sol enrojecido recordaba a una enorme bandera del Japón en permanente despliegue, siempre asomando por un lado u otro de la orilla, o cayendo vertical sobre todas las cosas y todas las plantas. El calor y el bochorno. Un calor diferente, inexorable pero vivo a la vez.

Las prostitutas morenas y carnosas acodadas en los marcos de las ventanas y los críos desnudos chapoteando en el agua turbia.

Los estibadores bajos y fornidos con la piel de cobre reluciente de sudor.

La selva del Amazonas era mi primer destino de libertad, mi primer puerto extranjero. Fue en 2004, tenía 23 años y era un simple fusilero de pelotón y operador de radio en una gran fuerza de asalto anfibio que operaba en conjunto con la Armada de los Estados Unidos. Una buena y verdadera aventura, en toda regla.

En aquel momento, la frivolidad de Iquitos me golpeó mucho menos que su fingida seriedad descarada. Toda aquella tragedia española, adornada con sensualidad criolla, hizo que Iquitos fuera irresistible.

Luego, viviendo en otros países de América Latina pude ver exactamente lo mismo: la misma hipocresía social y esa doble moral exhalada desde un cristianismo dogmático e irracional, el mismo apego por lo clandestino y por la transgresión de las normas. El mismo empeño en copiar modismos de un hemisferio norte utópico que en realidad no existe.

Ya sea que lo haya entendido bien o no, desde entonces uso la película de mi memoria para convertir ciudades reales en imaginarias, cuando se me ocurre escribir.

Eso es lo maravilloso de recordar aventuras, en mi opinión. Luego se pueden recrear o inventar desde cero auténticos mundos paralelos.

Quiero creer que también eso es literatura.

x