Crónicas de Historia RecienteDestacadosZarateño inicia campaña nacional e internacional ante hechos de violencia en La Rioja: "Necesitamos tú apoyo a favor de todo un pueblo que busca respuestas"

Carlos Riedel1 diciembre, 2019

El conductor de radio Mario Albornoz, inicio una campaña a nivel nacional e internacional en contra de violentos hechos registrados en el Departamento Famatina, provincia de La Rioja. Días atrás, comenzó con la difusión de un documento en el que da detalles de los sucesos que vivió durante los largos meses de estadía en el mencionado pueblo, ubicado en el noroeste provincial.

Según sus palabras, la idea es instar a las autoridades nacionales, provinciales y locales a trabajar de manera urgente con el fin de detener la barbarie.

“No estoy sólo en esta lucha. A pocos días de comenzar con la denuncia pública, contamos con el apoyo de organismos latinoamericanos y, en pocos días, elevaremos el mismo informe a las autoridades gubernamentales de la Nación. El segundo paso, será solicitar al Departamento Ejecutivo municipal (intendente Alberto Godoy), como así también a los concejales famatinenses, la presentación y urgente tratamiento y aprobación sobre tablas de una resolución que deberá elevarse al Ministerio de Gobierno, Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la misma provincia, en busca de que los hechos narrados más abajo, sean investigados hasta las últimas consecuencias. Es por ello que solicitamos a quienes deseen participar, ingresar a la siguiente página, donde podrán firmar virtualmente la petición. Si sumamos firmas haciendo un click, mayor será el apoyo a favor de los inocentes”, explicó.

http://www.change.org/p/organismos-p%C3%BAblicos-y-civiles-los-cuerpos-inocentes-se-pudren-en-manos-de-la-impunidad

Urgente-Asesinatos en Famatina (La Rioja)

Los cuerpos inocentes y la esperanza de un pueblo se pudren en manos del impune silencio

En Famatina, provincia de La Rioja, los perros mueren de un disparo en la cabeza. Hay abuelos de la montaña que son golpeados salvajemente. Otros son amenazados por delincuentes que creen poder actuar fuera de las leyes vigentes.

Desde mi humilde lugar, pido colaboración a cada persona y organismo civil y público que lea estas líneas. Juro ante Dios, que el siguiente relato está basado en la verdad que experimenté en los largos meses que viví en la montaña. En el que compartí espacio con estos delincuentes que impunemente oscurecen la hermosura de un pueblo con deseos de crecer.

En el viaje que realicé por todo el norte argentino visité pueblos llenos de sabiduría, bellos paisajes e historias que son dignas de ser escritas en los más destacados libros. Don Carlos Tobares y Doña Tula Ventura son abuelos jóvenes que, encariñados y sabiendo de mi situación como viajero en busca de historias, me ofrecieron solidariamente su finca.

Está ubicada en el gran valle, con la escenografía de las altas montañas, algunas con sus picos nevados, rodeada de plantaciones de nogales. Claro que la invitación me sedujo y decidí quedarme a vivir un tiempo allí. Nos transformamos en familia. Son dignos representantes del pueblo. La mayor parte de su gente es trabajadora, solidaria, respetuosa y siempre está dispuesta a dar una mano. Sin embargo, el paso de los días me demostraría que no todos llevan la misma luz en su alma. No imaginaba que la oscuridad de “unos cuatro o cinco”, era tan fuerte como los disparos que resuenan entre los cerros y que, en más de una vez, terminaron con la vida de inocentes (LEY 14.346 se establecen Penas para las Personas que Maltraten o Hagan Víctimas de Actos de Crueldad a los Animales).

El pueblo sabe todo esto. Los conoce. Saben de sus aventuras nocturnas de cuatrerismo, violencia e imposición de sus propias leyes. También saben de su pasado tan siniestro como el mismo demonio. Jamás olvidaré la sensación de impotencia que sentí el día que vi a uno de los buenos vecinos famatinenses, con la cara desfigurada, después de la violenta golpiza que uno de estos delincuentes le propinó. Al escuchar que el buen paisano le reclamaba control de sus animales que ingresaban a las huertas y otras plantaciones, según él destrozando todo, comenzó a golpearlo ferozmente y mostrándose ganador ante la familia de la víctima se retiró con sonrisa burlona. Esa misma que dibuja en su perverso rostro. Llamó a su defensor, entregó alguna vaquita para el asado de quienes defienden la barbarie y todo quedó en la nada.

Aquel día, entre llantos y dolor, las víctimas sintieron que nada podían hacer ante tanta crueldad que sospechosamente permaneció cubierta hasta ahora. Según trascendió, se habría presentado la respectiva denuncia en la comisaría local. Hasta el momento la justicia no actuó a favor de los legítimos derechos de todo un pueblo. Tampoco sucedió mucho cuando el mismo delincuente asesinó a sangre fría al perro del pobre laburante dedicado al riego de las plantaciones. Se le ocurrió un día, sacó su arma y terminó con la vida de quien no pudo defenderse.

Quienes me conocen, sabrán que no soy de los que cierran su boca o miran para otro lado cuando las cosas no están bien. Justamente me reveló ese comportamiento de estos cuatreros, asesinos y delincuentes. No contentos con mi permanencia y mis denuncias comenzaron con sus aprietes. Y como “para avisar nomás”, mataron de un disparo en la costilla a una perra, compañera de don Tobares y Doña Tula. Lo hicieron delante del abuelo pisoteando a la justicia.

Aún me duele en el alma el llanto reprimido y el hambre de Justicia en la mirada de don Tobares y doñita Tula. No pasó mucho hasta que el verdugo reconoció su crimen ante mi cara manteniendo siempre su sonrisa burlona con brillo muerto. Sentí que mis tripas se salían de lugar. A partir de allí tomé la decisión de denunciarlos públicamente. Días más tarde, se produjo la desaparición de otro perro. Esta vez, el inocente elegido por la impunidad, fue “el Negro” (foto).

Un perro que, según los que saben, tenía ochenta y cuatro años si lo comparamos con la edad humana. Lo conocí y soy un fiel testigo de su bondad y compañerismo. Cuando nos vimos por primera vez, su cola tiesa entre sus piernas y su cuerpo tembloroso, me demostraban su temor al hombre. Me enteraría después que fue rescatado de las brutales golpizas y disparos que castigan la montaña. No conformes fueron por él, otra vez. Estos matones alegan versiones tan falsas e infantiles que se podrían desmentir con facilidad en caso de una seria, urgente, minuciosa y necesaria investigación. Un inocente, anciano desdentado y casi ciego, cayó ante la crueldad de la misma persona, asociada a otras que acompañan y festejan los oscuros cometidos.

Mientras tanto, en los días actuales, el señor de “gatillo fácil” y manos rápidas para carnear los sueños ajenos siente miedo. Por primera vez, algo le dice: “gringo, la impunidad no dura para siempre”. Percibe que la tormenta caerá sobre y contra él. Comienza a sentir que un pueblo, incluso más allá de los límites de Famatina, se pone de pie y, mirándolo a los ojos, le recuerda los alcances de la ley que tanto ignoró su soberbia. Hoy busca apoyo en los pocos que lo acompañan y que deberán responder de la misma manera ante una justa condena. Caminan por las calles del pueblo pagando el mismo karma. Meten sus colas entre las piernas haciéndose los “ñatos”. Los tiempos de disparos contra animales y personas inocentes, incluyendo niños, está finalizando. Sueña que ha llegado su momento. El momento que terminará por demostrarle que hasta el más subestimado puede decir palabra que podría cambiar su destino para siempre.

Pretendo dejar constancia de los abuelos golpeados, robo de animales, armas ilegales, actividades nocturnas que inquietan la tranquilidad, perros inocentes que mueren todos los días y leyes que estos señores se empecinan en ignorar.

Pido, que este relato sea difundido con el fin de llegar a los oídos de organismos nacionales e internacionales de Derechos Humanos y de proteccionismo animal; poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial en el orden local, provincial y nacional; medios de prensa de todo el país, artistas populares, Colegios de Abogados, profesionales en redes sociales, equipos de investigación privados y públicos; Ministerio de Justicia y Seguridad de la provincia, como así también a toda persona u organismo de bien que se sume a esta lucha.

Propongo que se escuche la manifestación de quienes exigimos respuestas ante los hechos que no permiten el crecimiento de una comunidad que anhela disfrutar de la tranquilidad ausente.

Entre todos, podemos detener la barbarie ahora mismo.

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