Deporte LocalDestacadosUna historia de vida: "El fútbol, como la vida, me está dando una segunda oportunidad"

Carlos Riedel2 febrero, 2020

Gastón Rondán sintió la soga al cuello. Y no metafóricamente hablando: "Me salvó un hombre de una iglesia, Carlos Ríos. Me estuvo siguiendo durante 15 días, porque dice que Dios le había mostrado que yo iba a hacer algo malo. Y el viejito me terminó bajando del árbol", recuerda sobre aquel episodio ocurrido en 2017 en el barrio San Jacinto.

Fue un quiebre, el punto de inflexión para superar la depresión que atravesaba tras sumergirse en una complicada adicción. "Nunca fumé, nunca tomé alcohol, pero agarré la cocaína. Fue en 2007, tenía 24, 25 años. Estaba jugando y no sentí que me afectara. Para mí, en ese momento, lo manejaba. Lo hacía después de un partido o una noche en la que sabía que no había entrenamiento al día siguiente. Lo iba manejando, hasta que un día no lo manejé más. En 2016 fue terrible: dejé todo, ya no jugué más, no hice más nada. Ahí arruiné a mi familia por completo. Hasta mi hijo me vio consumiendo en el baño de casa. Me fui quedando solo. Mi mujer, mi vieja y mi hermana estaban muy mal por mí; mi hijo no me quería ver. Veía el dolor de mis hijos y no lo podía sobrellevar", explica en su relato desenfrenado para contextualizar aquel momento.

"Después de eso caí en la realidad. Y gracias a mi familia pude salir adelante. Dios me mostró lo que había perdido y que lo podía recuperar, que tenía que empezar a quererme otra vez. Empecé a ir a la iglesia, empecé a trabajar con los chicos y volví a tener ganas de entrenar", agrega, al tiempo que resalta lo importante que fue para su recuperación la Iglesia Remanente de San Jacinto, el pastor Germán Sosa y Elisabeth Padula Rosa.

Siempre, además, estuvo el fútbol en su vida. Aunque en sus peores años, dice, eso no lo ayudó. "El ser jugador de fútbol fue, para este problema, una pantalla. Una pantalla de mierda. Porque todos te ven como futbolista, mientras que por dentro, en tu casa, sos el peor", resume. Sin embargo, así como la pelota marcó su vida y fue un sueño desde muy chico, también fue una herramienta fundamental en el camino de su recuperación y en los proyectos a futuro que se le abrieron recientemente.

Gastón nació el 24 de abril de 1982 en el sector isleño, sobre el río Carabelas. "Me crié con los Firpo", recuerda el menor de tres hermanos. Después, su familia se mudó al barrio Villanueva y con su velocidad y desparpajo para jugar al fútbol se ganó la atención de Alfredo Letanú, quien lo llevó a Independiente de Avellaneda. Allí estuvo hasta los 15 años, cuando regresó a Campana y se incorporó a las divisiones juveniles de Villa Dálmine.

Por aquellos años, el Violeta intentaba acomodarse a la dura realidad de la Primera C. Y lo hacía con muchos chicos surgidos de su semillero. Así fue como a mediados del año 2000, Rondan fue promocionado al plantel de Primera División por Daniel Messina. Poco después, cuando Gustavo Gherbi había quedado al frente del equipo, llegó su debut: el 25 de noviembre ingresó por Walter Friedrich en la agónica victoria 2-1 como visitante sobre Sacachispas por la última fecha del Torneo Apertura. Su primer gol llegaría contra el mismo rival, cuatro días después de cumplir los 19 años, en el empate 3-3 de la última fecha del Clausura 2001.

A la temporada siguiente se mantuvo en el plantel, pero fue en la campaña 2002-03 cuando vivió su experiencia más fuerte en el fútbol: jugar junto a "Los Magníficos".

"Tener al lado a ídolos como Basualdo y Troglio fue increíble", apunta. Encima, a partir de la quinta fecha se metió en el equipo y tuvo participación decisiva en la conquista del Apertura 2002 ("Exploté en ese torneo", asegura). Después, el ascenso se le escapó al Violeta y todo cambió para Rondan, que ya no volvió a tener grandes oportunidades (cerró su paso por el club con un total de 49 partidos y 5 goles en su cuenta personal).

Posteriormente, estuvo seis meses en Gimnasia de Jujuy y, a su regreso, terminó recalando en Puerto Nuevo, equipo con el que cumplió también dos grandes campañas, con incursiones en los Reducidos de 2004 y 2005, dando pelea por el ascenso a la Primera C. Hasta llegó a recibir el mote de "Rondandinho" por un golazo a Defensores Unidos en Zárate en las semifinales del octogonal de 2005.

Por entonces, su relación con Luciana (con quien comparte su vida desde 2002) trajo al mundo a Lautaro. Y luego llegaría también Sebastián.

Surgieron mayores responsabilidades laborales y apareció la cumbia (formó su grupo musical), pero el fútbol siempre siguió presente y Gastón continuó dándole a la redonda en distintos clubes de las ligas de San Pedro, Zárate y Campana. Incluso, en 2012 participó del histórico título que Atlético Las Campanas consiguió en la Copa Federación Norte. Y más tarde jugó para Otamendi FC en el Torneo Federal C en 2017.

"Ahí ya estaba en las últimas", señala. La cocaína se había adueñado de su vida, apenas entrenaba y sus vínculos estaban rotos. Fue entonces cuando sintió la soga al cuello, cuando apareció Carlos Ríos y cuando se abrazó a su familia y a la Iglesia Remanente para salir adelante.

Su recuperación se concretó y ahora brinda charlas sobre adicciones. Renovó votos con Luciana, volvió a la Liga Campanense para jugar en Mega Juniors, retomó su trabajo junto a Norberto "Beto" Silvero en el fútbol infantil y hasta recibió una propuesta de tintes "profesional".

"Por cuestiones familiares, mis suegros se fueron a Merlo, San Luis, donde se acomodaron rápidamente y muy bien. Y nosotros, con mi familia, fuimos a pasar el 31 allá. Y en los días que nos quedamos, conocí el Club San Martín, que es precioso, con muy buenas instalaciones. Me puse a hablar con un profe de tenis, quien me presentó al presidente y cuando le comenté mi carrera en el fútbol, me ofreció probarme en una práctica. Gusté por mi forma de jugar y por mi forma de guiar a los chicos en la cancha. Me ofrecieron un contrato de un año y también, trabajar como Subcoordinador de las divisiones inferiores", cuenta emocionado sobre el acuerdo que, además, incluye becas para sus hijos de 14 y 10 años en la escuela que tiene la institución.

"¿Qué más puedo pedir?", pregunta con una sonrisa. "En principio, voy por un año, pero por lo que vi de la ciudad, la forma en la que se vive, las cosas que hay para hacer, y el lugar hermoso que la rodea, yo creo que no vuelvo más. El fútbol, como la vida, me está dando una segunda oportunidad. Es una segunda y última oportunidad. Con la edad que tengo, es la última. El volver a pensar en una pretemporada, en meterse de lleno en un equipo, era impensado para mí", asegura, al tiempo que expone proyectos y planes a llevar adelante en el Valle de Conlara ("Quiero organizar un Mundialito allá", se entusiasma).

El próximo 28 de febrero debe presentarse para comenzar la pretemporada. Y así anda: a las corridas, acomodando sus cosas en la ciudad, visitando amigos y compartiendo los últimos momentos antes de partir hacia la Villa de Merlo. Antes, también quiso abrir su corazón y contar su historia, con crudeza y sin reparos. Y siempre de la mano del fútbol: "El fútbol es todo para mí. Me dejó muchos amigos, mucha familia. Es parte de mi vida y me lo había arrancado yo mismo de mi vida. Fue muy importante para mí y por eso creo que Dios me da otra oportunidad, justamente, a través del fútbol".

FUENTE: La Auténtica Defensa