DestacadosMiradas hacia el pasado ZarateñoSobre la Salud de los zarateños y otras historias (Primera Parte)

Carlos Riedel12 abril, 2020

Por Arq. Silvia Irene Baccino... Zárate guarda en la memoria de la comunidad recuerdos que dan cuenta de la infatigable lucha por el cuidado de la salud en estas riberas del río Paraná de las Palmas, desde la creación del Partido en 1854 hasta las últimas décadas del Siglo XX. Esta MIRADA HACIA EL PASADO ZARATEÑO les acerca la investigación realizada sobre el tema por Silvia I. Baccino - Sergio D. Robles - María L. Sorolla, enmarcada en el proyecto denominado: COLECCIÓN NUESTRA HISTORIA - Publicaciones del Museo Histórico Quinta Jovita y el Archivo Histórico de la Municipalidad del Partido de Zárate / Estudios sobre la Historia de Zárate. Fue publicada en Noviembre de 2006 por la Editorial de los Cuatro Vientos. La referida edición, hoy totalmente agotada, contó con la colaboración de la Asociación de Amigos del Museo Histórico de Zárate y de la Fundación Hospital de Zárate. Los autores agradecen a los doctores Jorge A. Olmos y Onofre F. Desbouts y a las Señoras Orealís Fonseca, Susana Sciarreta de Terziotti y Juana Emilia Missirdjieff de Coutto.

PRESENTACIÓN

“Sacerdos in aeternum secundus ordinis Melquisedec” (Eres ungido sacerdote para siempre tal como lo fuera Melquisedec)

Sustituyendo en esta locución consagratoria sacerdote por médico y Melquisedec por Hipócrates, tenemos una caracterización excelente de esta singular profesión, casi sagrada, ejercida en el remoto pasado por shamanes, brujos y hechiceros o asociada con dioses como Apolo y Esculapio, y cuyos cultores, destinados a preservar y defender la salud y la vida, inician paradójicamente sus estudios en los anfiteatros anatómicos manipulando y disecando cuerpos exánimes e inertes, y asumen una responsabilidad ante si mismos y la sociedad que los inviste de una postura existencial, ética y profesional que los acompañará por el resto de sus días cualesquiera sean las circunstancias que los rodeen tanto en el quehacer específico de su actividad como en la cotidianidad, rodeándolos de un halo mágico de infabilidad y omnisciencia que no condice con las reales posibilidades de su saber y entender por mejor informados y preparados que puedan estar, aunque el desideratum deba ser, por cierto, perfeccionar y aumentar constantemente sus técnicas y conocimientos.

Ya Homero, en algunos versos de su Ilíada, afirma que un médico vale por mil hombres aunque en la guerra de Troya, lejos de ser profesional, el médico era un combatiente más con algunas habilidades para tratar empíricamente sobre todo heridas y traumatismos de los cuales se mencionan no menos de noventa tipos diferentes a lo largo del poema.

El irónico y escéptico James Joyce, en su novela-río Ulises, inspirada precisamente en el protagonista de la Odisea homérica, le dedica una línea a uno de sus personajes secundarios e incidentales, un facultativo, atribuyéndole la cualidad de ser humanitario, como lo son siempre y antes que nada los médicos.

Vienen al caso estas reflexiones porque me ha tocado la grata tarea de prologar el fascículo sobre LA SALUD, de los profesionales e intelectuales zarateños Silvia I. Baccino, Sergio D. Robles y María L. Sorolla, -habiendo sido las damas alumnas mías en el Colegio Nacional de Zárate-, quienes han realizado un ponderable trabajo de investigación bien redactado, ameno y bastante completo en el que se destaca muy especialmente la trayectoria personal y científica de profesionales de la salud que se han desempeñado a lo largo de casi un siglo y medio al servicio de la comunidad zarateña en consultorios particulares, empresas y centros asistenciales tanto públicos como privados, preexistentes o creados por ellos mismos para una mejor y eficiente atención, permitiéndome agregar algunas referencias a la relación personal que tuve desde 1952, año de mi graduación, con parte de los mencionados, comenzando por mi incorporación con carácter de ad-honorem al dispensario de Vías Respiratorias y Lucha antituberculosa dirigido por el Dr. José Antonio González dentro del Hospital Regional de Zárate donde, casi veinte años antes, yo había sido asistido no mucho después de su inauguración en 1930.

Después de 1955 pasó a ser Director del Dispensario el Dr. Horacio Pérez de la Torre, uno de los autores de la iniciativa fundacional del Hospital Regional, cuya salud empezó a deteriorarse a mediado de los años sesenta hasta que falleció en 1966, teniendo yo que hacerme cargo del Servicio, llamándome de inmediato la atención que nunca o casi nunca se detectaba dentro del Laboratorio central del Hospital y en las secreciones broncopulmonares de los pacientes sospechosos del bacilo de Koch, agente patógeno de la tuberculosis.

En esas condiciones, y teniendo yo contacto como discípulo con el Dr. Juan Carlos Rey, profesor titular de la cátedra de Tisioneumonología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires con sede en el Hospital Muñiz, conseguí que me concediera una pasantía para una joven estudiante de enfermería que incorporada posteriormente al laboratorio de nuestro Hospital Regional, introdujo los conocimientos adquiridos durante su aprendizaje en la Cátedra, y los diagnósticos positivos en las nuestras obtenidas por expectoración aumentaron en progresión geométrica mejorando notoriamente el diagnóstico, tratamiento, control evolutivo, detección y prevención de nuevos casos de este flagelo que sigue siendo una grave amenaza para la salud pública mundial estando asociado con la desnutrición, la pobreza y la miseria.

Me viene a la memoria también la satisfacción y el orgullo lugareño que experimeté hace unos sesenta años viviendo como estudiante en Buenos Aires al leer en un vespertino porteño que en un sanatorio de Zárate uno de sus directores, el Dr. Néstor Claudio Jeanmaire, había realizado la hazaña de extraer un cuchillo del corazón de un hombre que había tratado de suicidarse después de haber matado a balazos a su ex-novia en la vía pública.

Quiso la casualidad que cuarenta años después de ese hecho esa misma persona ingresó al Hospital Regional por otras dolencias, y como el electrocardiograma de rutina mostraba ciertas alteraciones de interpretación ambigua mantuve un rato intrigados a los médicos más jóvenes que me acompañaban hasta que les develé la incógnita narrándoles la legendaria historia del suceso.

Tal vez no debí en este prólogo haber hecho referencia a mi actuación personal, pero que viene al caso para ilustrar cómo, venciendo la inercia y la rutina tal cual lo hicieron varios de los colegas que desfilan en este merecido recordatorio, es posible mejorar y perfeccionar el bienestar, la salud y la seguridad de toda la sociedad en su conjunto, y ese ha sido, y sigue siendo, el mayor desafío para los médicos de ayer, de hoy y de siempre.

Dr. Jorge Alejandro Olmos

l.- EN LOS TIEMPOS DE LOS PRIMEROS MÉDICOS

Durante siglos la enfermedad fue considerada un desarreglo del cuerpo, cuyo equilibrio se volvía a recuperar mediante la aplicación de sangrías o la administración de determinados alimentos, hierbas, brebajes y ungüentos. Se realizaba de manera empírica ya que no se disponían de los conocimientos físico-químicos y farmacológicos, los que recién aparecerán a finales del siglo XVIII.

Existen referencias en el Antiguo Egipto, que se remontan a cinco mil años de antigüedad, sobre la utilización de diversas hierbas o sustancias como opio, cornezuelo de centeno, alumbre y bórax empleadas como analgésico-hipnótico, antihemorrágico y antiséptico, a la vez que en Mesopotamia se realizaban operaciones farmacéuticas como molienda, maceración y filtrado.

En Grecia en el siglo VII a.C. se preparaban medicamentos utilizando beleño (como sedante), cicuta y helecho macho entre otras especies ya conocidas en el Medio Oriente. Dos siglos después, Hipócrates, considerado el padre de la Medicina, señalaba dos causas principales de las enfermedades: las influencias exteriores -estaciones, temperaturas, aguas, lugares- y las influencias interiores -régimen, ejercicio-. En el siglo I Claudio Galeno, cuya experiencia médica se había basado en la atención de los gladiadores heridos, fue el primero en descubrir los músculos de la laringe. Por su parte Asclepíades, apellidado el Farmacéutico, escribió un tratado con más de 300 fórmulas y Pedanio Dioscórides describió más de 600 plantas de utilidad médica, aunque admitiendo prescripciones hoy un tanto curiosas, como por ejemplo que tragando siete chinches envueltas en la vaina de un haba desaparecía la fiebre intermitente o que las cigarras asadas curaban los padecimientos de la vejiga. (1)

Durante la Edad Media fueron los árabes quienes ampliaron los conocimientos médico- farmacológicos. Así Avicena en el siglo X escribió el Canon de Medicina, uno de los trabajos más importantes sobre aquella disciplina, que fuera utilizado en las universidades de Montpellier y Bolonia durante mucho tiempo.

Durante el Renacimiento Felipe Bombast de Hohenheim, más conocido por Paracelso (1493-1541), fue una de las figuras más relevantes en el campo de la medicina. Sin embargo los avances contra las enfermedades y epidemias que asolaban a la humanidad fueron escasos. Recién a finales del siglo XVIII el médico inglés Eduardo Jenner probó la primera vacuna -contra la viruela- y en la siguiente centuria Luis Pasteur con sus investigaciones, abrió el camino de la microbiología, posibilitando el surgimiento de nuevas vacunas y los sueros.

La preparación de estos medicamentos exigió nuevos métodos de instalaciones y con ello se inició la moderna industria farmacéutica: antipiréticos, hipnóticos, hormonas, antisépticos, vitaminas. La ampliación terapéutica de las sulfamidas por Domagk en 1935 y la de la penicilina en 1941 por Fleming y Chain iniciaron la era antibiótica, que revolucionó la historia de los medicamentos. (2)

Cuando Juan de Garay fundó Buenos Aires en 1580, destinó un sitio para Hospital, el que debía ser sostenido por el Cabildo con el dinero proveniente del noveno y medio de los diezmos. Sin embargo la obra no se llevó adelante sino después de muchos años.

Al iniciarse el siglo XVII residía en Buenos Aires el médico Francisco Bernardo Jijón cuando se desató la primera epidemia de viruelas que trajeron los integrantes de una escuadra en 1605. De aquella época data la creación del Hospital que fue puesto bajo el patronato de San Martín de Tours.

Durante los siglos XVII, XVIII y XIX la ciudad se vio asolada por epidemias periódicas de viruela y tisis en los años 1641,1652 y 1687, tifus en 1817 y 1827, escarlatina en 1833, 1836 y 1837, sarampión en 1812.

Hacia el siglo XVIII arribaron a Buenos Aires los padres betlehemitas quienes se hicieron cargo del Hospital de San Martín de Tours, que luego pasó a ser conocido por Santa Catalina, siendo éstos padres los que corrieron con el cuidado de los heridos durante la época de las invasiones inglesas.

Recién a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX comenzó una mayor preocupación por las cuestiones sanitarias por parte de la Corona, de la mano de las nuevas ideas. En 1801 el virrey del Pino creó el Protomedicato, estableciéndose las cátedras de Anatomía y Medicina a cargo del Dr. Cosme M. Argerich. En 1805 Sobremonte difundió la vacuna antivariólica descubierta por Jenner. Las enfermedades más difundidas eran la tuberculosis, tétanos, fiebre tifoidea.

Al crearse la Universidad de Buenos Aires, se estableció el departamento de Medicina, y al año siguiente la Academia de Medicina, al frente de la cual estuvo el Dr. Justo García Valdés. En ese mismo año se estableció la Escuela de parteras a cargo del médico de policía, el francés Jean A. C. Durand -padre de Carlos Durand, reconocido médico partero de la ciudad-.

Un retroceso en el campo de la enseñanza y de la ciencia se produjo tiempo después, cuando durante la dictadura de Rosas, en 1836, se dispuso que nadie podría obtener su título de abogado o médico “sin que previamente haya acreditado ante el gobierno la declaración de haber sido y ser notoriamente adicto a la causa nacional de la Federación”, razón por la cual Francisco Come Argerich, Juan A. Fernández y Juan José Montes de Oca abandonaron sus cargos. (3)

Pero en la campaña bonaerense, tanto en los tiempos coloniales como durante las primeras décadas de vida independiente, hubo una ausencia casi permanente de facultativos médicos y se careció por completo de establecimientos dedicados a la atención de los enfermos.

Aunque el impacto de las epidemias era menor en el área rural debido a la dispersión de la misma, en 1765 se desató una epidemia en el Pago de Areco y Cañada de la Cruz, teniendo entre sus víctimas más notables al vicepárroco de la iglesia de Capilla del Señor, fray José Ruiz de Bolaños, y a los dos portugueses que se decían médicos. Una nueva epidemia que asoló el pago de la Cañada de la Cruz en 1778 obligó al Cabildo de Buenos Aires a enviar a los cirujanos Antonio Sánchez y Juan Manuel Fernández para atender a los afectados. Los nombrados fueron los primeros médicos establecidos en forma permanente en la región citada. (4)

Durante la época de Rivadavia se establecieron departamentos de campaña donde debían marchar los médicos para atender las poblaciones rurales, sin embargo esta iniciativa tuvo escaso éxito debido a la resistencia de aquéllos a concurrir a los destinos señalados.

La creación del Partido de Zárate en 1854 no solucionó en lo inmediato la falta de médicos ni de centros asistenciales. La primera referencia que hasta el momento se conoce sobre la actuación de un médico con residencia en Zárate data de la década de 1860, siendo Rafael Patelani, quien en 1867 se desempeñaba como municipal encargado de la comisión sanitaria, constituida con motivo del brote de cólera en el país.

Para evitar la aparición de la enfermedad en el lugar las autoridades locales establecieron que “ante la epidemia de cólera desconocida hasta entonces en el país que ha invadido ya algunos puntos del territorio de la República causando desolación y el pánico en las poblaciones del litoral para evitar su contacto y desarrollo si por la desgracia aparecieren casos de cólera en esta población en acuerdo de la fecha se ha dispuesto lo siguiente: 1) Sujetar a visita médica policial a toda embarcación, que procedente de San Nicolás o Rosario, San Pedro y Baradero, anclare en este Puerto de Zárate, y cuya visita será pasada por el municipal Dr. Rafael Patelani...” (5) También dispuso que todo pasajero que se hubiese alojado en casa- habitación procedente de las poblaciones del norte debería ser retenido durante 24 horas con el objeto de ser revisado por el médico municipal. Las medidas se completaban con la compra de 30 fanegas de cal para el blanqueo de los frentes de las viviendas, por sus propiedades antisépticas.

Meses después, la Junta Directiva de Higiene recomendaba a la Municipalidad que para el tratamiento de la enfermedad: “la mejor medida fuera de los preceptos higiénicos que se aconsejan es procurar el establecimiento en la localidad de un facultativo recibido”. (6)

En 1869 el presidente de la República Domingo F. Sarmiento dispuso levantar el primer censo nacional de población arrojando para Zárate una población de 3764 habitantes, de los cuales dos eran médicos, el ya referido Patelani y Luis Dardanelli, y uno farmacéutico, Carlos Imperiale. Los tres profesionales ocuparon cargos municipales prestando importantes servicios en las epidemias que afectaron a la población por aquella época, especialmente la de cólera de 1870 y 1871.

Pero uno de los más graves problemas con que se enfrentaron las autoridades municipales de entonces era la falta de servicios sanitarios y buenas condiciones higiénicas de la población, que facilitaba la propagación de muchas de las enfermedades. En 1870 el Cuerpo Municipal disponía “... que todo cadáver antes de ser enterrado en el cementerio del pueblo debía ser reconocido por el médico recibido de la localidad expidiéndose certificado con la causa de defunción...”. (7) El cólera reapareció en 1885, 1886 y 1887 años en los que se produjeron una cantidad de víctimas que no ha podido determinarse. Ya actuaban entre nosotros los médicos Ramón Landibar, Felipe Casanovas Moure, Eliseo Luque y desde 1886 el joven Félix Pagola quien tuvo una relevante actuación durante aquellos luctuosos sucesos. Entretanto la Comisión de Higiene Municipal aprobó en enero de 1887 el cierre del primitivo cementerio, ubicado muy próximo al pueblo, desplazándolo a una zona más alejada. Sin embargo aquella disposición no se hizo efectiva sino un par de años después. A finales de febrero de 1895 hubo otro brote de cólera que hasta mediados de abril había causado la muerte de siete varones y siete mujeres. (8)

La ausencia de un centro asistencial público en Zárate impulsó la idea de formar una institución que propendiera al “alivio de los que sufren por falta de buena salud y recursos...” (9). El 30 de enero de 1889 un grupo de damas, reunido en asamblea en la casa de Manuel José de la Torre, constituyó la Sociedad Protectora de los Pobres, cuya primera Junta Directiva estuvo integrada por las señoras Justa Lima de Atucha, Mercedes Anchorena de Nazar y Albina A. de Castex, como presidentes honorarias; Ana María de la Torre de Pérez como presidente efectiva, y vicepresidente: Máxima Godoy Soler, secretaria: Juana González de Silvano, prosecretaria: Matilde de la Torre, tesorera: Felipa de la Torre, protesorera: Elena B. de Claverie, vocales: Marcelina de la Torre, Martina Collado de Silvano, Celina de la Torre de Otálora, Daría D. de Matteri, Dolores M. de Martínez, Juana Collado, María Luisa Badell, Rosa Lezama, Celestina G. de Balvidares, María Vázquez, Ana V. de Alais, Daría M. de Nuñez, Juana R. de Badell y Estanislada Echagüe de Andrade.

-Reunión social por los 50 años de la Sociedad Protectora de los Pobres, cuya primera presidente fue Doña Ana María de la Torre de Pérez-

La Sociedad comenzó a desarrollar una destacada obra de asistencia pública, brindando su protección a ancianos impedidos y proporcionando ropas y alimentos a los vecinos necesitados en ese entonces. Se disponía para llevar adelante tal tarea del importe de las cuotas abonadas mensualmente por sus asociados (entre los que se contaban los vecinos más caracterizados de Zárate), de las subvenciones aportadas por los gobiernos nacional, provincial y municipal, sumándose a esto el producto de festivales y rifas periódicamente organizadas por una comisión de damas y, por sobre todo, con el empuje y esfuerzo de su Junta Directiva secundada por el apoyo general de la población. A cinco años de iniciadas sus actividades, la Sociedad resolvió hacer extensivo su accionar al cuidado de la salud pública fundando el Hospital de Nuestra Señora del Carmen.

II. SOBRE LAS ANTIGUAS BOTICAS

Algunas de las medicinas para la curación de las enfermedades se elaboraban en las mismas boticas o farmacias, ya que en muchas de ellas existía un sector herborístico donde se cultivaban hierbas. El primer farmacéutico que se conoce en Zárate fue Carlos Imperiale y una de las farmacias más antiguas y recordadas, la de Juan Claverie, fundada en 1875, que luego pasó a Luis R. Dardanelli. A principios del siglo XX abrió sus puertas la farmacia de Pedro Silvetti ,-luego Oscar Molo, actualmente Marta Molo-, y para la segunda década del mismo estaban instaladas las farmacias “Social”, ubicada en las calles 19 de Marzo y Rómulo Noya, perteneciente a varias sociedades de socorros mutuos siendo su director técnico el Sr. Caroni y luego Oscar Molo, “El Pueblo” en Justa Lima y Noya, perteneciente a Arturo Desbouts (junio de 1925), “Carmelo Pastorino”, en Brown al 100, que en 1922 pasó a manos de Domingo B. Melillo, “Techera” de Pedro Techera en Justa Lima al 600, luego de José M. Galatti, “Odriozola” de Gregorio Odriozola hoy de Julio Scalese, “Polesel” del idóneo Arnoldo Polesel en Hipólito Yrigoyen esquina Roca, desde 1950 Guidi y “Villa Fox” de Carlos Trápani.

-Farmacia Silvetti en la década de 1920-

Desconocemos si alguna de éstas farmacias ofreció sanguijuelas para aliviar dolencias, pero probablemente en todas se pudo adquirir los diferentes jarabes para la tos, píldoras y tónicos estomacales como la Hesperidina, que difundió en nuestro país el norteamericano Bagley.

-Farmacia “La Social”; en el centro el Dr. Miguel Bertero. Circa 1916-

-Farmacia “Techera” cuando en ella funcionaba el Policlínico de la Industria de la Carne, en la calle Justa Lima de Atucha al 600. A la derecha el Dr. Eduardo Julio Brandt. Década de 1940-

III. CON EL PÁNICO DE LA POLIO

“La población de Zárate ha despertado del letargo en que estaba sumida ante el grave problema de la parálisis infantil, y puede afirmarse, que se levantó muy temprano, para ratificar y superar la actividad desplegada en días anteriores en su deseo de destruir en forma drástica, los posibles focos de infección, que pudieran ser la causa del terrible mal que afecta a los niños principalmente, gesto que agradece la Comisión Pro-defensa Sanitaria. Muchas son las calles que presentan el alegre aspecto de la limpieza y la blancura de la cal, prodigada abundantemente en las casas, veredas, árboles, etc. Dando la sensación de que está preparada debidamente para defenderse del ataque de un poderoso e invisible enemigo que formando la legión de la muerte, intenta descargar sobre nuestra ciudad la furia de sus despiadadas intenciones.”(10)

Con estas palabras, describía el diario El Debate en su edición del 13 de marzo de 1956, la amenaza de la poliomielitis, la última de las grandes epidemias que afectaron a nuestra comunidad, teniendo como principales víctimas a niños -preferentemente entre los 6 meses y los 15 años de edad- Cuando en 1956 la epidemia adquirió tal gravedad por la cantidad de casos registrados en Zárate,- al 10 de marzo se habían declarado 10 casos- se tomó la iniciativa de establecer un centro de rehabilitación, cuyo motor fue la Comisión Pro Defensa Sanitaria de lucha contra la Parálisis Infantil con la participación activa de toda la comunidad.

El Dr. Joaquín H. Leiva, integrante de la Comisión Nacional de la campaña contra la parálisis infantil aconsejaba la intensa divulgación de las medidas preventivas a adoptarse.

El Colegio Médico solicitaba al Ministerio de Salud Pública de la Nación el envío de gamma globulina “ya que siendo el porcentaje de morbilidad y mortandad por poliomielitis sumamente elevado en esta localidad, solicitamos se incluya a este Partido en la misma condición para la aplicación de gamma globulina que la del gran Buenos Aires”.(11)

Esta fue la última epidemia de polio en Zárate, ya que gracias al descubrimiento de una vacuna por el científico Jonás Salk (1914-1995) en abril de 1955, permitió que su aplicación posterior,-mejorada por Sabin- controlara con eficacia esta enfermedad. Por esa razón desde 1957 comenzó a aplicarse las dosis a través de las escuelas primarias hasta el 5° grado.

IV.- EL PRIMER HOSPITAL DE ZÁRATE

En la esquina de las calles Pellegrini y Agustín Álvarez un edificio centenario nos permite contar una parte de nuestra historia local. Fue el primer hospital de Zárate, construido y administrado por la Sociedad Protectora de los Pobres (disuelta en 1992) que luego pasó a ser ocupado por la Escuela Nº 29 que funciona hasta el presente.

Localizado fuera de los límites de la planta urbana del entonces pueblo de Zárate, próximo al camino general a Capilla del Señor, este primer hospital con que contó nuestra comunidad fue construido por Don Dionisio Ferrari, uno de los primeros constructores que actuó en nuestro medio y que, con el aporte de los conocimientos adquiridos en su tierra de origen fusionados con las técnicas locales, participó en la modificación de nuestro paisaje urbano.

-Hospital Nuestra Señora del Carmen, calle Pellegrini esquina Agustín Álvarez. Década de 1920-

El terreno en que se levantó el establecimiento, -1874,84 metros cuadrados-, fue donado por la Sra. María Lorea de de los Santos. Ferrari presentó el presupuesto y contrato de construcción, que fueron aceptados por unanimidad en la reunión de Junta Directiva, realizada el 12 de diciembre de 1892. De acuerdo a la documentación citada, la construcción ascendía a la cantidad de $ m/n 10.700, debiéndose entregar la misma en varios pagos según el avance de obra.

Como la Sociedad carecía de los fondos necesarios se nombraron dos comisiones encargadas de recolectar los mismos en la comunidad. Con lo recaudado en esta campaña, con el fondo social y con la colaboración del gobierno de la Provincia de Buenos Aires fue construido el edificio en el término de ocho meses, estando en condiciones de ser habilitado hacia fines de septiembre de 1892.

-Fachada sobre calle Pellegrini-

El edificio, de gran sencillez formal, presenta una imagen exterior típicamente italianizante. La fachada, simétrica con respecto a la puerta de ingreso, se halla modulada por pilastras rematadas en capiteles corintios, -hoy lamentablemente eliminados- que dividen el frente en paños centrados en las aberturas. Construido en una sola planta, el hospital se estructuraba en forma de “T” invertida contando con dos grandes salas generales, para mujeres una y la otra para hombres, y dos salas para pensionistas. Todas ellas abrían hacia una galería perimetral desde la que se podía apreciar las huertas y jardines. Su planta funcional incluía, además, una sala de operaciones y otra de curaciones generales llegando a contar con un total de treinta y dos camas de internación.

-Galería y jardín Hospital Nuestra Señora del Carmen-

El viejo Hospital no contaba con consultorios externos ni áreas de diagnóstico auxiliar y medicina preventiva, pues se tendía a aislar a los enfermos graves y la atención ambulatoria se realizaba en los consultorios médicos particulares o en los domicilios de los pacientes.

-Sala de internación del Hospital Nuestra Señora del Carmen-

El primer Director del establecimiento fue el Dr. Félix Pagola, quien cumplió con dichas tareas en forma honoraria, ya que el consultorio privado vespertino permitía a los profesionales vivir holgadamente. Al director lo secundaban un escaso número de enfermeras empíricas y mucamas junto a la colaboración de damas voluntarias.

Inaugurado oficialmente el 1º de enero de 1894, el viejo Hospital de Nuestra Señora del Carmen continuó prestando servicios por medio siglo bajo la administración de la Sociedad Protectora de los Pobres, fijándose en su Reglamento de Admisión: “... recibir a todos los enfermos pobres de solemnidad que pertenezcan al Partido... y que solicitaren a pensión sin distinción de nacionalidad, edad, sexo o religión...” (12) constituyéndose también en albergue para ancianos menesterosos, rubro que terminó siendo su dedicación exclusiva cuando, hacia la década de 1940, se levantó el nuevo edificio en el terreno vecino, que se denominó “Hogar de Ancianos”.

Desafectado de sus funciones de asistencia y asilo, el primigenio Hospital de Carmen pasó a dar cabida, en el año 1954, a la Escuela Nº 29, en principio a través de un mínimo alquiler que en forma irregular abonaba el gobierno provincial hasta que, en la década de 1980, la Sociedad Protectora de los Pobres efectuó su venta simbólica al Consejo Escolar de Zárate, transfiriéndolo ésta a la Dirección General de Escuelas.

Algo más de cien años han transcurrido desde su construcción y al igual que otros ejemplos de nuestro patrimonio arquitectónico, que se han convertido en contenedores útiles de actividades educacionales (Confitería del Progreso: Colegio Nacional de Zárate y hoy E.E.T. Nº 3; Edificio de oficinas de la Fábrica de Alcoholes de Pascual Varando: Escuela Nº 5 y ahora Escuela Media Nº 2), el edificio del viejo Hospital del Carmen sigue dando albergue a escolares y docentes. Se han realizado ampliaciones y adecuamientos funcionales, acordes a las necesidades de una matrícula escolar en crecimiento, que rescataron las características formales del cuerpo principal de la antigua construcción. El mismo ha llegado hasta nuestros días casi sin modificaciones y hoy espera su puesta en valor. El respeto a las edificaciones del ayer, no sólo de carácter monumental sino también las que constituyen expresión de lo cotidiano, es un camino válido para mostrar a las nuevas generaciones que en aquéllas y en los esfuerzos realizados por quienes nos precedieron se halla la base fundacional para la construcción de nuestra identidad.

V.- EL HOSPITAL REGIONAL

LA NECESIDAD DE UN NUEVO HOSPITAL

Desde fines del siglo XIX y durante las tres primeras décadas del siguiente, la asistencia social y el cuidado de la salud pública en Zárate era brindada a través del Hospital de Nuestra Señora del Carmen, fundado y administrado por la Sociedad Protectora de los Pobres (1894) sumándose a este establecimiento diez años después la Sala de Primeros Auxilios y Hospital La Caridad, creada el 17 de junio de 1904, donde brindaron sus servicios desinteresados los doctores Amadeo Paradelo, Manuel Sundblad, Marcos Doyen, Carlos Roldán Vergés, Justo P. Viera y Miguel Bertero entre otros.

En las primeras décadas del Siglo XX Zárate experimentó un notable crecimiento producto de la radicación de industrias, principalmente frigoríficas, y del activo intercambio comercial y portuario. Enfermedades como tuberculosis, viruela, meningitis, neumonía y gastroenteritis eran las principales causas de defunción entre la población a principios del siglo XX. A éstas debían agregarse las propias que afectaban a los menores de edad, que en muchas ocasiones revestían gravedad. Por tal razón las autoridades municipales sancionaron distintas reglamentaciones de índole sanitaria como la ordenanza 51 de octubre de 1906 que en su artículo 1º establecía que “desde los diez días de promulgada la presente ordenanza, deberá denunciarse a la Intendencia Municipal, dentro de las 24 horas de producido todo caso de viruela, sarampión, escarlatina, varisilo, tos convulsa, difteria, fiebre tifoidea, tuberculosis pulmonar y de otra enfermedad reputada como infecto contagiosas que se produzca en el Partido” (13) o el decreto de igual fecha en que se ordenaba el blanqueo de frentes e incluso del interior de los edificios urbanos a fin de prevenir la propagación de la viruela y otras enfermedades infecciosas.

Con el establecimiento de los frigoríficos y otras industrias, del Parque de Artillería y de los Regimientos 7 y 8 Zárate pasó a convertirse en una populosa ciudad con un alto porcentaje de población masculina, lo que implicó la difusión de numerosos prostíbulos y enfermedades de venéreas como la sífilis. Por tal razón un médico municipal tenía a su cargo la inspección de los prostíbulos y la revisación de las prostitutas.

Hacia 1927, la ciudad contaba con una población de 24.000 habitantes en tanto que en la zona rural los datos estadísticos hacen referencia a 11.000 habitantes. La traza urbana original se extendió en forma paralela al río, hallándose en pleno proceso de ocupación los recientemente parcelados barrios de Villa Fox, Villa Angus y Villa Massoni. En este contexto se hacia necesario contar con un nuevo centro asistencial, en lo posible de carácter regional, acorde a las necesidades de una población en continua expansión y que complementara los adelantos existentes en medicina por ese entonces. A la concreción de esta obra dedicaron sus esfuerzos el Dr. Horacio Pérez de la Torre y el diputado radical Irineo Mario Castex, autor del proyecto de dotar a Zárate de un nuevo hospital.

-Hospital Regional de Zárate. Década de 1930-

EL PROYECTO SE CONCRETA

En las primeras décadas del presente siglo, la arquitectura hospitalaria, al igual que la propia medicina, estaba influida especialmente por la escuela francesa y en particular por un proyecto denominado “hospital perfecto” o de “planta francesa”. El mismo respondía al tipo pabellonado, es decir varios edificios separados entre sí por jardines y calles, ubicados dentro de un predio extendido en superficie, que generalmente ocupaba una manzana o más. El pabellón era, entonces, la unidad funcional en estos establecimientos.

Siguiendo este modelo, el Hospital Regional de Zárate fue proyectado por la Dirección de Arquitectura y Construcción de Edificios de la Provincia de Buenos Aires, sobre la base de siete pabellones generales (destinado unos a hombres y el otro a mujeres, con capacidad para treinta y una camas) de cirugía, de maternidad, de infecciones y un pabellón de servicio formado por la cocina general del establecimiento y dependencias anexas. Una descripción del proyecto, publicado en 1927, nos dice lo siguiente: “...el tipo de edificación adoptado es sencilla, a base de muros blanqueados, piñones recortados, techo de tejas, antepechos de baldosas, tiene como motivo de decoración únicamente aquel que forma elemento útil en la construcción...”.(14)

Vale decir que en su aspecto formal fueron utilizados elementos arquitectónicos que sintetizaban en forma simple las características del movimiento neocolonial de la época. El mismo había surgido hacia 1914 cuando, como reacción frente al eclecticismo dominante en las construcciones, un grupo de arquitectos propone, desde una visión retrospectiva y americanista, la “restauración” de los valores arquitectónicos hispanoamericanos. Esta vertiente neocolonial fue oficialmente adoptada para las construcciones públicas constituyendo un ejemplo de ello en nuestra ciudad no sólo el hospital sino también los depósitos portuarios (uno de ellos demolido) construidos alrededor de 1930. La obra, ejecutada por los ingenieros Midrette y Miggone, fue financiada por el gobierno bonaerense y emplazada en un terreno donado por la Sociedad de Fomento de Villa Massoni, con visuales al río Paraná de las Palmas, delimitado por las actuales calles Félix Pagola, Paso, Avellaneda y Pavón.

-Personal del Hospital Regional de Zárate en el portal de ingreso. Circa 1970-

-Personal del Hospital en los jardines del establecimiento-

Citas

(1) Jackson W. M.: Diccionario Enciclopédico Hispano Americano de Literatura, Ciencias, Artes. Boston. Tomo VII, pg. 695.
(2) Barbero Adolfo J.: Breve reseña sobre historia de la farmacia. Mimeo.
(3) Sosa María Beatriz: “Gineconet.com” . 2002.
(4) Robles Sergio Daniel: Historia de Zárate desde sus orígenes hasta el año 2000”. De los cuatro vientos. Buenos Aires, 2005 pgs. 129 y 130.
(5) Archivo Histórico de Zárate (en adelante A.H.Z.. Libro de actas de la Municipalidad de Zárate. Año 1867.
(6) A.H. Z. Sesión del 5 de noviembre de 1867
(7) A.H.Z.: Libro de actas de la Municipalidad. Año 1870.
(8) A.H.Z.. Libro de notas de la Municipalidad de Zárate del 16 de abril de 1895, folio 177.
(9) A.H.Z. Libro de actas de la Sociedad Protectora de los Pobres. Acta constitutiva.
(10) El Debate, 13 de marzo de 1956. Año LI Nº 9483.
(11) El Debate, 21 de marzo de 1956. Año LI. Nº 9490.
(12) A.H.Z. Libro de actas de la Sociedad Protectora de los Pobres.
(13) A.H.Z. Libro de actas del H. Concejo Deliberante. Octubre de 1906
(14) Cien Ciudades Argentinas. Junio de 1927.

LOS AUTORES

Baccino Silvia Irene
Arquitecta, Planificadora Urbana y Regional. Es autora de numerosos trabajos de investigación sobre su especialidad y coautora del libro Era...una vez Zárate.

Robles Sergio Daniel
Licenciado en Historia. Autor de numerosos artículos sobre temas históricos y autor de varios libros entre ellos Sarmiento en Zárate e Historia de Zárate, desde sus orígenes hasta el año 2000.

Sorolla María Luisa
Arquitecta. Se ha especializado en Florencia (Italia) en Preservación del Patrimonio Arquitectónico. Es coautora del libro Era...una vez Zárate.

Asociación Amigos del Museo de Zárate Quinta Jovita - Ituzaingó 278 –  amigosmuseozarate@yahoo.com.ar

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