ColumnistasDestacadosPliegues para pensar una subjetividad viralizada

Jorge Collado26 septiembre, 2020
Dillon

Por Jorge Collado...

“El viajero me dijo
Que las arenas guardan
El sol que las calcina,
Que el hombre y su camino
Tienen igual medida”.

Litto Nebbia

“El niño nace con veintidós pliegues. Ha de desplegarlos. La vida del hombre estará completa entonces. Por eso se muere. Porque ya no queda ningún pliegue que desplegar. Aunque es raro que un hombre muera sin que le queden algunos pliegues por desarrollar” H. Michaux.

¿Habrá una realidad social distinta después del virus y la pandemia? ¿Las identificaciones, las series complementarias al decir de Freud, la cultura en la que estamos inmersos, el lenguaje que nos ha virilizado, los medios de comunicación que nos colonizan, la amenaza externa, el miedo, la angustia permitirán que el sujeto sobreviviente genere los cambios suficientes para vivir en un estado de mayor bienestar? Estas son las preguntas que me invitan a dialogar con las teorías de Foucault, Deleuze y Freud, y me permiten sacar algunas conclusiones momentáneas.

Deleuze dirá de este texto de Michaux que es muy cercano a Foucault. Pliegue y Despliegue resuenan en él del mismo modo. Foucault, en un afán geológico, en su devenir geólogo, topólogo, reconoce cuatro pliegues principales, en lugar de veintidós: el pliegue que constituye nuestro cuerpo, el pliegue realizado por la fuerza que se ejerce sobre sí misma en lugar de aplicarse a otras fuerzas, el plegado que constituye la verdad en relación con nosotros mismos, y finalmente el de la línea del afuera, el que constituye una “interioridad de espera”.

¿Será este enunciado pura poesía barroca? Bueno creo que no, o por lo pronto se me ocurre leer más allá de la metáfora. El primer pliegue es del cuerpo, porque somos carne, porque repetimos esos genes de los ancestros, ahí nos pliega un afuera familiar, la genética de otros nos da nuestro singular ADN constituido a partir de una herencia, a la cual no podremos renunciar. Sobre ese cuerpo, freudianamente hablando, se constituirá anaclíticamente el deseo. El pliegue del cuerpo y sobre él el despliegue del deseo.

El cuerpo empieza a ser marcado, por la fuerza que se ejerce sobre si misma a modo de represión (diríamos repliegue) o a modo catártico donde el deseo se despliega. En realidad el par antitético “pliegue-despliegue” son los polos de un continuo, por eso hablamos en términos de un movimiento entre ellos que nos da el grado de repliegue o despliegue. Está luego el plegado que constituye la verdad en relación a nosotros mismos y finalmente el ultimo pliegue para Foucault y para Deleuze, el de la línea del afuera, el que constituye una interioridad de espera al decir de Deleuze. Y este es el punto que me interesa, porque el afuera se transforma en viral. Dice Williams Burroughs, que “El lenguaje es un virus”, en ese sentido el sujeto se humaniza cuando ingresa a la cultura y la cultura y el sujeto se pliegan sobre sí, formando una misma medida.

Ahora, el pliegue especularmente también constituye y se constituye en el afuera, el pliegue es la barca y el mar. El pliegue es una identidad en contraposición con lo abismal y desconocido del universo. ¿A la vez es ese universo? Sí, definitivamente, no se es sin el otro, sin lo otro. La Barca hace al mar, tanto como el mar a la barca.

¿Para qué sirve toda esta teoría, si no es para pensar la realidad? Hay que ponerse en marcha entonces, es preciso correr riesgos. Ahora en estos tiempos de pandemia, el afuera es virulento y dañino, trae el miedo, la paranoia y más allá: la muerte. Ahora, la otredad del afuera está suspendida.

El universo del capitalismo, con sus Dios Mercado y su instrumento preciado: “el neoliberalismo”, entran en la crisis de la parada productiva. Si esta ideología reinante se pliega y despliega sobre la barca, sobre el sujeto, definitivamente su identidad está contaminada por esa otredad. Cuanto más fuerte ideológicamente es el sujeto, mayor será su repliegue y encontrará una forma de pensamiento en contraria, pero aun así conformado por la otredad. Pero cuanto más invadido por los medios y por el medio esté el sujeto, más se desplegará en el universo reinante y será conquistado, viralizado por el medio. Alguna vez el territorio estaba escindido, existía la lucha contra el imperialismo o la lucha contra la dictadura del proletariado. Ahora vivimos en el imperio, el capitalismo lo es todo y las luchas son internas. El pliegue se produjo y el muro calló.

Ahora bien, así como el universo familiar es para el niño un pliegue identificatorio, una mucosidad viscosa que el niño debe atravesar para encontrar su libertad, más allá de las contingencias edípicas, más allá de las identificaciones secundarias. El deseo de libertad y de huida, la necesidad de encontrar la subjetividad, impulsan al sujeto a ingresar en “la cultura”, en el mundo de la socialización y esa pulsión será la línea de fuga, que le permitirá atravesar la neurosis familiar y se instalará con sus identificaciones plegadas de aquel mundo infantil en otro escenario, en otra meseta. Aun así estará configurado, formateado en las identificaciones primarias.

La identidad se construye a partir de esas identificaciones y de los condicionantes externos que el sujeto debe atravesar. Hay en el devenir algo azaroso que va rompiendo el estatus quo.

La pandemia es un ejemplo que atenta contra lo establecido. Una maquinaria económica que se detiene. Difícil de matar al Sr. Capital. Algo del imperio es parte de nuestro pliegue. Eso en el orden de la conciencia. Cuando Dios Mercado ha desplegado sus navíos editoriales para que el crecimiento del estado, que va en salvaguarda de los más necesitados, sea visto como la nueva amenaza comunista. Como diría Jorge Alemán, es la hipótesis paranoica. A mi criterio con la intención que representa el argumento de defensa del mar que no quiere la migración de la barca a otra meseta donde la desterritorialización de lugar a otro universo.

En definitiva el porvenir se encargará de dejar su propia marca, de viralizar, al decir de Michel Houellebecq: “No despertaremos, después del confinamiento, en un mundo nuevo; será lo mismo, solo que un poco peor”. Nos veremos más aislados, con distancia social, con la tecnología un tanto más arraigada, con la socialización un tanto más virtual y con la nave insignia atravesando el mar que nos condiciona, nos replica en su pliegue y nos enreda a una subjetividad colonizada. Irá por cuenta del sujeto, los sujetos, lo movimientos sociales, las multitudes dispares, encontrar una línea que nos fugue a otra meseta, que nos permita salir de este territorio y acceder a otro un tanto más justo y más solidario, donde se despliegue un sujeto nuevo, quizá, esperanzadamente lo digo el “Hombre Nuevo”. Eso aún queda en el sujeto deseante.

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