ColumnistasDestacadosLa transversalidad en la política

Jorge Collado13 septiembre, 2020
Dillon

Por Jorge Collado... Cuando hablamos del concepto de "Transversalidad", nos estamos refiriendo a un concepto teórico cuyos orígenes epistemológicos se remontan a los años sesenta, y viene a la realidad conocida de la mano de pensadores como Sartre, Foucault, Derrida, Lyotard, Deleuze y Guattari. Es un producto que surge a la sombra del estructuralismo de Lévi-Strauss, del psicoanálisis, de la teoría general de sistemas, y de un incipiente constructivismo social.

El término fue elegido por Félix Guattari, (aunque Sartre fue el primero en mencionarlo), para definir desde el psicoanálisis la situación de las instituciones psiquiátricas, como sistemas o ecosistemas en los que todos sus actores, sean pacientes o asistentes, están interrelacionados por unas normas establecidas a priori. Para Félix Guattari, la transversalidad es un continuo entre todas las subjetividades existentes en una sociedad, independientemente de sus vínculos jerárquicos.

La publicación de Guattari es del año 1964 donde afirma que “La transversalidad”, está presente en toda estructura de poder, donde se conjugan numerosas dimensiones del deseo, de origen político, económico, social e histórico.

Considera que el malestar individual no puede entenderse como ajeno a las dimensiones sociales, sugiere que el fantasma de la ley del padre, aun el patriarcado son formas de regulación social establecida desde el capitalismo. Propone la idea de coeficiente de transversalidad para analizar las estructuras sociales y nosotros nos proponemos en este artículo analizar las estructuras políticas.

El pensamiento de Guattari no se propone introducir la política en el psicoanálisis, sino revelar que la política es condición previa para el funcionamiento del aparato psíquico. Guattari considera que el psicoanálisis no solo tiene relación con las coordenadas míticas y relacionales invocadas tradicionalmente, sino que también es un producto construido con los materiales del ámbito social, económico y político.

Los contenidos sociopolíticos del inconsciente también intervienen en la determinación de los objetos del deseo, fundamentalmente en los que se relacionan con el poder.

La transversalidad sería para este autor una dimensión contraria a las estructuras generadoras de jerarquización piramidal, fundamentadas en principios insoslayables de autoridad que son las habituales en la organización del poder, basadas en el poder hegemónico de la Ley de Padre. Al igual que la familia tradicional, los ejércitos, la iglesia y los partidos políticos se organizan en relación a una escala jerárquica que los atraviesa en su eje vertical, sin reconocer la auténtica estructura transversal que devuelve la autoridad humana y la libertad a cada uno de los elementos conformantes, el poder detentado por el padre.

El filósofo Gilles Deleuze, en sus trabajos con Félix Guattari, proporcionó el carácter ontológico a la transversalidad, considerándola como una distribución o circulación entre lo real y lo virtual. Es interesante contemplar cómo antes de la existencia de internet, este agudo autor comprendió el curso posible de nuestras vidas en un futuro inmediato, que es ya nuestro presente.

La Transversalidad sería una forma de oposición, de rechazo, que nos conduce a la intuición de que existe una pluralidad racional (con múltiples referencias) que se opone a la supremacía de una racionalidad única, absoluta y dogmática (teológica), heredada del cristianismo y del siglo de las luces.

Comprendida de esta forma, la transversalidad deviene entonces como una pausa intencional para tomar conciencia, un método alternativo para remirar, releer y volver a releer aquello que aparece como establecido dentro de un orden que se percibe como inmutable, pero que no lo es evidentemente.

El malentendido en términos de Freud es pensar que el padre es el dador de la ley y que este no está sometido a ella. Para decirlo en términos más gráficos, el padre le dice al hijo: vos con esta mujer no podes porque es mía. Mientras que la enunciación correcta sería vos no podes con tu madre al igual que yo no puedo con la mía. De esa forma el padre es inmanente a los hijos porque está cruzado por la misma ley.

La transversalidad permite crear una auténtica brecha, una lógica polivalente que compite con la lógica univalente tradicional, que es herencia implantada en nuestra cultura desde el maniqueísmo religioso y político, entre el bien y el mal, entre lo falso y lo verdadero, entre el poderoso y el desposeído. Desde la lógica plural, no hay necesidad de discernir entre proposiciones verdaderas o falsas, porque no es obligatorio determinar una verdad, sino transitar por el conocimiento de las cosas, por el mundo de lo posible y lo probable.

La transversalidad se enfrenta con los principios absolutos; la razón transversal no se refiere a algo establecido, sino que es un planteamiento racional dinámico, un modus operandi que se refiere más a los procesos, que a las estructuras o las funciones.

Pensar la pluralidad, exige un nuevo planteo de la razón desde la transversalidad, tanto frente al rechazo total de la misma por el relativismo más radical (máxima pluralidad), como frente a la hipótesis idealista defendida por posturas reaccionarias (unidad con el pensamiento del padre).

En relación al poder, Foucault considera que cada época histórica pone en funcionamiento mecanismos transversales específicos en su organización, para lograr disciplinar a los actores sociales en la búsqueda de la cohesión colectiva que necesita para perpetuarse.

Tras este pequeño recorrido sobre la epistemología del concepto que nos ocupa, hemos llegado al análisis del poder; hoy extraordinariamente plural en el mundo en el que vivimos.

Las soluciones a los problemas políticos actuales, no pueden provenir de la elección exclusiva entre la oferta de pocas alternativas posibles, ese modelo de funcionamiento racional bipolar es demasiado simple y solo se mantiene vigente, porque los partidos políticos convencionales permanecen anclados históricamente en el mundo maniqueo de de la verticalidad del poder y de las trascendencia de los actores en contra de la inmanencia de las bases. Donde “La Grieta”, no es más que parte del instrumento que nos ata a la verticalidad más ordinaria. Entre uno u otro se nos escapa el plural.

Ahora bien, cuando llevamos estos conceptos a la lectura de la realidad de nuestro país, nos encontramos que el partido más popular de la historia argentina, nacido de una jornada inmanentista y transversal como fue el 17 de octubre de 1945. Esa inmanencia originaria fue opacada por la estructura militar del Partido Justicialista donde la verticalidad marca una realidad trascendente. En muchas oportunidades el movimiento superó al partido y en otras tantas el verticalismo se opuso a la voluntad de las bases y esa voluntad popular fue sometida a la voluntad de dirigentes trascendentes que parados un escalón arriba de las bases ejercen un liderazgo a espalda de las mayorías.

En algunas oportunidades históricas las bases pudieron ser representadas por líderes inmanentes, como fueron las jornadas del Cordobazo, los movimientos guerrilleros de los setenta, los movimientos de desocupados de los noventa o las jornadas de diciembre del 2001, donde las bases se expresaron puras sin liderazgos políticos, cansadas de la falta de representación por parte de la clase política que solo pensaban en como cumplir las exigencias del FMI y de la superestructura (en términos de Althusser).

Fue la llegada de Néstor Kirchner quien recuperó la lectura transversal e inmanentista, quien convocó a los movimientos transversales, como los movimientos de desocupados (piqueteros), a las organizaciones de Derechos Humanos como Madres y Abuelas y quien convocó a la mayoría del espectro progresista para instalar un gobierno más fiel a la lectura transversal, una opción de poder que se enfrente a la superestructura formada por algunos grupos de poder, como los militares, derogando las leyes de impunidad y reiniciando los juicios de lesa humanidad; la Iglesia, instalando nuevos derechos individuales como el matrimonio igualitario; la patria financiera, volviendo a la jubilación de reparto, sacándole el manejo de los dineros de los ciudadanos a los AFJP, resolviendo los temas estructurales de la deuda con el FMI y el Club de París; enfrentándose a la oligarquía terrateniente con la 125; y finalmente manteniendo una disputa con los medios hegemónicos de comunicación que intentan siempre manejar la voluntad popular.

La enunciación más lúcida de Félix Guattari fue poner en manos de los políticos el concepto de Transversalidad, y su aplicación posible al crear un coeficiente de transversalidad. Cosa que los políticos trascendentes, viciados de sus necesidades de logros narcisistas, no siempre tienen el tiempo de empaparse de herramientas como estas para mejorar su relación con las bases, a las que utilizan primero y dan la espalda después.

En el análisis de ese coeficiente veremos que cuanto más se acerca el proceso democrático a la representación de las bases, es decir en el dinamismo de las acciones y cuanto más esas acciones son acompañadas por las bases populares el proceso se democratiza profundamente, en cambio cuando las acciones solo representan las necesidades narcisistas de los dirigentes en su eje vertical, más se aleja del ideal democrático.

Para explicarlo en términos gráficos tenemos un eje vertical que representa al poder trascendente y un eje horizontal que representa la base inmanente. El coeficiente de transversalidad nos permite analizar el grado que las acciones políticas se acercan a la base o contrariamente al eje vertical. Si ese coeficiente está más cerca del eje horizontal, estamos en un proceso de mayor grado de democracia, cuanto más se acerca al eje vertical estamos en un proceso de mayor tiranía.

Esto centra la dicotomía entre movimiento y partido político.

Bien, luego de la derrota electoral del Kierchnerismo en 2015, el poder giró a su eje vertical y tuvimos un gobierno más arraigado con la superestructura y alejado definitivamente de las bases. Manejando el eje más popular con su arma más poderosa que son los medios de comunicación hegemónicos, produciendo una colonización del pensamiento e intentando instalar una subjetividad neoliberal donde el emprendedurismo mata cualquier acto solidario, o de lo contrario con la represión en la calles.

El tiempo nos lleva a la súper instalación de “La Grieta” y entre ellos o nosotros se pierde el eje de las diferencias horizontales y de la verdadera democracia. El coeficiente de transversalidad se acercará más a la línea horizontal cuanto más la estructura (el gobierno) se enfrenta a los poderes facticos. Vicentín, la reforma judicial, el impuesto a la riqueza, la dura negociación con los fondos buitres, son acciones de enfrentamiento con el poder establecido y los que permiten mayor grado de transversalidad hacia la línea horizontal. Si bien el gobierno de Alberto Fernández es conciliador al momento de negociar, el solo hecho de plantear una negociación lo enfrenta al poder establecido y eso hace aumentar la transversalidad.

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