ColumnistasDestacadosLa sustancia secreta del dinero

Jorge Collado4 octubre, 2020
Dillon

Por Jorge Collado... La pandemia en Argentina ha puesto los egoísmos a la vista. Los que más tienen no pueden conjugar el verbo dar. Se habla de un aporte solidario por única vez y en lugar de abrir la billetera, cierran el esfínter. Amo la palabra solidaridad, pero si son religiosos y quieren utilizar la palabra caridad, que en todo caso viene de cariño, de amor, de estar con el otro, alcanzaría.

El hecho es que los que más tienen, tienen a su vez una relación particular con el dinero, sobre todo con el dinero guardado.

Hay quienes creen en la teoría del derrame, hay quienes creen en la lluvia de capitales, que no sean especulativos, bueno eso no va a ocurrir, el que tiene, tiene para él, para amasar fortunas sin soltar. Hace muchos años, este paciente, empresario poderoso, me vio que bajaba de mi auto, yo era joven, era un auto nuevo, lindo, de un psicoanalista que se creía casi exitoso. Su comentario fue: Ud. Es muy joven para tener ese auto, así no se trata el dinero, casi con cariño me dio un consejo: “El capital no se toca y de los intereses, solo la mitad. En aquel momento volví a leer “El carácter y el erotismo anal” de Sigmund Freud, un artículo de 1908, del cual la sociedad médica positivista del momento lo tomo con una crítica oscurantista. Los economistas neoliberales conceptualizan el dinero con la misma inocencia que la sociedad Vienesa de 1900.

Hace unos 7 años, Enlace Critico me publicó un artículo con este mismo título. En aquel tiempo había leído un artículo del economista español Gustavo Dessal. Dessal reflexionaba sobre la particularidad de como tratan al dinero las distintas personas.

“Si la economía es una ciencia imperfecta, ello se debe a la imposibilidad de contabilizar y prever el complejo número de variables que intervienen en el objeto de su estudio. Entre ellas existe una que la economía decididamente no puede fijar, aunque no desconozca la importancia de su papel: la profunda e intrincada relación subjetiva que el ser humano tiene con el dinero.
El dinero es un objeto que no se comporta del mismo modo que una molécula o una estrella. Refuta las leyes naturales, a pesar de que el neoliberalismo siga insistiendo en hacernos creer que el mercado posee una sabiduría intrínseca comparable a la de la naturaleza. En tanto símbolo fundamental de la condición humana, el dinero no solo se niega a ser completamente objetivado por la economía, la sociología y la historia en general, sino que persiste en desafiar cualquier intento de dominio. Su dinámica, en apariencia al servicio de los hombres, en verdad los gobierna, incluso a los más poderosos. La relación entre el sujeto y el dinero se caracteriza siempre por un desorden, una desproporción, una suerte de desarmonía fundamental que se convierte con mucha frecuencia en uno de los terrenos más fértiles para el crecimiento de un síntoma (neurótico). De hecho, y con independencia de su escasez o su holgura, raro es aquel sujeto que no muestre en su posición frente al dinero una parte esencial de su ser”.

Hace unos años, el filósofo italiano Vittorio Mathieu escribió un libro titulado Filosofía del dinero, y explicaba allí que el único uso posible del dinero es desprenderse de él. Paradójicamente, es negando su posesión como se afirma su existencia. Amén de lo que el individuo corriente -en particular uno desempleado- pueda pensar sobre esta deducción, no todos los economistas comparten esta lógica, que en el fondo parece basada en el más puro sentido común.

¿Para qué sirve el dinero, si no es para gastarlo? Aunque esta resultase ser la función razonable del dinero, es una respuesta a todas luces insuficiente, si tenemos en cuenta que muchas personas dedican gigantescos y a veces arriesgados esfuerzos en amasar fortunas que no podrán ser gastadas por varias generaciones, y que muchas otras viven vidas incluso miserables a pesar de poseer sumas inconcebibles.

Hace ya más de un siglo que Freud descubrió el origen secreto del valor del dinero, y la procedencia inconsciente de esta dinámica entre la acumulación y el gasto. El excremento constituye el primer objeto que ponemos en circulación en el mercado del intercambio, en este caso amoroso. Es aquello que se nos enseña a guardar (ahorrar) o depositar según las circunstancias, nuestra inicial y más preciosa posesión que -con gran pesar- debemos ceder. Es en torno a este curioso objeto que se trama el primer capítulo de nuestra ambivalencia: ceder o no ceder, esa es la cuestión que se le plantea tanto al niño como a Paolo Rocca, con la salvedad de que el empresario -a diferencia del niño- no se deja sobornar por el amor de la madre y es posible que la relación con esa madre haya sido el desprecio y el abandono a la temprana edad del control de esfínteres.

Si el saber popular ha bautizado el dinero como "el excremento del Diablo", la astucia de Lutero (a quien sus deposiciones inspiraron la Reforma, según cuentan sus biógrafos) consistió en arrebatarle el dinero al demonio y hacerlo bendecir por Dios. Con ello dio luz verde al capitalismo, que no por nada va mucho mejor con el pragmatismo protestante que con las caridades y limosnas de los católicos o el reparto del diezmo judío, los cuales aún hoy siguen avergonzándose por hacer lo mismo que los otros a pesar de sus intenciones bíblicas. Así fue el nacimiento del Dios Mercado, un Dios agarrado al dinero y respetado por todas las religiones.

Con el esfínter anal se puede obrar como con el gasto público: abrirlo o contraerlo. Del mismo modo que el erotismo anal keynesiano se opone al friedmaniano, hay quienes gozan de gastar así como otros encuentran su placer más exquisito en retener. Esto último demuestra que la idea habitual de que el dinero solo existe en función de aquello que puede comprar es absolutamente falsa. El dinero puede proporcionar un goce por sí mismo, por el mero hecho de su retención y acumulación.

Mucha gente tiene el prejuicio de que psicoanalizarse es cosa de ricos, y se equivocan. En primer lugar, porque esta idea es propia de quienes desconocen por completo la psicología del rico: los ricos no pagan, los ricos no gastan. No es que no paguen sus sesiones de psicoanálisis, es que sencillamente no pagan nada, como ejemplo mirar la declaración de impuestos de Trump, o simplemente los esfuerzos del ex presidente Macri por atesorar en paraísos fiscales o no poder blanquear la totalidad de sus capitales en una ley que el mismo promulgó. Esa es, ni más ni menos, que la posición del rico: no pagar ningún precio. Por ese motivo, resulta un contrasentido pretender que paguen más impuestos o aportes por única vez. Si lo hiciesen ya no serían ellos mismos, los ricos, aunque la fortuna siguiera saliéndoseles por las orejas. Es muy poco frecuente que un rico se psicoanalice: no suele estar dispuesto a pagar el precio que supone saber. Prefiere contratar a otros para que se encarguen del saber que él no está dispuesto a asumir.

En segundo lugar, si usted quiere saber algo de sí mismo, algo de su verdad más íntima, tendrá que estar dispuesto a ceder algo, y si no quiere saber nada, posiblemente pagará un precio bastante más caro. Es por esa razón que la terapia analítica se paga. Desde luego, el monto será variable según las posibilidades de cada uno. Un verdadero analista jamás dejará en la puerta a alguien que muestre un deseo decidido de querer saber. Pagar por ello no solo es la prueba de su compromiso, sino la metáfora de aquello de lo que debe desprenderse a fin de conquistar algo mejor para su propia vida. Alrededor de este gesto simbólico veremos desarrollarse los comportamientos más asombrosos: el sacrificio, la mezquindad, el ocultamiento, la exhibición, la generosidad. En suma: toda una amplia gama de pasiones humanas se pondrán en juego a la hora de meter la mano en el bolsillo.

"Agarrado" o "desprendido", “diarreico” o “constipado”, el sujeto siempre muestra algo de su propia intimidad cuando se refiere al dinero, y la sesión analítica es un banco de pruebas incomparable para estudiar lo que la economía no alcanzará nunca a descifrar: la sustancia secreta e impura de lo que mueve el mundo”.

Bien ahora estamos haciendo referencias a la equivalencia simbólica: “excremento = dinero”, pero no es la única equivalencia simbólica que Freud teoriza, ya que todas las equivalencias completas son: “excremento = pene = niño = regalo = dinero”.

En base a estas cuestiones, es bueno pensar los aspectos menos conocidos de las tempranas manifestaciones del desarrollo sexual en las cuales intervienen estas equivalencias, digamos que cada una de estas equivalencias corresponde a una etapa del desarrollo psicosexual diferente.

El trabajo de Freud se basa en la hipótesis, acreditada por el psicoanálisis, de que los períodos tempranos de la infancia dejan una impronta en el psiquismo. Es complicada y extensa la evolución de las funciones psíquicas hasta llegar al adulto normal, y no se produce sin alteraciones. Se conoce como disposición a la enfermedad lo que llamamos un ‘punto de fijación’ al cual continua anclado en caso de enfermedad por perturbación exterior o simplemente por su caracteropatía. Es posible, entonces, con el estudio de las fases tempranas, descubrir nuevas relaciones entre la enfermedad, el carácter y la sexualidad temprana. Cuando me refiero a caracteropatías, hago alusión a que la personalidad del sujeto es el síntoma.

Como decíamos la teoría freudiana sostiene que los conceptos excremento, dinero, regalo, niño y pene son equivalentes en las producciones inconscientes.

La teoría da cuenta del proceso mediante el cual se conforman estas equivalencias.

Además de que el contenido intestinal desempeña la función de excitar la mucosa, haciéndola sexualmente sensible, “entraña, para el infantil sujeto otras varias e importantes significaciones. El niño considera los excrementos como una parte de su cuerpo y les da la significación de un ‘primer regalo’, con el cual puede demostrar su docilidad a las personas que lo rodean o su negativa a complacerlas. Así como el llanto era el articulador en la oralidad, en esta nueva etapa anal, le da una alternativa al niño de manifestar su propio deseo y no someterse al deseo de las personas que lo rodean.

Ahora bien, no es el lugar de contar las otras equivalencias como “niño = pene”, aunque son absolutamente importante, porque a partir de esas equivalencias se logra el acceso de la niña a la femineidad y se ven los aspectos femeninos en el niño.
Pero sí podemos decir que los excrementos pasan a tener un valor de intercambio y que el niño le entrega a su madre como un regalo, ya que las heces son consideradas parte del cuerpo que el niño da en función de procurarse el amor de su madre. El dinero entra en este juego de pagar con mierda lo que queremos obtener a cambio. Amor, objetos que nos diferencien de otros para obtener amor, etc.

Dar dinero sería un acto de caridad en la medida que es el amor el que está en juego, el dinero como equivalencia simbólica de te doy algo preciado para mí porque te amo. Ahora bien si el sujeto está encerrado en su narcisismo nada de lo valioso que tenga lo podrá obsequiar, entonces la constipación le impedirá otorgar sus valores, digamos que no sin dolor.

En la constitución de la subjetividad cada persona por su fijación infantil constituye su carácter. El carácter que se constituye a partir del erotismo anal, está ligado en el mejor de los casos a la neurosis obsesiva y en el peor de los casos a la psicosis paranoica, donde la retención o la expulsión de los excrementos es el juego que produce el placer anal en los niños tempranos. El sujeto que queda fijado en esta etapa puede tener dos características distintas o la avaricia, si su fijación es anal retentiva, o el derroche diarreico, si su fijación es anal expulsiva.

Finalmente, podemos sostener que el que guarda el dinero es, al menos, un neurótico obsesivo, pero si tiene la imposibilidad de entregar por amor algo de su preciado tesoro y lo quiere todo para él y está parado en su propio narcisismo, ahí la patología es otra, es la paranoia. ¿Pero es sorprendente para los argentinos que los poderes facticos sean paranoicos? Siempre han confabulado y han ideado las patrañas más perversas, desde la desaparición de 30.000 conciudadanos, a la intervención en una guerra, hasta la invención de asesinatos, con tal de lograr que los sectores más populares no accedan al poder. Podríamos agregar a los descubrimientos de Freud que el poder también ocupa un lugar similar al del dinero, diría que también es controlado por el esfínter anal.

Entonces, la avaricia es un síntoma que caracteriza a los trastornos obsesivos compulsivos y paranoides. El que guarda dinero es el que metafóricamente retiene sus excrementos y no los entrega como bien de intercambio, el que guarda no gasta y el que no gasta es quien perjudica a la sociedad dándole un valor que el dinero en sí no debería tener, y que simplemente está signado por una subjetividad enferma.
El dinero ha sido creado para el intercambio, primero se gana en buena ley, luego se entrega a cambio de otros valores, así es la normalidad, en la primer infancia amasamos heces y las entregamos al mundo para ser queridos, quien no cumpla con la regla básica de intercambiarlo por bienes o alimentos es definitivamente un enfermo que intenta hacer valer su subjetividad narcisista por definición.

El ser humano pareciera ser la especie más capaz e inteligente del planeta, pero después de hacer el análisis que precede, saco las siguientes conclusiones: el hombre viejo pasa a ser un perro que se come su propia cola, al menos es gobernado por sus esfínteres. La repetición de actos es también una característica de la neurosis obsesiva compulsiva. Mientras el ser humano se siga comiendo su propia cola, esta sociedad está en peligro. Las personas que sufren de trastornos obsesivos compulsivos (TOC) o pensamientos persecutorios y tramas ocultas como en la psicosis paranoica, son enfermos mentales.

El dinero ha sido creado para ser gastado, no para ser guardado. Los financistas son los guardia cárceles del dinero, ergo los financistas son canallas que no cumplen la ley. Está dos veces mal ser banquero o financista, primero porque van contra la ley, segundo porque se abusan del síntoma subjetivo de los coleccionista de dinero, de esos señores que están enfermos de avaricia y ambición. Así es el hombre viejo, su opuesto es el hombre nuevo que es tremendamente solidario y sabe apartar las subjetividades en función de pensar primero en el otro y el dinero en todo caso es para dar en función de que el amor venza al odio.

El problema más grande de los ricos es que le temen a la pobreza. Aquellos a los que el dinero alguna vez nos faltó, sabemos porque hemos aprendido a vivir sin él y no es tan importante para lograr la felicidad, simplemente un medio para un fin y jamás un fin en sí mismo.

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