DestacadosMiradas hacia el pasado ZarateñoDe Escuelas, Maestros y algo más... (Primera parte)

Carlos Riedel31 mayo, 2020

Por Arq, Silvia Irene Baccino... Esta MIRADA HACIA EL PASADO ZARATEÑO les acerca un fragmento de la investigación denominada DE MAESTROS, ESCUELAS Y ALGO MÁS…, realizada por Sergio D. Robles, Silvia I. Baccino y María L. Sorolla enmarcada, en el proyecto denominado: COLECCIÓN NUESTRA HISTORIA - Publicaciones del Museo Histórico Quinta Jovita y el Archivo Histórico de la Municipalidad del Partido de Zárate / Estudios sobre la Historia de Zárate. En su versión completa fue publicada en enero de 2008 por la Editorial de los Cuatro Vientos.

RESEÑA HISTÓRICA SOBRE LA EDUCACIÓN BONAERENSE Y LOCAL

I. La educación en Buenos Aires

Durante los tiempos coloniales la educación estuvo en manos de la Iglesia. La instrucción primaria se centraba en la enseñanza de las operaciones básicas de leer, escribir y contar y la formación en los principios de la religión católica. La enseñanza se limitaba a los varones criollos o europeos, quedando excluidos los indígenas (con excepción de los que vivían en las misiones) y los esclavos.

Al momento de iniciarse el proceso revolucionario, aunque algunos de los hombres más lúcidos del mismo, como Moreno y Belgrano, trataron de impulsar la educación, sus propósitos quedaron en una simple expresión de deseos debido al rumbo del proceso político y militar.

La primera organización escolar en jurisdicción de Buenos Aires se remonta a la época en que el gobernador intendente Manuel L. Oliden designó a los preceptores Rufino Sánchez e Idelfonso Argerich para que preparasen un Reglamento para las escuelas de campaña. El Reglamento fue aprobado en 1816 estableciendo el principio de obligatoriedad escolar, encomendando a los alcaldes y curas que lo hicieran cumplir con todo rigor.

Hacia 1817 los pueblos de la campaña bonaerense que contaban con escuelas fiscales de primeras letras eran: la Villa de Luján, Morón, San Isidro, San Fernando, Chascomús y Ensenada de Barragán. En ese mismo año, el Cabildo resolvió crear el cargo de Director General de Escuelas designando para ello al canónigo Saturnino Segurola.

Constituida la provincia de Buenos Aires en 1820, durante el gobierno de Martín Rodríguez su ministro Bernardino Rivadavia impulsó -sobre la base de los modelos europeos- el sistema educativo en todos los niveles, intentando reemplazar a la Iglesia en la responsabilidad de educar. En 1821, creó la Universidad de Buenos Aires con un departamento de primeras letras que tuvo a su cargo hasta 1828 la dirección de la enseñanza primaria de la ciudad y la campaña. Pero fue la Sociedad de Beneficencia, -institución creada en enero de 1823 e integrada por damas porteñas- quien tuvo a su cargo la dirección e inspección de las escuelas de niñas.

La educación elemental se impartió en forma gratuita, al mismo tiempo que se eliminó la obligatoriedad de la enseñanza de la religión católica. En la ciudad y campaña se crearon numerosas escuelas, en los cuales se aplicó el sistema lancasteriano.

El antiguo Colegio de la Unión del Sud fue reestructurado con el nombre de Colegio de Ciencias Morales, se modernizó el plan de estudios, siendo suprimido en 1830 por falta de presupuesto. Asimismo, se intentó promover la enseñanza agrícola, para lo cual Rivadavia creó una escuela en la zona de la Recoleta. Sin embargo, aquella propuesta modernizadora, careció de continuidad debido a los acontecimientos políticos posteriores y la instalación de Rosas en el gobierno provincial a partir de 1829.

“El triunfo de Rosas significó -según Tedesco- la derrota de estos planes y la concepción utilitaria y científica quedó en manos de los opositores al gobierno que hicieron de ella uno de los puntos centrales de su programa. La escasa difusión de la enseñanza pareció, a los ojos de estos pensadores, la causa principal del fracaso de la política liberal e ilustrada que siguieron los representantes del unitarismo porteño”. (1)

Para Rosas -sostiene Newland- la instrucción llevaba a la improductividad, “especialmente de las clases humildes, empobreciéndolas al quitarles el tiempo que necesitaban para aprender empíricamente un oficio y buscar un sustento… por esa razón Rosas se oponía a la ley de obligatoriedad escolar impuesta por Rivadavia y durante su gobierno decretó que, en la campaña, las autoridades educativas no podían forzar a los padres a enviar a sus hijos a la escuela si necesitaban de su auxilio laboral para subsistir” (2)

La situación de conflicto con Francia fue aprovechada por el gobierno provincial para suprimir, en 1838, las partidas del presupuesto destinadas al sostenimiento de la enseñanza. En ese año, el presupuesto de sueldos del Departamento de Escuelas era de $ 58.520, mientras que en 1840 descendió a la simbólica cifra de $ 2300. Pedro De Angelis - consejero del gobernador- trató de justificar la medida adoptada, sosteniendo que el Estado no debía imponer métodos obligatorios, como en los tiempos de Rivadavia, ni libros de textos sino permitir a cada institución seleccionar los que considerase mejores.

Años después, en 1844, Rosas dictó un decreto por el que el Estado asumió el control sobre la educación, quitándole dicha facultad al inspector general de escuelas Saturnino Segurola, reiterando la inhabilitación de 1831, que impedía a los protestantes enseñar a niños católicos. Un nuevo decreto dictado en 1846 se ocupó del tema educativo controlando el contenido de las materias y los textos utilizados en las escuelas de modo que estuvieran de acuerdo con la óptica del Gobierno, especialmente respecto de cuestiones políticas, religiosas y geográficas. Para llevar a cabo dicha tarea se nombró a una comisión inspectora presidida por el canónigo Miguel García y cuatro vocales: Nicolás Anchorena, Lorenzo Torres, José Arenales y Miguel Rivera.

Caído Rosas del gobierno (1852), una nueva generación de hombres se volcó a la difícil tarea de construcción del Estado Nacional. La provincia de Buenos Aires enfrentada con la Confederación, se separó y se erigió en Estado independiente (1852/59), restableciendo el gobernador Valentín Alsina el Departamento de Primeras Letras, primero dependiente de la Universidad, y luego de un Inspector General. Durante aquella etapa se sancionó la Ley Orgánica de las Municipalidades (octubre de 1854) encargando a los municipios el mantenimiento y vigencia de los colegios de varones a cargo de una Comisión de Educación, mientras que las escuelas de niñas volvieron a depender de la Sociedad de Beneficencia.
Posteriormente, en febrero de 1855 el gobernador Pastor Obligado creó el Consejo de Instrucción Pública bajo la presidencia del rector de la Universidad. Pero fue a partir de la asunción de Sarmiento como jefe del Departamento de Escuelas (7 de junio de 1856) que Buenos Aires se fue convirtiendo en un centro renovador de la educación.

La batalla de Cepeda (1859) allanó el camino de la reunificación de Buenos Aires con el resto del país. Los sucesivos gobiernos nacionales pondrán su acento en la inmigración y la educación como los principales agentes de transformación en el camino de la modernización del país. (3)

En las décadas de 1870 y 1880 se sancionaron una serie de leyes de orden provincial y nacional con el objeto de establecer un sistema educativo moderno. En la provincia de Buenos Aires la ley de Educación se dictó en 1875 -cuando Sarmiento se desempeñaba como Director General de Escuelas- y a nivel nacional en 1884, cuando se sancionó ley 1420 que estableció la educación primaria, obligatoria, gratuita y laica.

Respecto a la Ley de Educación Común bonaerense que fue aprobada en 1875 ésta tiene la virtud de haberse adelantado a la nacional en casi una década reorganizando la instrucción primaria. El Reglamento general para las escuelas comunes de la provincia de Buenos Aires sancionado por el Consejo General de Educación el 4 de noviembre de 1876 establece que las escuelas comunes son de tres clases 1.- jardines de infantes o, escuelas elementales y escuelas graduadas que se asemejaba a las categorías establecidas por Sarmiento en 1860 en mixtas o infantiles, elementales y graduada o superiores. Se establece una autoridad central, el Director General de Escuelas y el Consejo General de Educación. (4)

Hasta 1878 las escuelas primarias provinciales carecieron de numeración, haciéndose obligatorio en 1882. En 1905 vuelven a ser mixtas y al año siguiente se establecen las escuelas comunes, ingresando los alumnos a los 8 años de edad.

Durante la década de 1930 se privilegió una orientación agrícola, industrial y comercial de la educación y se creó en 1936 la Dirección de Educación Física y Cultura. En 1945 se agregó el primer grado inferior con un ingreso de 6 años de edad.

En 1946, durante la gobernación de Domingo Mercante se estableció la Educación Preescolar con la creación de los jardines de infantes, a la vez que se promocionaron la creación de las escuelas técnicas y de capacitación obrera.

Su sucesor, el mayor Carlos Aloe, pretendió imprimir a la educación provincial un carácter partidista, tal como lo dejó expresado en el mensaje a la Legislatura en 1953 expresando que: “en materia de educación, el objetivo fundamental de la nación será realizar la formación moral, intelectual y física del pueblo sobre los principios básicos fundamentales de la Doctrina Nacional Peronista que tiene como finalidad suprema alcanzar la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación.” (5) Asimismo el decreto 112 del 24 de junio de 1952, creó la asignatura Educación Cívica teniendo como texto oficial el libro “La razón de mi vida” escrito por Eva Perón.

Caído el peronismo en 1955, la Revolución Libertadora designó al frente del gobierno provincial al coronel Emilio Bonecarrere quien anuló la Ley 5686 que disponía que una escuela de cada distrito debería llevar el nombre de “Eva Perón”. Tiempo después, en 1958, mediante el decreto 5719 se aprobó el Estatuto del Personal Docente.

Normalizada -temporariamente- la vida institucional del país, durante la gobernación de Oscar Alende, se celebró el Primer Congreso Pedagógico de la Provincia. Sin embargo, la discontinuidad institucional por los sucesivos golpes de Estado en 1962, 1966 y 1976 impidieron el desarrollo de una política educativa a largo alcance.

Durante la dictadura de Onganía la Universidad Argentina sufrió un grave deterioro a partir de la represión brutal conocida como “La noche de los bastones largos”, que llevó a la renuncia masiva de docentes, muchos de los cuales abandonaron el país. En jurisdicción de la Provincia de Buenos Aires se disolvió la Dirección General de Escuelas, creándose en su lugar la Dirección General de Educación y cesando en sus funciones los Consejos Escolares. Asimismo, se prohibió cualquier forma de militancia política dentro del ámbito educativo.

Durante la última dictadura militar (1976/1983) la política educativa orientó su esfuerzo en eliminar lo que consideraba la “amenaza subversiva” de las ideas de izquierda que “disgregaban nuestra sociedad”. Esta política incluyó una estricta censura que estuvo a cargo de un grupo especial encargado de controlar todo tipo de producción científica, cultural, política o artística. En concordancia con aquella política, el 29 de abril de 1976 en Córdoba, se incineraron libros en el Regimiento de Infantería Aeronáutica, tildados de “documentación perniciosa que afecta al intelecto y a nuestra manera de ser cristiana, a fin de que no pueda seguir engañando a la juventud sobre nuestro más tradicional acervo espiritual: Dios, Patria y Hogar”.

En 1977 se distribuyó en las escuelas material gráfico dirigido a los padres con hijos en edad escolar, bajo el sugestivo título “Como reconocer la infiltración marxista en las escuelas”. En el mismo se decía que: “lo primero que se puede detectar es la utilización de un determinado vocabulario que, aunque no parezca muy trascendente, tiene mucha importancia para realizar este “trasbordo ideológico que nos preocupa. Así, aparecerán frecuentemente los vocablos diálogo, burguesía, proletariado, América Latina, capitalismo…”

En ese mismo año, se dictó el decreto 3155 que prohibió la circulación de relatos infantiles como “Un elefante ocupa mucho espacio” de Elsa Bornemann. El decreto 538 de mayo de 1978 estableció para profesores y maestros la lectura y comentario obligatorio del folleto “conozcamos a nuestros enemigos” cuyo contenido fue comentado por el diario “La Prensa” en el que se expresaba: “es en la educación donde hay que actuar con claridad y energía para arrancar la raíz de la subversión”. En octubre de ese año, el Ministerio del Interior prohibió obras de Paulo Freire y en septiembre de 1980 un comunicado ministerial prohibió el uso en las escuelas de los textos de Antoine de Saint Exupery.

Con el retorno a la democracia se inició una nueva etapa para la reconstrucción de una sociedad plural. Durante la gobernación de Alejandro Armendáriz se creó nuevamente la Dirección General de Escuelas y Cultura.

A partir del año 1991 se inició un profundo proceso de transformación en la educación. El mismo implicó cambios sustanciales, tanto a nivel político como pedagógico, en lo que hace a la función del Estado en la distribución y gestión de los conocimientos socialmente valorados.

La Ley Federal de Educación (24195) y las leyes de transferencia de los servicios educativos de nivel medio y superior modificaron el contexto institucional “potenciando la fragmentación y la desarticulación dentro del sistema educativo nacional”, según sus críticos

La Provincia de Buenos Aires, dentro del marco de la Ley Federal de Educación, fue la primera en legislar una muy cuestionada norma (11612/95), impuesta “sin consenso en un contexto autoritario, con cambios realizados sin racionalidad educativa, basados en la improvisación,… el docente considerado como un objeto, no garantizó el mejoramiento de la calidad social de la educación, aumento del nivel de conflictividad, aumento de los niveles de deserción, de repitencia, inasistencias” sostenía en un documento titulado “Aportes para la reflexión” el Frente gremial docente bonaerense.

A la tradicional enseñanza primaria que comprendía 7 años de escolaridad se impuso una Educación General Básica (EGB) conformada por tres ciclos llamados EGB1, EGB2 y EGB3. Este último correspondió al año final de la antigua enseñanza primaria y al ciclo inicial de la escuela media. Una vez completados estos 10 años de escolaridad se pasaba al nivel polimodal de 3 años.

Altos índices de ausentismo relativizaron la relación que estableció la reforma entre permanencia dentro del sistema y el carácter obligatorio de esos años de escolaridad. La articulación implementada entre las EGB y las ex escuelas medias, a fin de resolver los límites que presentaba el tercer ciclo en términos de infraestructura, generó diversos problemas intra e interinstitucionales que pusieron en evidencia la escasa previsión y racionalidad técnico-política del proceso de instrumentación de la nueva estructura educativa. (7)

Los contenidos de diversas materias sufrieron un grave empobrecimiento, como el caso de la historia. Ema Cibotti en un artículo titulado “El fin de la Historia” advirtió como la escuela había perdido su capacidad fundamental de historización, que hoy es clave para afianzar un proceso democrático.

Por otra parte, señalaba que la marginación social, resultado de las políticas llevadas a cabo durante la década de 1990, con su correspondiente secuela de violencia generó una grave problemática, difícil de resolver desde el ámbito educativo. Las graves deficiencias puestas de manifiesto por este sistema, llevó a una nueva reforma que en el presente (2007) está en vías de ejecución.

Citas:

(1) TEDESCO, Juan Carlos “Educación y sociedad en la Argentina 1880-1900”. CEAL 1982, pg. 25.
(2) NEWLAND, Carlos: “La educación primaria bajo el gobierno de Rosas 1835-1852” publicado en “La Nación” el 4 de diciembre de 1988.
(3) TEDESCO, Juan Carlos, ob. cit.
(4) KATZ, Ricardo Santiago: “Historia de la educación en la provincia de Buenos Aires”. Lanús, 1996.
(5) KATZ, Ricardo Santiago, ob. cit. pg. 38.
(6) La reforma educativa en la Argentina: Reflexiones en torno al proceso de implementación del tercer Ciclo de la EGB. Conurbano Bonaerense.
(7) FRENTE GREMIAL DOCENTE BONAERENSE: "Aportes para la reflexión”.

II.

1. La instrucción en Zárate

Desde su constitución como pueblo (1827) y hasta la creación del Partido (1854), Zárate careció de escuela pública. La necesidad de contar con un establecimiento de primeras letras, motivó que el 9 de agosto de 1834 un grupo de vecinos -entre los que se encontraba el hacendado y ex juez de paz Rufino de la Torre y Haedo- presentaran un petitorio ante las autoridades en el que expresaban lo siguiente: “La población extensa y que progresivamente se aumenta del pueblo de Zárate en la jurisdicción de este partido -Exaltación de la Cruz- carece absolutamente del establecimiento de una escuela de primeras letras. Cuando se delineó este pueblo se separó en su centro media cuadra de terreno destinado para este y otros edificios públicos, y en este mismo terreno existen dos piezas de techos de paja construidas a expensas de este vecindario, las que estando actualmente sin destino, sería del agrado de este se estableciese la Escuela de primeros rudimentos. (1) La escuela propuesta por aquellos vecinos no llegó a habilitarse, ya que los tiempos de Rosas no fueron propicios para la difusión de la enseñanza pública en la campaña.

Caído Rosas y ante la inminente creación del Partido de Zárate, se autorizó la instalación de una escuela pública en el terreno asignado a uno de los sectores que comprendían las cuatro manzanas que daban a la plaza principal (en medio de la calzada de la calle 19 de marzo próximo a la escuela Nº 1). Con ese propósito, el vecindario, por iniciativa de Constancio Silvano, organizó una colecta para recaudar los fondos necesarios para su construcción. Más de setenta vecinos figuraron aportando dinero, o como el juez de paz Gregorio Quirno, haciendo donación de ladrillos provenientes del horno de su propiedad. El maestro albañil Antonio Iriarte fue el responsable de la construcción del edificio, que fue demolido hacia 1886.

Las clases se iniciaron el 23 de mayo de 1854, en una dependencia de la casa de Don Anastasio Ramos, ubicada en la calle San Martín entre Ameghino y Noya hasta tanto se completaba la construcción del citado edificio escolar. Este establecimiento fue solo de varones y estuvo a cargo del maestro Francisco Rivas. (2)

Una escuela de niñas fue habilitada el 19 de julio de 1855, corriendo a cargo de la preceptora María Zorrilla, quien fue reemplazada dos años después por Manuela Alonso.

En 1856, bajo la dirección de Francisco Rivas se abrió la Escuela Elemental de Varones con cerca de 40 alumnos. En ese año, Sarmiento desde su cargo de Jefe del Departamento General de Escuelas del Estado de Buenos Aires, visitó Zárate en el mes de abril. De su inspección, quedó en evidencia la precaria preparación intelectual de los maestros al expresar que “todos ellos iguales en ignorancia y en pretensión de saber”. Pero, para no dejar dudas sobre la opinión vertida, días después volvió a señalar que: “La instrucción primaria en cuanto a varones es un dolor vergonzoso en este Pueblo. El preceptor -se refería al maestro Diego Pombo- es nulo, irreligioso, inmoral y en conclusión diré a Ud. que todo, todos sin exceptuar uno, los vecinos se quejan amargamente… y sus hijos no sabían, ni conocen la O por redonda”. En su última nota decía que “el vecindario está muy satisfecho con la Sra. preceptora Da. María Zorrilla. Esta es aquella que en San Nicolás mereció tanto aprecio… no así, y si por el contrario el preceptor de niños; éste jamás podrá prometer cosa alguna, un solo niño sabe absolutamente nada, nada”. (3)

Alumnos del Escuela Nº 5

VI Grado Complementaria. Año 1908

En 1877 se creó la Escuela Elemental de ambos sexos ubicada en la calle Ituzaingó esquina 25 de Mayo, propiedad de Gorgonio Quiroga, con 101 niñas y 138 varones.

En noviembre de 1871, el director de Escuelas de la Provincia, Eduardo Costa, informaba al Ministro de Gobierno que Zárate sólo tenía una escuela de varones.

En 1879 funcionaban en todo el Partido tres escuelas públicas oficiales: la de varones bajo la dirección del preceptor Félix Necchi, la de niñas, a cargo de Juana González de Silvano, teniendo como ayudante a su hermana Celestina, que funcionaba en el local ubicado en la calle Victoria, (hoy Rómulo Noya) que perteneció a Constancio Silvano, ya demolido, y la rural a cargo del maestro español Florestano Andrade. Celestina González fue nombrada directora en 1883 de otra escuela que se creó y funcionó en la calle Justa Lima de Atucha, entre Rómulo Noya y Ameghino.

En 1904 se resolvió que las escuelas fueran nuevamente de varones y niñas por separado. A la escuela de varones se le asignó el Nº 1 (Ituzaingó y 25 de Mayo), estando a cargo de José Casagne, y a la de niñas el Nº 2 (Rómulo Noya y San Martín) estando dirigida por la Sra. Luisa Hernández de Guerrero.

Esta situación duró poco tiempo ya que, al año siguiente, en 1905 las escuelas volvieron a ser mixtas. En julio se fusionaron ambas escuelas, pasando a funcionar en el nuevo edificio frente a la Plaza Mitre, con la denominación de Escuela Nº 1 con dirección libre a cargo de Luisa Hernández y el ex director de la Escuela Nº 2 Eladio Carranza, quedó como maestro de 5º grado y el resto del personal en sus respectivos grados.

Alumnos de 5° Grado en el viejo edificio de la Escuela N° 1, en el año 1924

Alumnos de la Escuela Nº 1. Hacia 1930

Por aquel tiempo funcionaban además varios establecimientos educativos particulares como el Hispano Americano ubicado sobre la calle Justa Lima que dirigió Oscar Desbats, primero en la casa de Juan Ibar y desde 1888 en las instalaciones de la Sociedad Francesa, y los colegios Internacional Católico, a cargo de Eladio y Pastor Carranza, San Luis y el de la Sagrada Familia, fundado el 5 de marzo de 1906 y el Internacional Católico, en 19 de Marzo y Noya, a cargo de Eladio A. y Pastor Carranza. En éste último, por iniciativa del párroco Chacón, se proporcionaba enseñanza nocturna gratuita a los hijos de obreros y adultos pobres. (4)

25º Aniversario del Colegio Sagrada Familia. 1931

Primera promoción de la Escuela Normal Popular de Zárate (Provincial). Año 1917
De pie, de izquierda a derecha: Elvira Scornelli (Campana), Orealis Urruty, María Elena Vázquez, María L. Forgues, Emilia Fraga, Ana Cistoldi, Lucecia Zárate.
Sentadas en el centro: Directora Luisa Garibaldi de Boerr, Vicedirectora Josefa Días de Vázquez, Julia Alonso, Amanda Borrá y Celmira Domínguez

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